San Cosme y San Damián, patronos de los médicos

Milagro de los santos Cosme y Damián (c.1547) del escultor español Isidro de Villoldo. Policromada Madera. Museo de Escultura de Valladolid. Haz clic en la imagen para ampliarla.

Estos dos hermanos procedentes de Cilicia (región del sur de Anatolia) murieron mártires en el año 303, torturados, quemados y asaetados -castigos a los que sobrevivieron por intervención divina- y finalmente decapitados a golpe de espada. Sus cuerpos fueron enterrados en la ciudad siria de Ciro (Cirrhus) bajo el reinado del emperador romano Diocleciano y fue a partir del siglo V cuando se extendió su culto protector no solo a los médicos sino también a las matronas, los boticarios y los encargados de los baños.

Cuenta la leyenda que trataban a los enfermos sin cobrarles, convertiéndoles a la fe cristiana. Pero el milagro más conocido fue el de la pierna trasplantada:

Los dos santos le amputaron la pierna a un sacristán que sufrió un tumor que le produjo la necrosis completa de la extremidad. Lo hicieron mientras dormía, y se la sustituyeron por la de otro, negro, recientemente fallecido. Tras despertar pudo volver a andar sin sentir dolor.

Ha llegado a nuestros días a través de la recopilación Legenda aurea de Jacobo de Voragine del siglo XIII, teniendo una gran difusión posteriomente.

La tradición de los cristianos de venerar a sus mártires como santos se inicia en el siglo II. Las leyendas sobre curaciones milagrosas hacen que los enfermos emprendan las peregrinaciones a los lugares donde encontrar a sus santos. En el año 391, tras la adopción del cristianismo como religión del Estado, se difunden las primeras imágenes de santos a través de códices e iconos. Las reliquias adquieren gran importancia pues a través de ellas se transmite la fuerza espiritual de los santos. En la práctica, existen cerca de 600 santos a los que se atribuyen oficialmente poderes curativos.

Links:

domuspucelae; cianeas

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Nicolás Pérez

7 comentarios en “San Cosme y San Damián, patronos de los médicos

  1. Pingback: Edad Media: estoy enfermo ¿Quién me cura? (I) | franciscojaviertostado.com

  2. Esta entrada no la conocia, pues aun nosotros no nos conociamos, valga la redundancia!!!! Otra cosa que no sabía, gracias…

    • Hola Rosa,
      es por eso que los días que no publico originales me gusta recuperar y compartir estos artículos antiguos, pienso que también merecen la pena leerlos.
      Abrazos y “bon profit” con las castañas y boniatos 😉

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