El Templo de Jerusalén

El Templo de Salomón (Reconstrucción computarizada, 2010). Haz clic en la imagen para ampliarla.

Dios entregó al mundo diez medidas de belleza, se dice en el Talmud babilonio, y nueve medidas fueron para Jerusalén.

…y probablemente las nueve fueron para su Templo; Maravilla de las maravillas y receptáculo de la Alianza.

Se alzaba en la explanada del monte Moria, donde actualmente se ubican la Cúpula de la Roca y la Mezquita de Al-Aqsa. El primer Templo fue construido por el rey Salomón como único lugar de sacrificio del pueblo judío pero fue destruido por los babilonios en el año 587 a.C. El segundo Templo, mucho más modesto, se finalizó en el año 515 a.C., durante el reinado del rey persa Darío I y, posteriormente reconstruido por Herodes el Grande en el I siglo a. C., siendo destruido definitivamente por las tropas romanas del futuro emperador Tito en el año 70 a.C., tras sofocar la revuelta de los zelotes. Actualmente solo nos queda el Muro de las Lamentaciones como único vestigio de lo que fue.

Allí residía el mismo Yahvé, hogar del Dios único; era el mayor recinto sagrado en tiempos del mundo romano. Su poderosa muralla defendida por torres, abrazaba al palacio real, las mansiones, el teatro y las viviendas de 40.000 personas.

Desde lo alto del monte de los Olivos, los peregrinos provenientes de Judea, Galilea, Egipto, Babilonia, Etiopía y un sinfín de provincias, se dirigían durante alguna de las tres fiestas del año (Tabernáculos, Pentecostés y Pascua) a las puertas de la ciudad.  Tras caminar durante días y semanas por sendas polvorientas, llegaban a la ciudad santa, el centro del judaísmo.

El santuario del Templo estaba recubierto de gruesas placas de oro y mármol blanquísimo, brillantes al sol, rodeado por una muralla con nueve inmensas puertas que le dan acceso, ocho de ellas recubiertas totalmente de oro y plata, y la novena, en bronce de Corintio.

Maqueta del Segundo Templo de Jerusalén en el siglo I E.C. Haz clic en la imagen para ampliarla.

Pero el esplendor del edificio sagrado se empañaba por otro edificio situado en la cara norte del monte del Templo, la fortaleza Antonia. Su constructor, Herodes el Grande, la construyó para controlar a sus súbditos aunque en el siglo I d. C. albergaría a los soldados romanos, hecho que representaba una provocación intolerable para los judíos. Allí dentro, en una de las estancias de la fortaleza, se custodiaba un tesoro que irritaba a los judíos: las vestiduras del Sumo Sacerdote con las doce joyas más impresionantes del mundo en su pectoral, que solo serían entregadas durante las principales fiestas como una de las numerosas restricciones impuestas por los romanos al normal funcionamiento del Templo.

Un pequeño murete, con señales de advertencia situadas a intervalos, cinceladas y decoradas en rojo y escritas en griego y latín, advertían:

“Ningún extranjero pasará de esta balaustrada ni penetrará en este recinto que circunda el Templo. Aquel que sea sorprendido haciéndolo deberá culparse a sí mismo de su muerte, que se ejecutará de inmediato”.

Esta era la única ofensa por la que las autoridades judíos podían ejercer la pena de muerte, incluso sobre ciudadanos romanos, sin consultar a Roma.

Para saber más:

Novela histórica “El Escrito de Dios” (editorial, Stonberg).

Videos:

Links fotos:

Juan R. Cuadra; Johnreve

21 comentarios en “El Templo de Jerusalén

  1. Hola Francisco, gracias por compartirnos estos datos tan interesantes sobre el Templo de Jerusalem, construido, sin duda, en un sitio de poder energético, que ha pasado a otras religiones y por el que se han llevado a cabo muchas guerras. Saludos

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  9. Con los adelantos que hoy dia se tienen, aquellos arquitectos y trabajadores, harían maravillas, que harían sombra a los monumentos que recientemente se construyen. No he estado allí, por muchos motivos no me atrae, pero siempre estoy interesada sobre la historia que por mucho que se investiga, siempre quedan amplias dudas de como realmente sucedió.
    Estupendo cuanto nos aportas, una vez más… gracias.
    Un gran abrazo,

    • Hola Rosa,
      es una lástima que en la actualidad Jerusalén siga inmersa en ese conflicto que dura ya tantos años. Por otra parte no deja de ser irónico que Tierra Santa no sea un lugar de paz y recogimiento sino de violencia sin sentido.
      Abrazos

  10. Magnifica descripción de un lugar que ha fascinado y seguirá haciéndolo cuando comienzas a conocerlo. Me ha encantado que hayas personalizado a Dios, es decir, lo has llamado por su nombre Yahvé, la función que tenía y las fiestas que se realizaban.
    La contraposición de la fortaleza Antonia, símbolo del poder romano en Judea y según los judíos como una afrenta a Yahvé por querer rivalizar en poder y majestuosidad, ya que era un lugar sagrado. Tenía que haber sido asombroso, poder haber estado en el patio de los gentiles, pues hasta podríamos haber llegado. Muchas gracias por ilustrarnos y un saludo

    • Hola Juan Ramón,
      es de esos lugares en los que si nos dieran una máquina del tiempo para poder retroceder a un lugar histórico, estaría entre los primeros sin lugar a dudas por su belleza y por su trascendencia histórica.
      Saludos y gracias a ti por animarte a comentar.

  11. Qué majestuoso. Me deja sin palabras, y qué interesante lo del aspecto político, así era de importante este Templo, muchas gracias por hacernos viajar en el tiempo. Saludos.

      • Acabo de leerlo, fascinante y controversial. No importa si fueron o no, igual yo siempre “ando en la Luna” 😉
        Saludos, muchas gracias.

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