Las torturas durante la Edad Media (I)

Antes de leer este post he de advertiros que si sois un poco susceptibles al horror no lo sigáis haciéndo y optéis por otro del blog.

Todos conocemos la expresión “poner la mano en el fuego” como alguien que manifiesta su respaldo a algo o a alguien. Este enunciado proviene de la ordalía o juicio de Dios cuyo origen hay que buscarlo en las costumbres visigodas mediante la cual se determinaba, según supuestos divinos, la culpabilidad o inocencia de algo o alguien acusado de pecar. Mediante torturas causadas por el fuego o el agua, se entendía que Dios determinaba si era o no culpable si sobrevivía o no resultaba dañado.

Hacia el siglo XIII estas ordalías se reemplazaron por sistemas de juicio más complejos en los que debían de ser dos testigos oculares los que debían fundamentar la condena a no ser que fuera el mismo acusado el que confesara de forma voluntaria su acto. Las pruebas circunstanciales no se admitían aunque sí las “semiplenas pruebas”, es decir, cuando había un testigo como prueba circunstancial y por tanto, habían altas probabilidades de culpabilidad.

La confesión bajo tortura era considerada involuntaria e inválida, sin embargo la confesión posterior a la misma era la que los juristas de esa época aceptaban para condenar al sospechoso. El problema era que si se retractaba, se le volvía a torturar.

Auto de Fe. Hoguera en la Plaza Mayor de Madrid, Francisco Ricci, 1683. Haz clic en la imagen para ampliarla.

La Inquisición española encarcelaba a las personas -sin ser acusados formalmente en muchas ocasiones- permaneciendo en mazmorras llenas de insectos y roedores, comiendo pan duro con agua sucia durante semanas, meses o incluso años. Cuando llegaba la acusación era cuando los arrestados comenzaban su verdadera pesadilla.

Uno de los inductores de esta maquinaria de terror fue el papa Inocencio VII y después de la Inquisición española, vendría la Alemana, la Francesa, la Italiana y otras. Incluso el regente en Escocia, Jaime VI, utilizaría estos brutales métodos, y en América se practicaban los Juicios de Salem.

En Europa siempre se seguía una misma sistemática: el torturador explicaba al reo los daños que se le ocasionarían en el cuerpo buscando su confesión voluntaria y si no lo hacía se le desnudaba para marcarle con puntas de metal. Muchos eran los que persistían en no declararse culpables, empezando entonces la verdadera tortura mientras el sacerdote le sometía al interrogatorio y el notario anotaba todo lo dicho. Función importante del torturador era la de no matar a la víctima antes de su confesión pues de otra forma se perdería un alma. Estos “servicios prestados” por el torturador eran pagados por…¡la propia víctima o en su defecto por sus parientes!

Veamos algunas de las torturas que se realizaban (aún estáis a tiempo de dejarlo):

-El toro de Falaris: Uno de los más populares. Su origen proviene de Falaris, uno de los tiranos de Sicilia (s. VI a.C.). Su crueldad fue tal que hizo construir un enorme toro de bronce en cuyo interior introducía al condenado. Debajo encendían un fuego que a medida que calentaba al toro, asaba “literalmente” al reo. Este al no poder escapar gritaba de dolor y desde el exterior podían escuchar al toro bramar a través de dos orificios que tenía en la nariz el animal.

-La cuna: Se colocaba a la víctima sentada sobre una cuña de metal muy afilada. Su peso, unido a las cadenas y bolas que le colocaban en los tobillos, provocaba que se fuera clavando el metal hasta causarle la muerte por desangramiento o incluso amputación.

-La silla: Se le hacía sentar desnuda sobre un sillón recubierto de pinchos al rojo vivo mientras el inquisidor efectuaba el interrogatorio.

-La horquilla del hereje: Un aro de metal colocado en el cuello cuyos extremos terminaban en cuatro pinchos que, al apretarse el colgante se clavaban en la barbilla impidiendo hablar al supuesto hereje. Generalmente se utilizaban la noche anterior a quemar al preso para aumentar así más su sufrimiento.

-La sierra: A pesar de ser uno de los más crueles, muchos fueron los ajusticiados con este método, sobre todo los acusados de homosexualidad. Se colocaba al condenado en posición invertida para que la sangre descendiera al cerebro y así tardara más en perder el conocimiento mientras con una sierra le cortaban hasta el ombligo e incluso el pecho, antes de morir. Fue un método utilizado incluso en el siglo XVIII, en Cataluña, durante la Guerra de la Independencia; en la Alemania luterana para los cabecillas campesinos rebeldes y en Francia, a las brujas preñadas por Satanás.

Interrogatorio en la prisión de Alessandro Magnasco (c. 1710), pintura en la que se muestran diversos tipos de tortura. Destaca en el centro la garrucha. Haz clic en la imagen para ampliarla.

Si lees esta última línea es que has decidido -a pesar de mis advertencias- aprender cosas sobre la “tortura en la Edad Media“. Por tanto, te invito a continuar en mi próximo post… si es que te quedan ganas.

Links:

Museo de la tortura en Santillana del Mar; Tejiendoelmundo

Links fotos:

MarcusObal

37 Comentarios

  1. Esta última semana me han tenido demasiado ocupado las obligaciones profesionales y vengo aquí con cierto retraso… Espero que no decidas utilizar conmigo nada de lo que he visto, por ello. 😉
    En cuanto al post, no ha sido una tortura, en absoluto, sino todo lo contario (y prometo que no tengo nada de masoquista, al menos que yo sepa. Espero impaciente su continuación…
    Enhorabuena, Francisco Javier, con artículos así, 1.000 seguidores serán pocos…
    Un abrazo (y que la Inquisición no nos vea, no vaya a ser que alguien piense mal). 🙂

    1. Hola Francisco,
      si alguien utilizara alguno de estos métodos en la actualidad no estaría en su sano juicio, y yo no seré quien lo haga. ¡Ja, ja, ja! Pensé que alguno de los que describo son realmente retorcidos y crueles, y el solo hecho de leerlos puede crear cierta “angustia” aunque… la historia es lo que fue.
      Creo que el próximo post de mañana (continuación de éste) no te defraudará.
      Un saludo

  2. Si, la realidad es cruda y cruel, pero esto sucedió y lo más irónico es que lo hacian en el nombre de Dios. !Qué absurdo¡

  3. Excelente artículo, Francisco. El cuadro se titula “Auto de Fe en la Plaza Mayor”; creo que es de Francisco Rizzi (S. XVII). En la Plaza Mayor de Madrid era donde se hacían estos actos por aquella época, como un espectáculo moralizante para la población. Y allí se quemaban a los condenados a la hoguera. Saludos.

    1. Hola Artearq7,
      veo que te fijaste en el cuadro y no es para menos. Si ampliamos la imagen podemos distinguir en el fondo el rey Carlos II, la reina María Luisa de Orleans, y la reina-madre, Mariana de Austria. También están presentes la flor y nata de la sociedad madrileña -cuanto más cerca del monarca más rango tenían-, y en una área ocultada en el centro se ven episodios del juicio, en que se destacan las figuras de los frailes dominicos y de los acusados, mientras que los espectadores ocupan los bancos construídos para el propósito. El cuadro en sí es digno de analizar y es una muestra de lo más representativa de la sociedad madrileña en uno de los episodios más oscuros que se recuerdan.
      Un saludo y gracias por tu observación, siempre interesante.

    1. Hola Alejandra,
      antes quizás no se era tan sutil a la hora de practicar torturas pero en la actualidad se siguen efectuando y probablemente mucho más que antes. La violencia siempre crea más problemas que los que resuelve y hasta que el hombre no sea verdaderamente consciente de ello, se seguirán produciendo.
      Un abrazo

  4. Si este tema fuera solo histórico, me pondría la carne de gallina. Pero por desgracia se sigue usando. Es algo que hay que saber que existe para intentar que no se haga, pero se hace. Y no hay que irse muy lejos ¿verdad?

  5. Excelente artículo, pero me plantea una duda, da a entender que la Inquisición nació en España y, por lo que yo creia saber, no fue así sino que comenzó en Francia en la cruzada contra los cátaros ¿estoy equivocado?

    1. Hola Paulino,
      los orígenes de la Inquisición vienen del siglo XII, concretamente sería tras el regreso de los participantes en la Segunda Cruzada a Europa, hacia el año 1150, que se difundiría el catarismo por Alemania, Italia, Cataluña y Francia, concretamente en Occitania, en la región de Albi (de donde cogieron el nombre de albigenses) protegidos por algunos señores feudales vasallos de la corona de Aragón. Denunciaban la organización de la Iglesia Católica y sus sacramentos y es con ellos que se inicia este tribunal. Así pues, no estás nada equivocado y no quisiera dar a entender lo contrario con el texto.
      Saludos

  6. El señor Don Diego Sarmiento y Valladares, Inquisidor General que fue de Reinos, y honor grande del insigne Colegio de Santa Cruz de Valladolid, quien por no haber dado algunas Obras a la estampa, se hace más acreedor a que este escrito se dé noticia al mundo de su rarísima comprensión de uno y otro Derecho. El testimonio auténtico que de ella dio, siendo Colegial de dicho Colegio en la Universidad de Valladolid, fue tan extraordinario y peregrino, que no se vio hasta ahora otro igual, ni probablemente se verá jamás. El día treinta y uno de Mayo del año 1654 se expuso en Conclusiones públicas a responder a todos los Juristas y Canonistas de aquella Universidad, sobre casi todas las partes de uno y otro Derecho (comprendiendo todas las Leyes de las Partidas, las de Toro, y Nueva Recopilación) en la forma siguiente: Que siendo preguntado por el contenido de cualquiera capítulo ó número de cualquiera título de ambos Derechos, respondería dando literalmente el principio de dicho capítulo ó número, y refiriendo la especie contenida en él: asimismo, siendo preguntado inversamente por cualquiera especie contenida en uno u otro Derecho daría puntualmente la cita del capítulo ó número donde se halla dicha especie, añadiendo la prueba a ratione de la decisión; pero mejor se entenderá esto, poniendo aquí específicamente el asunto de dichas Conclusiones en la forma misma que entonces salió al público, y hoy para eterna memoria de un hecho tan singular se conserva estampado en raso liso encarnado, como lo he visto, y de donde saqué el trasunto, en la excelente Biblioteca del Colegio de Santa Cruz..

  7. Mi sueño.Iba el señor Inquisidor general Diego Sarmiento de Valladares vestido de morado con muceta y mantelete, falda larga de camelote de aguas, con sombrero de que pendían borlas y cordones, en un gallardo caballo de color bayo y cabos negros, con silla y gualdrapa, tocado de cintas y felpa
    morada con jaez y borlas correspondientes, a quien acompañaban doce lacayos con librea de
    felpa, así la tela morada, como la guarnición y los cabos.
    Iba después haciendo la guardia con cincuenta alabarderos…Y Él oliá a mirra. Su Alma está conmigo.

  8. Santo Tomás de Aquino justificó la ejecución de criminales en nada más que el temor a la muerte que frecuentemente facilita su conversión. Por supuesto, los capellanes de las prisiones pudieron atestiguar este hecho durante la época en que todavía existía la horca en Canadá, era raro ver algún condenado dirigirse al cadalso sin previamente haberse confesado con un sacerdote. Así, el castigo temporal de la muerte permitió al criminal evitar la pena eterna de la muerte, que es el infierno. De esta manera, el Estado practicaba verdadera caridad. El otorgarle la libertad, como se hace hoy bajo la pretensión del perdón, es dar al criminal la ocasión de la reincidencia en su pecado y la pérdida de su alma.
    Así, la pena de muerte constituyó menos del 1% de las sentencias pronunciadas por la Inquisición. La mayor parte del tiempo los herejes fueron condenados a portar una cruz en sus ropajes, a realizar peregrinaciones, a servir en Tierra Santa o sufrir flagelación, la cual era meramente simbólica. Algunas veces el tribunal confiscaba sus bienes o los encarcelaba. Las prisiones de la Inquisición no fueron tan terribles como se dice, éstas debieron ser más cómodas que las prisiones comunes, ya que los criminales del orden común admitían haber cometido herejías con el fin de ser transferidos a éstas. Adicionalmente, los herejes frecuentemente se beneficiaban de los indultos. En 1495 la Reina Isabel proclamó un perdón general a todos aquellos a quienes la Inquisición había condenado.

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