La Medicina en el Arte: Pintura – La Monstrua

La monstrua desnuda (1680), de Juan Carreño de Miranda. Óleo sobre lienzo (168×105 cm.) Madrid, Museo del Prado.

El cuadro:

Representa a una niña de ocho años llamada Eugenia Martínez Vallejo, conocida como La Monstrua por su hiperobesidad. Vivía en la corte como bufón de compañía de los infantes de España, dándoles confianza, cuidándolos y divirtiéndoles. Llegaban a tener a sus bufones en tanta estima que cuando llegaban a la edad adulta seguían apreciándolos como “esos amigos de la infancia” que nunca se pierden. Atila, en el siglo V, llevaba uno, y a partir de la Edad Media y el Renacimiento se popularizó la figura del bufón profesional. Todas las cortes europeas tenían múltiples bufones, elegidos entre aquellas personas que tenían algún defecto físico (jorobados, enanos…) para divertir los banquetes y fiestas que organizaban, pero lejos de pensar que era una “profesión” cruel para el bufón, ellos lo llevaban con orgullo pues los privilegios que gozaban eran envidiados por todos. Algunos reyes los tenían por consejeros y en ocasiones decían y hacían lo que les venía en gana llevados por su humor sin tener en cuenta las consecuencias, incluso podían decir grandes verdades o demostrar la hipocresía del mismo rey sin sufrir castigo alguno.

El autor y su cuadro:

Uno de los favoritos del rey, Juan Carreño de Miranda (1614-1685). Pintor en la Corte española de Felipe IV y Carlos II. Pertenecía a una familia aristocrática de Avilés y fue nombrado en septiembre de 1669 Pintor del Rey, retratando la vida en la Corte como pocos lo hacían en su época.

La pintura que nos ocupa pertenece al Barroco, en una época colorista y sensual en la que lo extraño y pintoresco era muy apreciado. Es un retrato austero pero solemne, que representa a la niña rodeada de racimos de uva haciendo clara referencia al dios de la mitología clásica, Baco.

Perteneció a la Escuela Española del Siglo de Oro, siendo influido por Tiziano, Van Dyck, Rubens y sobre todo el genial Velázquez del que fue amigo y protegido.

Según se cuenta, rechazó la dignidad de Caballero de la Orden de Santiago diciendo:

La pintura no precisa honores. Puede darlos al mundo entero.

Dejó un legado interminable de retratos de los que buena muestra de ellos podemos encontrarlos en el Museo del Prado y en el Museo de Bellas Artes de Asturias (os dejo sus links al final del post).

La enfermedad:

Evidentemente lo primero a destacar es la obesidad de la niña, pero si nos fijamos en su cara podemos comprobar que es redonda, roja y llena, pero no por haber bebido vino sino que es la típica cara conocida de “luna llena”, motivada por una enfermedad producida por una elevación del cortisol, una hormona producida en las glándulas córtico-suprarrenales.

Otras manifestaciones clínicas que podemos encontrar en esta enfermedad son: acné, joroba de búfalo (por la acumulación de grasa en los hombros), amenorrea (cese de menstruación en las mujeres), debilidad, diabetes, fracturas por osteoporosis, hipertensión arterial, cálculos renales, debilidad, impotencia, hematomas en la piel debido a su adelgazamiento…

Como en todos los cuadros que representan alguna enfermedad, solo podemos elucubrar sobre la causa exacta que la produce. Este aumento de cortisol podría deberse a una estimulación de la corteza suprarrenal por parte de la hipófisis anterior o por un problema de la propia glándula suprarrenal como un tumor (hiperplasia, adenoma o cáncer).

Juan Carreño quiso mostrarnos a Eugenia Martínez también vestida. En el cuadro de abajo lo podemos comprobar.

La monstrua vestida. Óleo sobre lienzo (165 cm x 107 cm). Museo del Prado.

En el casco antiguo de Avilés (España) se encuentra una escultura en bronce basada en estos cuadros. En ella vemos representada a La Monstrua y sigue siendo una de las más fotografiadas de la ciudad. Aquí os dejo un enlace a la misma flickr.

Para saber más:

X. Sierra Valentí, Medicina y enfermedad en el arte barroco. Actas Dermosifiliogr. 2007; 98:570-4.

Otras obras de J. Carreño de Miranda

Museo del Prado (I)  Museo del Prado (II)

Museo de Bellas Artes de Asturias

Hipercorticismo

33 comentarios en “La Medicina en el Arte: Pintura – La Monstrua

  1. Muy interesante artículo Francisco, estoy aprendiendo tanto de arte como de historia en tu blog. Lo que si me parece un poco feo, por parte de las gentes de aquella época, es que llamasen “Monstruo” a una pequeña que dudo fuese responsable de su problema. Además,en estos días en los que la obesidad se ha vuelto una pandemia, esta chica no resaltaría mucho. Gracias y un saludo.

    • Hola Jesús,
      eran otros tiempos… Muchos de estos bufones eran considerados unos privilegiados ya que no les faltaba el plato de comida, ni el vestido, ni la casa (muchos vivían en la propia corte). Todo depende de la perspectiva con la que se mire.
      Un saludo

      • Lo entiendo perfectamente Francisco, soy el primero en promover el estudio de la historia desde la perspectiva de cada época, pero aún así se me hace algo feo…;)

    • En aquellas épocas no se andaban con chiquitas para ponerle motes a la gente. Y justo yo quería comentar lo mismo que tú: lo que parecía algo anormal en ese momento de la historia te lo encuentras de a montones en cualquier calle de una ciudad europea y sobre todo en los EEUU.

  2. Cada época tiene su qué, pero pobrecita sería ahora, en su tiempo era una bendición quizas y es verdad ahora no resaltaría mucho en nuestra sociedad.
    Besitos

    • Hola Esther,
      hacía tiempo que esperaba un comentario tuyo -dado que eres de las primeras personas que se animaron a hacerlo- y veo que hoy volvemos a contar contigo, gracias.
      Pues sí, Mª Eugenia hoy no destacaría más que cualquier otra persona obesa. Sobre todo en aquellos países “desarrollados” en los que prácticamente la mitad de la población tiene un índice de masa corporal con sobrepeso (EE.UU. por nombrar uno). Al menos a ella le sirvió para codearse con la realeza.
      Un beso también para ti.

  3. Muy buena tu descripción del cuadro. En las cortes de aquellos siglos, tenían personas amorfas o con cualquier defecto, creían que les daba suerte.

    Aquí, actualmente, aunque no demuestren defectos corporales, sí tenemos muchos monstruos que con descaro gobiernan. Y no quiero alargarme más, sólo como siempre, buenos días y gracias mil.

  4. Hola Francisco Javier.

    No pude, me fue imposible tanto por problemas técnicos como de tiempo, poder comentar en tu entrada anterior de la Guerra de Sucesión. Pero dado que lo que iba a comentar no tenía que ver con la guerra en sí, y sigues en la corte de Carlos II, uno este comentario en los dos.

    Te tengo que agradecer como cómo vas a facilitar mis clases este curso 🙂 Con la entrada anterior supe al fin cual era el problema físico de Carlos II. No sabía el nombre del síndrome de Klinefelter (aunque sabía que existe algo así y sus variantes) pero no que este fuese el problema específico de Carlos II. El problema que explica su retraso físico: por los datos que saco de mi memoria, Carlos II no caminó hasta los cuatro años, edad en que empezaron a salirle los dientes de leche. También su retraso mental y su esterilidad. Hoy, cuando muestras los retratos de Carreño de Miranda de Carlos II en clase, las caras de los alumnos cambian pero también aparecen risas crueles.

    En cuanto al caso de “La monstrua” también podré decir los que le pasaba a la pobre niña, no decir simplemente que lo que tenía era “una enfermedad”, dado que en esa época poca gente del pueblo estaba gorda, ser gordo era un privilegio de ricos.

    No sé si has tratado en el blog el caso de la Casa de Austria en España, no la rama austriaca. A mí siempre me ha intrigado una familia que con una endogamia casi incestuosa su único vástago que parecía ser resultado de esa endogamia fuera Carlos II. Pero no sé si el Síndrome de Klinefelter tiene que ver con la endogamia, estuve mirando la web y parece no ser así.

    Te paso unos datos, perdona el rollo 🙂

    Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, los Reyes Católicas, eran primos en 2º grado o en 3º (el dato concreto tendría que mirarlo y hay que tener en cuenta que la madre de Fernando, Juana Enríquez no pertenecía a ninguna casa real con lo que aportó genes nuevos) Tampoco Maximiliano de Austria y María de Borgoña eran parientes cercanos. Ellos eran los padres de Felipe el Hermoso.

    Juana la Loca, hija de los Reyes Católicos, fue una mujer físicamente muy sana (y fuerte) y todos sus hijos llegaron a la edad adulta y tuvieron descendencia.

    Carlos V, hijo de Juana y Felipe, se casó con su prima hermana Isabel de Portugal. Felipe II, su hijo, tuvo cuatro matrimonios de los que quedó viudo. De su último matrimonio con su sobrina Ana de Austria (hija de su hermana María) nació Felipe III. Hay que indicar que Ana de Austria era a su vez fruto de un matrimonio entre primos hermanos.

    Felipe III fue un “rey holgazán” pero no parece que tuviera ningún retraso, ni físico ni mental. Se casó con su prima hermana Margarita de Austria. De este matrimonio, Felipe IV, Ana de Austria, reina de Francia (la de “Los Tres Mosqueteros” 🙂 ) el infante Carlos y el Cardenal-Infante D. Fernando, llegaron a adultos y tampoco parece que tuvieran problemas físicos o mentales.

    Carlos II nació del segundo matrimonio de Felipe IV, que sería vago como su padre pero tuvo un ojo certero con la pintura y de su colección real tenemos el Museo del Prado, con su sobrina Mariana de Austria. Y el pobre Carlos II, como creo que dijo Gregorio Marañón, da lástima, pero ¿tuvo que ver en ello la endogamia de los Habsburgo españoles?

    Perdona lo largo del comentario y que me haya salido del tema de la pintura de Carreño, pero creo que a ciertas preguntas que surgen ante los cuadros me puede responder mejor un médico.

    Un saludo, amigo.

    • Hola Hesperetusa,
      magnífico comentario el que nos dejas. Has hecho una descripción increíble del parentesco familiar de los Habsburgo. Creo que va a ser muy provechoso para todo aquél que lo lea. Por otra parte, es una gran satisfacción para mí comprobar que lo que explico en los artículos del blog pueda serte de utilidad, lo digo en serio. Debo decirte que tampoco soy un experto en los temas pero puedo asegurarte que los intento preparar y documentarme de la mejor forma posible. Es un verdadero disfrute personal.

      Respecto a la enfermedad de Carlos II, parece haber unanimidad entre los expertos en atribuirle el síndrome de Klinefelter como causa de su mal. Ésta es una enfermedad relativamente frecuente que lo padecen 1/500-1.000 varones y muchos de los afectos no están diagnosticados y no saben que la padecen. Fue descrito por primera vez en 1942, por el Dr. Harry Klinefelter (que trabajaba en el Hospital General de Massachussetts en Boston) al percatarse que habían hombres con unas características somáticas determinadas (pechos desarrollados, escaso vello en el cuerpo y en la cara, testículos pequeños, incapacidad de producir esperma…) ¡Cuidado! No hay que pensar en ella cada vez que veamos a un hombre con mucho pecho y poco vello. ¡Ja, ja, ja!. Pueden cursar con falta de autoestima y apatía, además de cierto retraso en el lenguaje, la lectura y la comprensión, pudiendo aprender a hablar más tarde que los otros niños, aunque su COEFICIENTE INTELECTUAL es NORMAL. Comentas que Carlos II tardó en aprender a caminar aunque yo no lo relacionaría tanto con esta enfermedad. De todas formas, el hecho que describes en el comentario de los sucesivos matrimonios endogámicos de sus antepasados probablemente es un factor determinante para padecer alteraciones en los cromosomas.
      Años más tarde a la descripción del Dr. Klinefelter, se asoció este fenotipo a la alteración cromosómica que la caracteriza (XXY), es decir, que en el cariotipo del varón hay un cromosoma extra X. Actualmente se sabe que la mitad de las veces, este cromosoma de más, proviene del padre y que las mujeres que se quedan embarazadas después de los 35 años tienen más probabilidad de tener un hijo con este síndrome que las más jovenes.

      Al final del post “1714, la guerra de Sucesión Española” he dejado un link que te dirigirá a una web que te puede interesar sobre esta enfermedad.

      Respecto a tu pregunta de si he tratado en el blog la Casa de los Austria en España, debo decirte que no, aunque probablemente lo haga más adelante.

      Un saludo y mil gracias por tus, siempre interesantes, comentarios. Todos aprendemos de ellos.

  5. El Síndrome de Klinefelter se acompaña de talla alta, de tipo eunucoide con extremidades largas y de ginecomastia, cosa que no tenía el Rey en cuestión, pero es que, aparte de las lesiones óseas propias de su raquitismo, podría tratarse de una variante de este mosaicismo, con fórmula 46XY/47XXY con talla normal y sin ginecomastia y sin embargo, siempre con azoospermia, retraso mental, y a veces lesiones cardiacas y tiroiditis auntoinmunes.

    Como curiosidad decir, que cuando se le hizo la autopsia, apareció el corazón muy pequeño, “del tamaño de un grano de pimienta, los pulmones corroídos, los intestinos putrefactos y gangrenosos, en el riñón tres grandes cálculos, un solo testículo, negro como el carbón y la cabeza llena de agua”.

    Así terminó la dinastía enferma y Carlos II.

    Salu2.

    Suso.

    • Hola Suso,
      gracias por la aportación que haces de la autopsia. Creo que el tema de las enfermedades de esta dinastía es lo suficientemente interesante como para una tesis. ¡Ja, ja, ja! Esto último lo digo en serio, no creas.
      La respuesta definitiva a si padeció un sd. Klinefelter o un mosaicismo del mismo (como bien apuntas) la encontrariamos si pudiéramos hacer un cariotipo aunque esto -de momento- no es posible. De todas formas nos acercamos (si es que no acertamos) en el diagnóstico de su enfermedad a diferencia de otros personajes históricos famosos, en los que no son más que hipótesis muchas veces insostenibles científicamente
      Un saludo

  6. Tan interesante el artículo como los comentarios, asuntos desconocidos que despiertan la curiosidad, con la pega de que cuanto más conoces, más quieres conocer y en tiempo es devastador.
    Abrazo y admiración para todos.

    • Hola Leonor,
      tienes toda la razón. Estoy comprobando con gran satisfacción que contamos con gente apasionada y con gran conocimiento de los temas. Sus aportaciones convierten los comentarios en una sección en sí misma del blog. ¡Qué mejor forma de compartir el conocimiento y enriquecernos mutuamente! Sin duda este es mi principal objetivo y creo que con vuestras colaboraciones lo estoy consiguiendo.
      Esto no quita que cualquiera que quiera aportar su pensamiento, ya sea en forma de crítica o de agradecimiento, ya sea con un simple me ha gustado (o no) deje de hacerlo, pues significa que estáis allí, compartiendo la lectura del blog.
      Un saludo y mil gracias para ti, Leonor, y para tod@s los demás.

  7. Hola Francisco Javier, como te dije, al vivir en Madrid, el museo del Prado es uno de mis “retiros” favoritos. Y en él se encuentra el cuadro que hoy nos comentas, la niña Eugenia Martinez “La monstrua”, apelativo, de época, pero para mi, poco afortunado.
    Tienes razón al decir que se aprende del conjunto “tema y comentarios”. Y sobre todo, si el tema “engancha”.
    Me apunto con Hesperetusa, al solicitar, un próximo acercamiento a la casa de los Austrias (surrealismo puro y duro).
    Buen trabajo, como siempre.
    Un saludo
    Antonio

    • Hola Antonio,
      no dudes que antes o después prepararé “algo interesante” sobre los Austrias. Me consta que tienes intereses similares a los mios y te agradezco que me sigas el blog.
      Un saludo también para ti.

    • Hola Alejandra,
      cuando miramos con detenimiento un cuadro encontramos muchas cosas que pasan inadvertidas a los ojos de muchos. En esta sección del blog tengo algunos cuadros que muestran esto y algunas son muy curiosas. Te invito a que cuando tengas tiempo, lo mires, te gustará.
      Un abrazo de fin de semana.

  8. Pingback: La Medicina en el Arte: Pintura – Pejerón, el bufón | franciscojaviertostado.com

    • Hola Martin.
      no obstante en aquellos tiempos la percepción de esa crueldad seguro que no era la misma que en la actualidad. Por desgracia el ser humano se está volviendo más desalmado con el paso del tiempo.
      Un saludo

  9. Al acercarse a la pintura desnuda, se experimenta cierta duda fugaz. Sus brazos y manos mantienen un aspecto que no pueden pasarse por alto, anatómico desfigurado. Expresión de suprema seriedad, risa burlesca. La vista se hunde en un intenso análisis de su figura que sin adivinarlo infunde miedo, que después de cierto rato de estar observando, la gente se acostumbra de reaccionar así. “La gorda”, de Juan Carreño de Miranda era la niña indicada, lo sabía todo. Verla desnuda es ver la porción porosa de su piel, podría hacer las veces de almohada o cojín. La gente nunca se confundía al verla desnuda ni vestida, no pasaba desapercibida por más muecas que hacía, sólo que se le desfiguraba el rostro haciendo toda clase de muecas posible. Increíble, La Monstrua, podía mantener la cara así todo el día, por encargo, para satisfacer a la corte. No necesitaba disfraz. Gracias, FJ, presentar este rostro de niña alterado de peso. Abrazos profundos, con mucha semejanza

    • Hola marimbeta,
      la expresión de la cara de la chiquilla dice mucho, el pintor quiso manifestar mucho en ella y lo consiguió. El cuadro me pareció magnífico a parte de su contenido médico.
      Abrazos pictóricos.

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