Una muerte inoportuna

Escultura de René de Saint-Marceaux (1845-1915). Cementerio de Père-Lachaise, París. Foto de Rama (2005).

Formas de morir hay muchas, unas más previsibles que otras, pero cuando el fatal desenlace se presenta de manera inesperada e indiscreta y cuando el desgraciado difunto es un personaje público, es cuando el paso del tiempo no impide que se recuerde. Un ejemplo de ello lo encontramos en François Félix Faure, Presidente de Francia de 1895 hasta su muerte en 1899.

Su vida:

Nació en París en 1841, hijo de un modesto carpintero. Como curtidor y mercader amasó una fortuna que sin duda alguna le ayudó en su carrera política. Durante la administración de Charles Dupuy obtuvo el cargo de Ministro de Marina y al año siguiente, el 17 de enero de 1895, fue elegido presidente de la República gracias al apoyo de la derecha. Su figura siempre fue controvertida por dos motivos: el caso Dreyfus y sus “manías” de rico. Durante su presidencia se reforzó la alianza francorrusa, amnistió a los anarquistas, conquistó Madagascar y tuvo lugar el polémico asunto conocido como caso Dreyfus, que se negó a revisar y que conmocionó a la sociedad marcando un hito en la historia del antisemitismo.

Su presidencia casi podría considerarse un “reinado”. No le hacía ascos a ser llamado “el presidente Sol”, haciendo referencia al rey Luis XIV. Elegante y bien parecido, se cambiaba de ropa varias veces al día e incluso pretendió crear un ostentoso traje oficial para su cargo de presidente.

Aunque casado desde 1865 era un mujeriego empedernido gozando de numerosas amantes, aunque sería Marguerite Steinheil con quien sostuvo la relación más larga. Marguerite era hija de un rico industrial y esposa de un modesto pintor que consentía los encuentros de su mujer a cambio de encargos oficiales que todavía pueden verse en edificios públicos parisinos. Marguerite prefería definirse como “consejera psicológica” y fiel a su “terapia” todos los días acudía al Elíseo a su cita con el presidente.

Su muerte:

El 16 de febrero de 1899 Marguerite entró en el palacio a través de una puerta que daba a los jardines y esperó a su amante a que acabara los actos protocolares del día. Los amantes tenían una contraseña secreta: un ordenanza debía hacer sonar una campana para anunciar la llegada de Marguerite, pero ese día cometió un error pues, tras oír la campana, quien se presentó en el salón azul del Elíseo fue el arzobispo de París. Faure, ajeno al error, se tomó -como hacía habitualmente- una pastilla con propiedades excitantes hecha con pequeñas dosis de fosfuro de zinc, usada también como raticida, que al contacto con la mucosa del estómago liberaba un gas tóxico que afectaba a múltiples órganos del cuerpo. Despachado el obispo, aún tuvo que atender al príncipe de Mónaco, y cuando el bedel volvió a hacer sonar la campana, esta vez sin error, Faure tuvo el error fatal de tomarse otra pastilla antes de entrar en el salón con su amante. Transcurridos unos minutos se comenzaron a oir unos insistentes timbrazos que hicieron entrar al personal de servicio en el salón azul. Allí vieron la fatídica escena, el presidente ahogándose afecto de una apoplejía y agarrando fuertemente la cabellera de su amante mientras disfrutaba de una felación. Se tuvo que cortar el mechón de pelo para que Marguerite se pudiera vestir y salir rápidamente. El presidente, vivo todavía, moriría unas horas más tarde. La noticia se filtró y la prensa se cebó con él. Los chistes y las bromas circularon por doquier.

Una multitud delante del Palacio de Justicia de París durante el juicio de Marguerite Steinheil el 1 de noviembre de 1909.

¿Qué fue de Marguerite?:

Lejos de la vergüenza Marguerite Steinheil tuvo muchos otros amantes entre los que se cuenta el rey Sisowath de Camboya. En 1908 se vio implicada en un crimen de la que fue arrestada pero absuelta después: apareció amordazada y atada a una cama en el mismo cuarto donde se encontraban muertos su madrastra y su esposo, el pintor. Posteriormente se trasladó a Inglaterra donde se casó con un barón al que sobreviviría 27 años, probablemente tras yacer con otros amantes….

Los adversarios políticos de François Félix Faure no dudaron en decir en tono burlesco:

“Deseó ser como César, pero terminó como Pompeyo” (donde el verbo pomper significa sexo oral con un hombre).

Para saber más:

Presidencia de la República francesa (página oficial)

Links:

El Pais; Wikipedia

Links fotos: 

Rama- CeCILLPierre PetitAgence Rol

42 comentarios en “Una muerte inoportuna

  1. Jeje, no se si reír o llorar con eta anécdota Francisco, eso nos pasa por querer ser lo que no somos, y no lo digo por estar en contra de las “ayuditas”, sino por hacerlas a ciertas edades. Descansen en paz los protagonistas…
    Gracias nuevamente por deleitarnos, creo que he decidido reirme un poco…

  2. Vaaaya!!!! no sabia nada del presidente René y sus amantes…. que eso no es nuevo TODOS reyes o presidentes han tenido sus amantes y algunas muy populares. La muerte no es para reir, pero en ese caso es para carcajear. TODOS los reyes y presidentes han tenido su colección de amantes y algunas muy famosas, aquí pondría un refrán pero más vale me lo calle….Hay personas que en el acto sexual cuando llegan al clímax exalan… esto es como morir. A René ni le dió tiempo para decirlo!
    En tu blog siempre aprendo algo……Un caluroso saludo,

    • Hola Rosa,
      esta vez sí se ha colgado bien tu comentario (por cierto el anterior ya está publicado) 😉 Estoy convencido como tú de que muchos han tenido sus amantes (algunos ni se molestan en ocultarlo). Pobre hombre, al final ha sido el centro del tema de hoy y su desliz hace que sigamos hablando de él.
      Un saludo

  3. 😀 😀 😀
    Acabo de volver del trabajo y me encuentro con esta historia 😀
    Sabía que el Presidente de la III república Francesa Fauré había muerto “en brazos de su amante” 😀 😀 😀 Pero los detalles no los sabía, me imaginé hace años algo mucho más light 😀 y no le di más vueltas, porque como se ha dicho en los comentarios, los poderosos siempre han tenido amantes. Pero, de ese sustituto primitivo del Viagra no tenía ni idea…, y vamos, que discrepo con alguno de los comentarios, precisamente esas ayuditas se necesitan a ciertas edades…, porque antes no hacen ninguna falta 😀
    Lo siento por Monsieur Fauré, pero creo que debió morir feliz. En cuanto a Marguerite Steinheil la voy a poner en el panteón de mis heroínas secretas 😀

    • Hola Hesperetusa,
      Marguerite Steinheil quizás ha pasado un poco desapercibida en el artículo pero de hecho habría que considerarla tanto o más protagonista de la historia que el propio Fauré. Durante toda su vida supo “aprovechar” las “ocasiones” que le brindó la vida. 😉
      Un abrazo

  4. Gracias por esta nueva ilustración. Desconocía la “anecdota” de su muerte. Hay que controlar ciertas “ayuditas” para aumentar la líbido. Pueden causarte efectos irreversibles, como en el caso del presidente. Abrazos

  5. Hola francisco, llegué aquí por el blog de la dra. María José y estoy gratamente sorprendida, me gusta tu espacio, paso a visitarte y a dejarte el llink de mi blog, para invitarte y a tus lectores que pudieran interesarse, inicialmente era un espacio con articulos sobre psicología, política y sociedad en general, pero desde hace 20 días se convirtió en un proyecto que llamo 365 días en voz alta, durante un año compartiré mis experiencias como madre, psicologa y sobreviviente de lupus… te dejo el link acompañado de un fuerte abrazo…. y por aquí estaré…

    http://mbgenvozalta.blogspot.com

    • Hola Mariluz,
      me alegra que te guste y que dejaras tu comentario. Tal como dices en tu blog “hablar de cualquier tema del que seamos o nos sintamos expertos es muy sencillo, pero hablar de nosotros, de nuestras vidas, ser expertos en nosotros mismos , eso si que es todo un reto…”
      Un saludo

  6. Hace muchísimo tiempo había leído sobre Marguerite, dentro de unos artículos con respecto a sentencias dictadas bajo la influencia de la política. Lo que no recuerdo es el nombre del artículo. La relación con el presidente de Francia era una de las causas.
    Muy bueno es recordar situaciones insólitas.
    Un abrazo.
    Hasta pronto.

    • Hola Julia,
      mil gracias por pensar en mi blog para la nominación al “Premio Dardos”. Aunque ya mencioné en otras nominaciones que no me gustaría entrar en la “cadena” que representan estos premios, te estoy agradecido por seguir mi blog y considerarlo para el mismo.
      Un saludo también para ti.

  7. 🙂 Con todos los honores para el Sr. Presidente, pero la vida de Marguerite Steinheil parece mucho mas interesante, entre todo lo que le he leido me quedo con ¿que hace una mujer amordazada en una habitacion en la que estan los cuerpos de su marido y su madrastra? ……
    Muy bueno el post

  8. Definitivamente una de las historias no aptas para leer en la pausa diaria de la oficina, pero es que a pesar de terminar (NO PUN INTENDED) así, no puedo disimular la sonrisa que me han provocado.

    Es que eso del poder tiene sus cosas…

    Salu2 😆

  9. Ya no puedo aportar nada que no se haya dicho, y muy bien dicho, en los comentarios anteriores, Francisco. Pero quede constancia de mi agradecimiento, satisfacción y admiración. Esta última, por ti, naturalmente; pero también, lo confieso, por Marguerite… 😉
    ¡Aplausos!

  10. Pingback: De Cómo el Caso Dreyfus dividió y debilitó a Francia. (2ª Parte) |

  11. Pingback: ¡Qué me dices! (VIII) | franciscojaviertostado.com

  12. Una pincelada de historia, “tras el cortinaje” de la peculiar existencia del mandatario y su “consejera”……….EXCELENTE

  13. Deseos convertidos en humos, sueños dulces, apetecidos de aquellos rumbos en barcas soñadas. Nunca más volvería a navegar en los brazos de Marguerite Stenheil. La noche, se le hizo eterna, acogiéndolo en sus brazos, como hijo suyo…abandonado. Dejó todo, trono, sueños olvidados, cansancio. Entregó sus manos, sus brazos, su cabeza. Virilidad fenecida. Cetro y corona entregados, los dejó, hechos pedazos en su recámara. Gracias, FJ, por recordar este pasaje fúnebre-erótico de la historia. Un abrazo humano, despojado de realeza cuerpo y alma.

    • Hola marimbeta,
      sin duda fue una muerte inoportuna e inesperada. Muy a su pesar se truncaron repentinamente sus grandezas, más la muerte le hizo recordar que no era más que una persona, humano como todos.
      Otro abrazo bien humano.

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