¡Qué me dices! (VII)

La palabra “energúmeno” la empleamos para designar a una persona que se descontrola fácilmente o que se enfurece con cierta violencia. El término procede del griego energoumenos y significa “persona poseída por el demonio”. De esta manera se quería explicar el comportamiento de los individuos que sufrían de epilepsia y algunas histerias. Los romanos decían que padecían de encantamientos y con el cristianismo se les atribuyó a que se encontraban poseídos por los “espíritus del mal” e incluso por el mismo demonio.

Santo Tomás de Aquino decía que su humor melancólico les hacía perder la razón y por tanto el demonio que dominaba su interior debía ser exorcitado para que abandonase el cuerpo. Uno de los primeros autores españoles que emplean la palabra energúmeno fue Benito Jerónimo Feijóo, en su Teatro Crítico Universal, en 1739.

No solo la plebe y los pobres hombres eran acusados de estar hechizados o sometidos a maleficios diabólicos y un ejemplo lo encontramos en el rey Carlos II, último soberano de la casa de Austria, enfermizo toda su vida y cuya esterilidad provocó la Guerra de Sucesión por el trono de España. Tras interrogar a unas monjas endemoniadas de Cangas, certificaron que estaba bajo el efecto de un sortilegio, convenciendo incluso al propio rey de que un maleficio era el causante de sus males. Así, en los años posteriores, se sometió a varios exorcismos autorizados por Tomás de Rocabertí para lograr su curación y así engendrar un vástago. Era un asunto de Estado.

Carlos II, por Juan Carreño de Miranda (c. 1685). Óleo sobre lienzo, 145 x 105 cm Kunsthistorisches Museum (Viena).

Los inquisidores buscaban señales del posible endemoniado y como muestra os dejo lo que relataba el padre Benito Remigio Noydens en su Práctica de exorcistas y ministros de la Iglesia: 

 (…) las señales ordinarias de que uno está juntamente poseído del Demonio, son: un apretón del corazón y boca del estómago, pareciéndole que tiene sobre él una bola; otros sienten unas picaduras como de aguja en el corazón, y suele ser tan grande el tormento que parece que se le comen a bocados, y lo mismo suele suceder en otras partes del cuerpo.

A otros les parece que a la garganta se les sube y baja una bola y alguans veces no pueden retener nada en el estómago de lo que beben o comen (…) Finalmente, la señal más cierta de lo referido es cuando los medicamentos de la Medicina nada aprovechan.

No es difícil imaginar que alguien con los síntomas que presentaba Carlos II no pudiera estar hechizado, o al menos eso pensaban en aquellos tiempos.

Para saber más:

Carlos II “el Hechizado”

Links fotos:

Juanedc ;  Wikipedia

38 comentarios en “¡Qué me dices! (VII)

  1. Sabía que a Carlos II se le conocía por El Hechizado, pero desconocía el motivo, más bien pensaba por la cara de bobo que he visto de sus retratos.
    Actualmente hay muchos energúmenos…. pero ya sabemos que no son por una esfermadad, sino porque …en fin, al buen entendedor le basta.
    Gracias. Un gran saludo.

    • Hola Rosa,
      el tema de su salud, en su época, debió arrojar horas y horas de conversaciones en las tabernas y en la Corte misma. Creo que en la actualidad tenemos… no energúmenos sino lo siguiente. ;-(
      Un abrazo

    • Hi Birgit,
      in the upper right corner of the page you will find the translator (s image in the world) from google. If you click on it you can switch to English. Works well even if it does not work, tell me.
      A greeting

  2. Leyendo a San Agustín, “La ciudad de Dios”, encontré señales inconfundibles de posesión demoníacas, históricas, reales. El capítulo XIX nos habla de “La corrupción que hubo en la república romana antes que Cristo prohibiese el culto de los Dioses”… “Ved aquí cómo antes de la gloriosa venida del Salvador, y después de la destrucción de Cartago, las costumbres de sus antepasados no paulatinamente como antes, sino como una rápida avenida de un arroyo, se entregaron y relajaron en tanto grado, que la juventud se corrompió con la superfluidad de las galas, deleites y codicia…” También, la Revista Colombiana de Cirugía, y con medicina basada en evidencia, relaciona los problemas gástricos con Atrofia Metaplasia y con el Cáncer Gástrico. Esas comilonas tienen sus efectos que requieren endoscopía digestiva superior. El tratamiento se debe hacer evaluando el papel del Helicobacter pylori, para darle seguimiento a estos pacientes y, darle un tratamiento temprano adecuado. Ese cáncer es el segundo en frecuencia a nivel mundial de causa de muerte. Disculpas por haberme excedido en el comentario. Un abrazo, benigno y terapéutico.

    • Hola marimbeta,
      no tienes que disculparte, faltaría más. No entraré en la parte médica que tan magníficamente nos ilustras si no más bien el la obra de san Agustín. La ciudad de Dios fue escrita durante su vejez conmocionado por la caída de Roma (la ciudad donde residía el Papa) a manos de los bárbaros (Alarico). En él trata de temas tan diversos como el bien, el mal, la culpa, la muerte, el destino, la historia y quiso contraponer la ciudad de Dios (el cristianismo y la verdad espiritual) con la ciudad pagana (la decadencia y el pecado). Sirvió para separar la Iglesia del Estado, hecho que en el Este bizantino no pasaba. Tema interesante que seguro desarrollaré más adelante.
      Un abrazo bien vivo.

  3. Años de matrimonios con consanguinidad dieron como resultado a este personaje, más víctima que otra cosa. En la época, se trataba de un endemoniado, hoy en día se trataría de un afectado por alguna alteración congénita o enfermedad mental…

    • Hola Jordi,
      realmente es lo que se cree. Todo apunta a que padecía el síndrome de Klinefelter, una enfermedad genética consistente en tener un cromosoma X de más, que fue la causa de la esterilidad que padeció y la consecuente falta de descendencia. Tengo un post antiguo que explica un poco este tema (si no lo conoces te invito a que lo leas). Lo encontrarás en el buscador de la página como “1714, la guerra de Sucesión Española”.
      Un saludo

  4. En enfermedades mentales muy graves, como la depresión psicótica o la esquizofrenia, el paciente se da cuenta de que ya no puede dirigir a voluntad sus procesos de pensamiento y busca la manera de entender lo que le pasa, partiendo de lo sabe y lo que cree. En la Edad Media el enfermo le echaba la culpa al diablo; tal vez Tomás de Aquino habló con alguno de éstos e intentó ayudarlo como mejor sabía. Hoy los causantes son los extraterrestres o las sociedades secretas de ingenieros telepáticos que se roban los pensamientos mediante microondas teledirigidas, y en vez de exorcismos recetamos haloperidol. Los aliviamos un poquito, no los curamos, pero al menos no los quemamos vivos.

  5. Hola Francisco, no tenía ni idea de nada de lo que cuentas en este interesante artículo. Me has abierto los ojos a un tema muy lejos de mi alcance, pero lo explicas tan bien, que hasta me siento algo de experto…;)
    Las enfermedades mentales, creo, fueron en el pasado las que más extrañas “curas” encontraron. Debió haber sido muy frustrante para los médicos de antaño el verse frente a un esquizofrénico. Pero también imagino que aún quedan enfermedades sin una clara explicación, al menos no los consideramos poseídos por el diablo.
    Muchas gracias por este artículo, enhorabuena!

    • Hola Jesús,
      Elena es más experta en estos temas que yo pero pienso como tú. Las enfermedades mentales están aumentando y los estudios indican que seguirán haciéndolo en el futuro. Si tuviéramos que quemar a todas aquellas que las padecen por atribuirlas a posesiones demoníacas o al mismo diablo, creo que pocos serían los que se salvarían.
      Un abrazo

      • Tengo fe en que vosotros los médicos encontraréis curas a muchas de las enfermedades que actualmente nos achacan, el problema es que, cuando vivamos más años, encontraremos nuevas y potencialmente más horribles condiciones. Así es la vida, y así es la historia.
        Muchas gracias nuevamente por tan buen artículo. Un afectuoso saludo.

  6. Interesantísima entrada, tanto por la etimología como por la historia del emperador. Para la fe, todo lo no-explicable termina cayendo en terrenos del “demonio” y ahí ya nadie tiene autoridad para cuestionar.
    Un abrazo

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