El mito de “El Dorado” no era una ciudad sino un hombre

La "Balsa Muisca" representando la ceremonia original de la leyenda de "El Dorado", Museo del Oro de Bogotá (Colombia).

La “Balsa Muisca” representando la ceremonia original de la leyenda de “El Dorado”, Museo del Oro de Bogotá (Colombia).

Cuando el jefe de los Muisca moría se daba inicio a un proceso de sucesión para escoger al “El Dorado”. Este nuevo cacique solía ser el sobrino del anterior líder y debía pasar por un largo proceso de iniciación que culminaba con el gran acto final en la laguna circular de Guatavita, en la Cordillera Oriental de los Andes, en Colombia.

 (…) presentándose desnudo, cubierto por polvo de oro, rodeado por cuatro sacerdotes de alto rango adornados con plumas, coronas de oro y otros ricos ornamentos, se dirigía de pie en una canoa al centro del lago donde arrojaba al lago una ofrenda de esmeraldas y otros materiales preciosos a los dioses para después sumergirse en sus aguas. Alrededor del lago, la comunidad presenciaba el rito tocando instrumentos a la luz de las hogueras y lanzando pequeñas estatuillas de oro (tunjos) hasta que un sacerdote izaba una bandera para que se hiciera el silencio. En ese momento se juraba fidelidad al nuevo líder, gritando su aprobación desde la orilla. (La conquista y descubrimiento del reino de la Nueva Granada, Juan Rodríguez Freyle)

Este es uno -quizás el mejor- de los relatos sobre la leyenda que los distintos cronistas españoles hicieron al llegar al continente, aunque el término “El Dorado” se aplica no solo a esta sino a muchas otras leyendas de los nativos americanos o imaginadas por los españoles. La que nos describe Freyle en el siglo XVII acabará por fusionarse con otros mitos que harían creer que existía una ciudad construida en oro. Será a partir de entonces que los españoles de Quito comenzarían a nombrar ese territorio como la Provincia de “El Dorado”, aunque a medida que avanzaba la colonización de Sudamérica se trasladaría su localización desde Colombia hacia las Guayanas.

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Momia, Museo del Oro de Bogotá.

En la época de la Conquista este ritual ya se había dejado de practicar aunque la creencia de que la laguna estaba repleta de oro estimuló a los españoles. La mayoría de los conquistadores eran aventureros que habían sufragado su viaje con la venta de sus bienes en España, con la intención de hacerse ricos en aquellas tierras y no regresar jamás a su país. Muestra de la importancia que tenía encontrar oro la encontramos en el diario de a bordo del propio Cristóbal Colón en el que menciona a Dios 51 veces y cita 139 veces la palabra oro.

Y es que desde que Vasco Núñez de Balboa se internara en el istmo de Panamá las historias sobre espléndidas riquezas en Sudamérica comenzarían a difundirse por el Viejo Continente. Francisco Pizarro en 1532 llegará a Perú para iniciar la conquista del imperio Inca y la colonización de Sudamérica, haciéndose en su camino con grandes cantidades de oro. Pero le seguirán Diego de Almagro, Hernando de Luque y más tarde, Gonzalo Jiménez de Quesada, Nicolás de Federmán, Francisco de Orellana -el primer europeo en navegar el río Amazonas de punta en punta-, Pedro de Ursúa y muchos otros, todos con la mala fortuna de su parte. Quizás la expedición más desastrosa la encontramos en la de Hernán Pérez de Quesada, que al frente de 300 españoles, 1.500 indios, 300 caballos y 800 cerdos y tras dos años de deserciones, hambre y discrepancias internas, regresó con los bolsillos vacíos acompañándole solo 64 españoles, cuatro indios y 18 caballos.

Laguna De Guatavita

Laguna de Guatavita

La laguna de Guatavita ha sido objeto de numerosas inmersiones a lo largo de estos siglos con el objetivo de hacer aflorar los supuestos tesoros que se esconden en el fondo y muestra de ello es la abertura en uno de sus lados que corresponde a un intento por vaciarla. No será hasta avanzado el siglo XVIII que los estudios cartográficos reducirían el mito a la realidad.

La cultura Muisca la encontramos ya en el año 800 d. C. en el centro de la actual Colombia, y para ellos el oro era muy apreciado, no tanto por su valor material como por su poder espiritual. En la actualidad podemos admirar parte de su fino arte en el Museo del Oro de Bogotá y en el Museo Británico. 

Para saber más: 

Parque Natural Laguna del Cacique Guatavita

Una película

El Dorado, de Carlos Saura (1988).

Links fotos: 

Martin St-Amant – Wikipedia

Biusch

Maite García

23 comentarios en “El mito de “El Dorado” no era una ciudad sino un hombre

  1. Como tantas veces… muchas gracias por ampliarme detalles que ya conocía algo, tenía una amiga nacida en Bogotá y ésta invluso me trajo pequeños recuerdos de oro del Museo del Oro.
    La palabra “El Dorado o esto puede ser un Dorado, está bastante utilizado cuando se cree que se ha encontrado un negocio o algo que nos pueda hacer ricos en dos días.
    Un abrazo dorado,
    (De nuevo soy la primera en comentar, como se nota que soy una fan)

    • Hola Rosa,
      permiteme aprovechar tu contestación explicando algo más de la imagen con la que inicio el post, la Balsa Muisca, por ser una figura grande, no en tamaño, mide solo 19 cm de largo, sino por su importancia. La encontraron a principios del año 1969 tres campesinos en el interior de una pequeña cueva del municipio de Pasca, al sur de Bogotá. Lo curioso de ella es que antes de ser descubierta de casualidad -como tantos y tantos otros grandes descubrimientos- ya era conocida su existencia por los estudiosos del tema. Este mítico objeto fue precedido por otro encontrado en la laguna de Siecha a mediados del siglo XIX y dado a conocer en 1883 por Liborio Zerda en su obra El Dorado, donde interpretaba que era una representación de la ceremonia descrita para Guatavita. Este libro causó tal impacto a los expertos de todo el mundo que un gran museo europeo luchó para conseguir este objeto pero se perdió para siempre en el viaje hacia Alemania en un incendio en el puerto de Bremen. Cuando apareció la Balsa Muisca, el rumor corrió como la pólvora siendo todos conscientes de que en esta ocasión la pieza no debería salir del país. Así fue como fue adquirida por el Museo del Oro en la sede de Bogotá donde sigue expuesta y de donde nunca ha salido, ni tan siquiera para ninguna exposición en otros museos del mundo.
      Abrazos y sabes que me alegra tenerte como fan ¡ja, ja, ja!

  2. Gracias por aclarar conceptos de algo tan conocido por todos y tan mal conocido de veras por nadie. A miles han explorado los fondos de prácticamente todas las lagunas de América del Sur en busca de oro y esmeraldas, sin sacar más que fango y algas. Yo he conocido personalmente a alguno incluso hoy en día.
    Sólo un comentario con respecto a la sucesión del cacique: normalmente era el sobrino del anterior, esto es, el hijo de su hermana, ya que era el único que, con toda seguridad, tenía sangre del cacique muerto, ya que ambos hermanos habían nacido de la misma madre.
    Desde un punto de vista moral, es una ofensa para la reputación de la mujer y para la confianza en su fidelidad. ¡Pero tiene una lógica aplastante!.
    Gracias de nuevo por tu artículo Francisco Javier, y que lo Reyes Magos te traigan algún regalito de oro, alguna esmeralda…

  3. Menudas vaciladas les tenían que hacer los indígenas a los europeos. Se lo tenían que pasar bien haciéndoles ir de un lado a otro como locos por el oro.

    • Hola Gonzalo,
      no deja de ser curioso como la avaricia hace cometer tantas locuras al ser humano. Puede que si miraran a su alrededor viendo lo que tenían delante, se hubieran dado cuenta de que el verdadero tesoro eran las personas, la tierra y la civilización de ese nuevo mundo.
      Un saludo y bienvenido por los comentarios.

  4. Me has quitado la ilusión… Ya no podré ver la película de Disney de la misma manera… Jajaja… Muy interesante el artículo, como siempre Francisco Javier, nos ilustras… Oye, la expedición esa donde llevaban los 300 cerditos, entiendo que ellos no hayan regresado, porque se los comieron, pero los españoles y los caballos, ¿también se los comieron? Ahhh… Ya sé, desertaron… ¡Feliz Año!

  5. De tanto creer, se tornaron incrédulos aquellos que creían en “El Dorado”. Incrédulos de este mundo. Por más que se sumerjan en las aguas de laguna de Guatavita queriendo aflorar tesoros, tratando de saber quién es quién en esta tierra de mitos y joyas, jamás lo lograrán. Quiénes son los voraces buscadores de balsas doradas, vaciando lagunas, dudando, por el fuerte frío que hace en esas profundidades. ¿ Quién es quién en esta tierra de balsas y balseros, de servidores y servidos remando sin encontrar lo anhelado. Gracias, FJ, por dejar ver esta brillante presea, agotada con el tiempo. Un abrazo de circunstancias por el año que comienza.

    • Hola marimbeta,
      incrédulos y decepcionados por no encontrar lo que buscaban. Dejaron todo, familia, casa, quizás trabajos, para encontrar la muerte en la otra parte del mundo, alejados de todo.
      Abrazos esperando solo cosas buenas para este año.

  6. No cabe duda q la conquista d nuevas tierras siempre ha sido d gran ayuda para el conocimiento d culturas y aprendizaje d su idiosincracia, pero m da verguenza ajena al pensar en todo lo q s ha tenido q sacrificar para ello, pues la ruindaz y la codicia del ser humano no conoce límites.. Gracias nuevamente por aumentar el conocimiento en diversidad d temáticas, Fco. Javier.. Abrazos d luz 🙂

    • Hola Mamen,
      hoy en día con la globalización nos es difícil comprender lo que llegó a representar ese encuentro (choque) de culturas. Pero como casi siempre pasa en estos casos el más fuerte acaba imponiendo sus ideas.
      Abrazos de Luz

  7. Como sería el deseo y la codicia, que el Río de la Plata, mi río, llamado así por su grisura, careció siempre de plata, por suerte.Juan Díaz de Solís lo descubrió como Mar Dulce, y se lo comieron los indios y Gaboto lo bautizó.equivocadamente.
    Un abrazo sudamericano

  8. Pingback: Que no, que no, que los vikingos no llevaban cuernos | franciscojaviertostado.com

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