¡Esconderos rápido! Llega la Inquisición a Barcelona

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Sede de la Inquisición en Barcelona

Miles de turistas visitan cada día en pleno centro de Barcelona su catedral ajenos a que enfrente de un lateral, en la plaza de Sant Iu, se encuentra uno de los lugares más siniestros de la ciudad en lo que a su historia se refiere. Actualmente acoge el museo Frederic Marès pero en su fachada encontramos un escudo que ya nadie identifica pero que sobrevivió al tiempo y queda como memoria de un pasado muy oscuro, la Inquisición.

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Escudo de la Inquisición. Haz clic en la imagen para apreciar mejor los detalles del mismo. Por cierto, a ver quién ve un cerdito…

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En la foto podemos apreciar la simbología de uno de los escudos mejor conservados de España de la Inquisición. Sus armas quedan perfectamente representadas con la cruz cristiana, significando la muerte redentora de Cristo a manos de los herejes, y que se reivindica como tribunal delegado del papa; una espada, que simboliza el castigo; y la rama de olivo, signo de reconciliación con los arrepentidos. Rodeándolo se puede leer la leyenda en latín Exurge Domine et Judica Causam Tuam, es decir, “Levántate Señor, y juzga tu causa” (Salmo 73) y una cadena de eslabones que conforman la orden del Toisón de Oro.

A pesar de que no quedan muchos rastros del Santo Oficio (lo de santo es por decir algo, claro) en Barcelona, se sabe que actuó desde el siglo XII al XIX, encontrando en fray Alonso de Espina uno de sus principales valedores. Vamos a explicarlo y para ello permitidme presentaros otro nombre que puede no os suene pero que ha sido protagonista indirecto en muchos episodios relevantes del siglo XV, Juan de Coloma.

Coloma era secretario del rey Joan II de Aragón y su firma como representante de los Reyes Católicos se puede ver al final de las Capitulaciones de Santa Fe, sí, las que permitieron a Colón hacer su primer viaje a América. Entre sus cargos ostentó el de notario mayor del rey Fernando II y secretario del Santo Oficio, firmando también la orden de expulsión de los judíos en 1492. Tras la designación de Torquemada como inquisidor general por el papa Sixto IV, con el apoyo de Coloma pondría al frente del tribunal de Barcelona a fray Alonso de Espina, más que probable converso, rector de la Universidad de Salamanca y confesor real de Enrique IV de Castilla.

El 20 de julio de 1487 fray Alonso entraría en Barcelona aunque su nombramiento no fue del agrado de nadie de la ciudad y ningún conseller salió a recibirle. El tribunal se instalaría en una de las estancias del Palacio Real Mayor (Palau Reial Major) residencia de los condes de Barcelona y posteriormente de los reyes de la Corona de Aragón, estimándose en más de 500 familias las que entonces huyeron por temor a las represalias del Santo Oficio. En ese mismo lugar la Inquisición acondicionaría trece celdas para los detenidos en las que las condiciones eran mejores que las cárceles civiles, todo hay que decirlo.

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Plaça del Rei con el Palau Reial Major al fondo. Haz clic en la imagen para ampliarla.

Que no fuera bienvenido no evitaría que se pusiera pronto a “trabajar” y el 14 de diciembre dictaría su primera condena tras encontrar culpables de ser judaizantes a 52 personas que serían llevados en procesión desde el convento de Santa Caterina a la catedral como penitencia de sus pecados. Seis semanas después se produciría el primer auto de fe, en el que serían agarrotados en la Plaza del Rey dos hombres y dos mujeres y quemados después en el Canyet (actual cementerio de Poblenou). Los diversos autos de fe que se realizarían en la ciudad condal encontraron sus escenarios ideales en la misma plaza del Rey, en el convento de Santa Caterina (ahora un mercado), en el Born, en la iglesia de Santa Àgata y en la Catedral. El terror se instauró y durante siglos la población sufriría las consecuencias. Nadie se salvaba de su justicia ni tan siquiera el médico personal del rey Fernando y su mujer, Juana Badosa, que sería estrangulada y quemada.

A principios del siglo XVIII, tras la victoria borbónica, desaparecerían las dependencias administrativas catalanas del Palacio Real Mayor cediendo en 1718 el palacio a las monjas clarisas, cuyo convento había sido destruido cuatro años antes para la construcción de la Ciudadela durante la guerra de Sucesión Española, siendo actualmente sede del Museo de Historia de Barcelona.

Después de varias tentativas de abolición de la Inquisición española, en 1808 por Napoleón, en 1813, en 1820, finalmente sería anulada definitivamente en 1834. Hoy pocos se fijan en ese escudo de la fachada pero no hay duda de que es parte importante en la historia de la ciudad.

Un libro:

La Inquisición en Cataluña, del historiador Juan Blázquez Miguel.

Para saber más:

Distintas estancias del Palau Reial Major y su ubicación en la ciudad (MUHBA)

Plaça del Rei, guia del conjunto monumental

Reconstrucción virtual de la residencia condal visigoda al palacio real

MUHBA

41 comentarios en “¡Esconderos rápido! Llega la Inquisición a Barcelona

  1. Es un tema amplísimo y apasionante, y sobre ello hay libros que, aunque ahora nos parezcan curiosos, nos hacen estremecer si pensamos en las personas que tuvieron que vivir en esa realidad. Cito solo el de Nicolau Aymerich, “Manuel de Inquisidores”, porque nos permite conocer un poco mejor esa “profesión”, que aunque parezca lejana sigue existiendo, pero reformada y con otro nombre.
    Espero que no te moleste que incluya el link al libro citado https://books.google.es/books?id=DLE2VMvh6xgC&printsec=frontcover&hl=es&source=gbs_ge_summary_r&cad=0#v=onepage&q&f=false
    Por último, el cerdito cuelga de la parte inferior del escudo 😉

    • Hola Martesdecuento,
      encantado que incluyas el enlace, no faltaría más. Veo que tienes buena vista ¡Ja, ja, ja! Sí, el cerdito cuelga del toisón de oro pero lo que me llamó la atención es que en nuestro caso sea un cerdito y no una cabra que es lo habitual…

      Foto de Heralder
      Saludos

      • La cabra a la que te refieres, no es tal, sino carnero con vellón de oro. Aquel de la leyenda de Jasón… Y aunque no tengo ni idea de por qué está ahí ese lindo chanchito en su lugar, aventuro lo que me parece más obvio: los inquisidores, cual jasones heroicos, iban en busca de los enemigos de los cristianos principalmente las otras dos religiones abrahámicas cuyas restricciones alimentarias conocemos todos 😉 Se non è vero, è ben trovato 😀 😀

  2. Cuanta razón tienes… hace tiempo que no paseo por esos lugares -cosa que me encanta- y… nunca me había fijado del escudo sobre la puerta…
    Aprovecho para decir… Cuan bella es mi ciudad Barcelona!!!!!!!!!!

  3. Solo una pequeña correección: Es cierto que la Inquisición data del siglo XII, pero no en España. En ese siglo se creó en Europa para combatir herejes, tipo Cátaro. Pero en España entró mucho más tarde, en el siglo XVI, 300 años más tarde. Por cierto, que, a pesar de que la leyenda negra insiste en que la Inquisición española fue especialmente mala, lo cierto es que no fué así. Fué igual -de perversa- que las demás. James A. Michener, en su libro “Iberia” afirma que solamente en lo que es hoy Alemania se ajusticiaron más retrasados mentales por brujería que en toda la historia de la Inquisición española. Lo cual es solo un ejemplo de que aunque todas fueron igual de perversas, la española no se disntiguió en nada, o en casi nada. La única distinción es que fué la que se abolió más tarde, a principios del siglo XIX, como dice tu artículo.

    • Hola Jlua,
      concretamente sería tras el regreso de los participantes en la Segunda Cruzada a Europa, hacia el año 1150, que se difundiría el catarismo por Alemania, Italia, Cataluña y Francia, concretamente en Occitania, en la región de Albi (de donde cogieron el nombre de albigenses) protegidos por algunos señores feudales vasallos de la corona de Aragón. Denunciaban la organización de la Iglesia Católica y sus sacramentos y aunque no quise alargar el artículo aprovecho tu comentario para dejar un enlace a dicho post por si es del interés de alguien.
      Un saludo y gracias por tu aporte.

  4. Efectivamente, la “Santa Inquisición” entró más tarde en España que en otros países. Pero sin duda fue el último en el que desapareció.
    Como dato curioso señalar que cuando se instauró la democracia en España tras la dictadura de Franco, hubo un partido político, que obtuvo representación parlamentaria en aquel momento, que en su programa proponía la restauración del Tribunal del Santo Oficio en España. Este partido se llamó Fuerza Nueva, fundado por el fallecido notario Blas Piñar.
    Gracias por tu artículo, Francisco Javier.
    Que tengas un buen día.

    • Hola Luis,
      Madrid, no tuvo Tribunal del Santo Oficio propio hasta 1650 y las decisiones de la Inquisición se tomaron hasta entonces en Toledo. En la actualidad encontramos huella de la misma en muchos sitios de la ciudad. Uno de los primeros espacios madrileños relacionados esta institución fue el convento de Nuestra Señora de Atocha. Allí se instaló el Consejo de la Inquisición en Madrid hasta que en 1780 se levantó el Consejo Supremo del Santo Oficio en la calle Torija. En la calle de la Cabeza se encontraba una de las cárceles de la Inquisición y en la Plaza Mayor se realizaban los Autos de Fe. Los quemadores más famosos se situaban en cerca de la Puerta de Alcalá, entre las calles de Claudio Coello, Conde de Aranda y Columela, otro junto al portillo de Fuencarral. La Santa Inquisición utilizó la plaza de la Cruz Verde para ejecutar a sus reos. Donde ahora se encuentra la fuente de Diana la Cazadora se hallaba la enorme cruz verde, símbolo inquisitorial. En 1680 tuvo lugar el último auto de fe en esta plaza, durante el reinado de Carlos II.

      Una curiosidad es que las mazmorras que se encontraban bajo la Plaza de Santo Domingo son ahora una coctelería

      Foto extraída en ABC.es

  5. Pues ahora “la santa inquisición” tiene otras características y distinta estética. Se llaman testigos de Jeovah y andan puerta a puerta con sus amables amenazas y mensajes de exterminio.

      • Saludos Francisco. Cualquier ideología que se proponga religar gente para estandarizar la conducta humana está transgrediendo a la naturaleza. Esta es organizada e inteligente, obedece a secuencias y metodologías sistemáticas, mas a su vez se permite ser flexible y hasta sorpresiva y variable. Desconfío absolutamente de las personas religiosas ya que al tener poder podrían ser muy inquisidoras. Si alguien admira a un ser que representa al fascismo llegando a la tierra siendo capaz de exterminar ciudades, ordenar saqueos y justificar invasiones y genocidio es porque tiene en su mente las mismas ansias de venganza, celos, odio, rencor e intolerancia a la frustración. Por eso rechazo a quienes van puerta a puerta como también a los que van a caballo después de semana santa visitando a los que no alcanzaron a confesarse por estar enfermos o a los que abiertamente amenazan en las calles con grandes muestras de ira, también a quienes dicen que un bebé ira al infierno por no ser bautizado y a quienes atormentan a otros con elementos abstractos incoherentes e incomprensibles como el juicio, castigo y culpa que lo único que consiguen es enfermar a los creyentes temerosos. El miedo paraliza y es lo mas opuesto al amor. Amor no está relacionado con religar ni poseer, amar es construir y tiene estrecha relación con estar alegres y dichosos. Estos dos últimos estados son características de la vida. Esta crea la muerte como una estrategia para seguir viviendo, de lo contrario no cabríamos en la tierra. Y ello no tiene ninguna relación con infierno, castigo, culpa ni estupideces como féretros, velorios y rituales lúgubres.
        Pero las religiones pretenden monopolizar a la muerte y convertirla en un acto valórico.

  6. ¡Qué fuerte! A garrotazos… Bueno, ya no existe la Inquisición, pero en nombre de Dios, todavía se hacen barbaridades. Muy buen reportaje. Y sí, vi el puerquito, está en el centro abajo del escudo.

  7. Hola Francisco,
    un sitio más en Barcelona que no conozco y uno más a la lista de futuras visitas. La historia de la inquisición es terrible, pero debemos entenderla en el contexto de la época. Además, creo que está bastante exagerada (gracias a los ingleses) y a pesar de haber acabado con la vida de miles de ciudadanos, no fue algo exclusivo de España. Gracias al cielo, todo eso es historia, y me ha encantado la forma en que la cuentas.
    Mil gracias y un saludo.

    • Hola Jesús,
      en la ciudad condal existen muchos lugares desconocidos con más Historia que otros mucho más frecuentados. Ya sabes que estás invitado a venir cuando quieras, será un placer enseñártelos.
      Abrazos

  8. Pingback: La plaza del Rey de Barcelona | franciscojaviertostado.com

  9. Pero no podemos olvidar que dicho tribunal sigue existiendo, con otro nombre, y afortunadamente para nosotros, no tienen tanto poder. Pero en la España de los 80 y 90 del Siglo XX seguían actuando. No podían quemar ni torturar, pero si prohibir que hablaran de religión en público o que publicaran artículos o libros. Que se lo pregunten a los que militaron en la teología de la liberación.
    Interesante, como siempre. Esos palacios, cuando les veo el símbolo, me entra un cieto repeluz y en Sevilla hay algunos lugares donde su presencia es fuerte, en Granada, curiosamente, no.

    • Hola Eulalio,
      en Sevilla existe hoy en día un callejón en Triana, junto al mercado, con el nombre de la Inquisición, junto al Castillo de San Jorge, cárcel en otros tiempos de herejes y sede del Santo Oficio. Los reos eran conducidos por él para dirigirse a la cárcel, juzgados o ser quemados en la hoguera. Dejo esta imagen que encontré y que como bien dices, da repelús pasar por allí.


      Foto de CarlosVdeHabsburgo

      Saludos

  10. Hace algunos años pasé unos días en un piso que estaba en un antiguo palacio de la inquisición. Pero no se apreciaba nada, pues todo estaba cerraoo con tabiques, por fuera era tal cual, pero po dentro eran apartamentos, respetandola estructura arquitectónica del lugar.
    Por cierto fueron unos días muy calursos, por el patio interior veías a los vecinos hacer los mismo que nosotros. Estabamos sentados en el cuarto de estar y con una manguera nos refrescabamos con una ligera lluvia muy agadable. Añós después he encontrado un sistema parecido, pero mucho más sofisticado en las terrazas de verano. (no tiene nada que ver con la inquisición pero ha sido una transversalidad – que ahora está muy de moda-.

    Saludos

  11. El Inquisidor tipo provenía de una familia de cristianos viejos o tenidos por tales (léase el caso de Tomás de Torquemada en el correspondiente recuadro). Su adolescencia y juventud transcurrían entre libros, ya que los Inquisidores debían ser titulados en Teología o Derecho, aunque, de acuerdo con el ya citado Diego de Simancas, la carrera legislativa era preferible.
    Según las normas aplicables a los Inquisidores antiguos, el cargo de inquisidor de oficio no podía ser desempeñado por una persona menor de cuarenta años, para asegurar su “prudencia”; aunque paulatinamente se rebajó ese límite a los treinta. A partir del reinado de Felipe II, se intentó hacer especial hincapié en la vida “honesta y proba” de estos funcionarios. Según cuenta Caro Baroja, Diego de Covarrubias –a la sazón obispo de Segovia– tenía por costumbre convidar a almorzar a los candidatos para comprobar cómo actuaban después de comer en lo que a modestia se refiere.

  12. De acuerdo a Eymerico, la primera y más importante forma de brujería herética era la latría (adoración debida únicamente a Dios) rendida a los demonios, que incluía sacrificios, oraciones y la ofrenda de velas o incienso. La segunda categoría consistía en ofrecer dulía (adoración de los santos) a los demonios, y consideraba como prueba de ello las letanías, específicamente de los musulmanes sarracenos a Mahoma. A la tercera categoría pertenecían aquellos que buscaban la ayuda de un demonio, como por ejemplo para adivinación. En este caso, Eymerico fue uno de los primeros teólogos en condenar cualquier tipo de conjura de un demonio como herejía, pues anteriormente se creía que incluso un santo podía hacer un pacto con el demonio, como san Teófilo. La dedicatoria de Peña a la edición de 1558 justifica en los siguientes términos el fin de la obra que para entonces gozaba del aprecio universal de los Inquisidores en su lucha legal contra herejes y brujas: “… invocar y armar la potestad de las leyes contra sus personas, para que escarmentados con lo rigoroso de los castigos, y lo esquisito de los suplicios, se arredren con el miedo, cuando nada puede con ellos el amor de lo bueno”.
    Nicolao Eymerico (en catalán Nicolau Aymerich; c. 1320-1399) fue un teólogo católico e Inquisidor General de la Inquisición de la Corona de Aragón durante la segunda mitad del siglo XIV. Es conocido principalmente por su obra Directorium Inquisitorum.
    Nacido en el municipio catalán de Gerona, fue ingresado al monasterio dominico de ese lugar siendo un adolescente de 14 años. Le llevó dieciocho años más obtener un doctorado en teología por la Universidad de París, en 1352, y a lomos del grado académico ascendió muy rápido: a Inquisidor General de Aragón en 1357 y a capellán del papa Inocencio VI en 1358.

    Los excesos del autor del Directorio despertaron la enemistad del rey Pedro IV de Aragón, que se intensificó cuando el teólogo atacó póstumamente, hacia 1366, las obras del laico franciscano Ramón Llull y acosó a los reformadores lulistas. El rey le prohibió entonces predicar en la ciudad de Barcelona, pero Eymerico desobedeció y hasta apoyó una revuelta en contra del monarca, quien en 1376 ordenó al gobernador local rodear con 200 caballeros el monasterio dominico en el que el ilustre teólogo residía. A raíz de ello, Eymerico huyó a la corte papal de Gregorio XI instalada en Aviñón, donde halló protección y pudo completar su Directorium. Del antilulismo del Inquisidor implacable dan fe su Tractatus contra doctrinam Raymundi Lulli (dedicado a Clemente VII) y su Dialogus contra Lullistas.
    Tras el llamado Cisma de Occidente seguido a la muerte de Gregorio IX, en 1378 Eymerico se puso del lado del antipapa Clemente VIII y contra Urbano VI. Un lustro más tarde, en 1383, siendo Inquisidor General prohibió las obras de Ramón Llull, despertando de nuevo la furia de Pedro IV, quien esta vez ordenó su ahogamiento, mas la sentencia fue estorbada por la reina Leonor de Sicilia y el propio hijo de esta y Pedro, Juan, futuro rey de Aragón, quien tras la muerte de su padre en 1386 ratificó a Eymerico como Inquisidor general. Sin embargo, el nuevo rey también se hartó de su protegido cuando en 1388 el maestro de Inquisidores abrió un proceso por herejía en contra de la ciudad entera de Valencia…
    El epitafio de Eymerico en Gerona lo describe como Praedicator veridicus, Inquisitor intrepidus, doctor egregius (predicador verídico, Inquisidor intrépido y doctor egregio).Gerona es un lugar maravilloso. Saludos. Inger Keränen.. pikkuirwin1@luukku.com

    Mí facebook página es: Instrucciones antiguas..La historia de la Santa Inquisición es toda mi vida. Soy 46..

  13. El Directorium Inquisitorum definió la real jerarquía dentro de la Iglesia Católica de los Inquisidores. “Si los obispos o los prelados proceden con su autoridad ordinaria, como el Inquisidor actúa con autoridad delegada, entonces ciertamente es mayor la autoridad del Inquisidor que la del obispo” (parte primera, capítulo V). ¿Quiénes podían alcanzar la categoría de Inquisidores? La respuesta siempre fue absolutamente vaga. “El Inquisidor debe ser de vida honesta, circunspecto por la prudencia, firme en la constancia, erudito eminentemente en la doctrina de la fe, bien ceñido de virtudes” (parte primera, capítulo I). Sólo es concreto en una cosa. Debe tener 40 años. Se sabe que eran personas ligadas al papado que podían defender sus intereses políticos y enfrentarse a sus enemigos. Por ello, podía “ir con tropa armada y tener cárcel propia”. Las técnicas para obtener información fueron diversas y sostenidamente ingeniosas. Iban desde el potro y la garrucha —estiramiento corporal al límite—, hasta el brasero, la tortura con agua y el cepo. Una de las más sádicas fue el “aplastapulgares”, un mecanismo para aplastar los dedos de las manos o de los pies (aunque había variantes para codos y rodillas). Consistía en unas tablillas con agujeros minúsculos donde se introducían los dedos de las manos y los pies destrozándolos a su paso por las ranuras. Pero nadie derrotaba a “la doncella de hierro”. Permitía una muerte lenta. Era tan tenebrosa que apenas se usó, pues su sola cercanía atemorizaba. Era simplemente un sarcófago de metal que tenía púas en su interior. El hereje arrepentido no era condenado a muerte, se libraba de ella. Su pena era conmutada y sólo pasaría a estar en prisión de por vida, condenado a llevar pesadas cruces delante y detrás y a ser “atormentado con el pan de la angustia y el agua del dolor”. Eso, además de sanciones pecuniarias para sostener el aparato logístico de la Inquisición. Inger.

  14. Muchas gracias, Francisco Javier. – El procedimiento inquisitorial era una excepción al Procedimiento Ordinario Civil e incluso al Criminal. Es un procedimiento sumario que no está sujeto a formalismos.

    – En este sistema el Inquisidor era un técnico. Se trataba de un funcionario designado por autoridad pública, que representa al Estado, que era superior a las partes y que no estaba sujeto a recusación de las partes.

    – El Inquisidor dirigía el proceso de principio a fin, con iniciativa propia y poderes muy amplios y discrecionales para investigar. La prueba, en cuanto a su ubicación, recepción y valoración, era facultad exclusiva del Inquisidor.

    – El Inquisidor NO SOLO JUZGABA, sino que, antes de juzgar, investigaba los hechos, dirigía la indagación (lo que ahora lIamaríamos la investigación policial), era INSPECTOR POLICIAL, buscaba culpables, acumulaba pruebas contra ellos.

    – No era necesario que existiese denuncia o acusación. El Inquisidor podían inquirir, investigar, cualquier indicio razonable que los llevase a sospechar la existencia de personas o grupos heréticos.

    – El objetivo primordial era descubrir la herejía: que el acusado confesase, se convirtiera y finalmente fuera castigado.

    – El Proceso Inquisitorial era un PROCESO BIPARTITO. Constaba de dos fases: una FASE SUMARIA o INQUISITIVA (de investigación) y una posterior FASE JUDICIAL en sentido estricto. En esta segunda fase o juicio, el «Inquisidor» se convertía en «juez» entre dos partes: el Promotor Fiscal que acusaba a los reos, y éstos, asistidos entonces por sus abogados. El Fiscal esgrimía ante el juez las pruebas por éste recogidas en la fase sumaria, contra las cuales tenía que defenderse en esta segunda fase el reo.

    – Aunque el ofendido se desistiera, el proceso debía continuar hasta su término.

    – Todos los actos eran SECRETOS y ESCRITOS.

    – Durante la primera parte del proceso, la FASE SUMARIA o INQUISITIVA, es decir durante toda la investigación policial, el sospechoso sobre el que recaían indicios de culpabilidad ignoraba qué cargos se acumulaban contra él. No se le indicaba de qué delitos se le suponía autor. La FASE SUMARIA o puramente INQUISITIVA, se llevaba en secreto y por consiguiente el reo se hallaba en este sentido enteramente indefenso hasta la apertura del juicio o segunda fase del proceso.

    – En la segunda parte del proceso, la FASE JUDICIAL, el reo continuaba indefenso, pues aunque en la fase probatoria podía proponer pruebas a su favor, éstas más que pruebas de su inocencia se concebían como meros escudos para paralizar o disminuir los efectos probatorios de las pruebas de su culpabilidad recogidas por el Inquisidor.

    – Durante el curso del proceso, el acusado es segregado de la sociedad, mediante la institución denominada prisión preventiva en cárceles secretas y no públicas.

    – El Inquisidor no llega a una condena si no ha obtenido una completa CONFESIÓN DE CULPABILIDAD.

    – La CONFESIÓN DE CULPABILIDAD es considerada como prueba plena, como la reina de las pruebas. Los indicios de culpabilidad acumulados contra alguien a través de la Fase Sumaria impulsaban al Tribunal a solicitar de él en la fase final del proceso la confesión de que tales indicios eran señal cierta de su verdadera culpa. Si se obtenía libremente la confesión, la prueba que ésta implicaba se consideraba como muy fuerte. Si el presunto culpable no confesaba su culpa voluntariamente, se le podía someter a TORMENTO. El ánimo humano es a veces flaco y no siempre inclinado a reconocer las propias culpas, a confesar los propios pecados. Por ello, para vencer la resistencia defensiva del presunto culpable y para obtener de él su confesión de culpabilidad que permita establecer la verdad (es decir, «ad eruendam veritatem», para averiguar la verdad) se le atormenta.
    Si el atormentado insistía en mantener hasta el final su inocencia tal declaración de inocencia NO equivalía a una prueba de ésta, y el reo podía ser condenado en virtud de otras posibles pruebas.
    Si el atormentado confesaba su culpa, ésta se considera PROBADA, con tal de que el mismo reo ratificara su confesión de culpabilidad horas después de haber cesado el tormento. (Si no ratificaba su confesión de culpabilidad podía proseguir el tormento hasta que volviese a confesar; y si tras esta segunda confesión se negaba de nuevo a la ratificación, el tormento podía ser reanudado hasta por una por tercera vez.)

    – Las penas aplicadas eran absolutamente ARBITRARIAS.

    CONCLUSIONES.

    La estructura formal del Proceso Penal Inquisitivo colocaba al reo en una clara y definitiva situación de inferioridad.

    El hecho de que la indagación previa sobre el delito la realice el mismo Inquisidor que luego habrá de juzgar el delito disminuye notablemente su posible imparcialidad, toda vez que a la hora de dictar sentencia el Inquisidor no podrá prescindir de sus convicciones previas sobre aquellos a quienes él mismo inculpó en la fase Inquisitorial.

    Las características procesales que más perjudicaban a los acusados eran el secreto sobre los testigos (que favorecía el sistema de delación). y el secreto sobre la acusación misma (que provocaba la indefensión del imputado), la prisión preventiva en cárceles secretas y no públicas (con la consiguiente incomunicación del reo), el uso de la tortura para obtener la confesión, la aceptación de testimonios de escaso valor probatorio y la severidad relativa de las penas impuestas. Inger Keränen pikkuirwin1@luukku.com

  15. Al poco tiempo, el 17 de octubre de 1483, Torquemada fue nombrado por el papa Inocencio VIII «Inquisidor General del Principado de Cataluña, de la ciudad y del obispado de Barcelona». Pero encontró una gran repulsa entre la población, negándose los concellers a prestar el juramento que les pedía el Inquisidor. En 1484 Torquemada redactó el reglamento común que debía guiar las acciones de los Inquisidores. La posterior extensión de su poder efectivo sobre la Corona de Aragón fue facilitada por el asesinato del Inquisidor Pedro de Arbués en 1485 en Zaragoza, atribuido por las autoridades a una comunidad de herejes y judíos. Tras la gran repercusión social de este asesinato, la población comenzó a colaborar con el papado. Pocos años después, el asesinato ritual del llamado Santo Niño de La Guardia en 1491, igualmente atribuido a un colectivo de judíos, pudo influir en la proclamación del Edicto de Granada, que ordenó la proscripción de todos los judíos de España para el 2 de agosto de 1492, y del que se le considera más que probable autor. En 1494 se retiró al convento de Santo Tomás de Ávila, donde en 1498, a la edad de 78 años, acaeció su muerte. Existe muy poca información sobre la vida personal de Torquemada, razón por la cual ha sido objeto de diversas apreciaciones. Se han destacado sus dotes de eficiente administrador, así como su integridad, su capacidad de trabajo y su insobornabilidad. Se le menciona piadoso y austero: no quiso ser arzobispo de Sevilla, vestía con sencillez, no usaba lino como ropa de cama y ayudó a su hermana a ingresar en un convento de beatas dominicas en lugar de concederle dote para el matrimonio. El cronista coetáneo Sebastián de Olmedo lo describió como: “El martillo de los herejes, el relámpago de España, el protector de su país, el honor de su orden”. Inger K.

  16. A partir de comienzos del siglo XIX aparecen novelas en la literatura inglesa, francesa e italiana que muestran la degeneración sexual de figuras del antiguo régimen, es decir la aristocracia y el clero, herederas del interés por la erótica y lo sexual aparecida en el siglo XVIII. Entre los personajes mostrados de esta forma estarán naturalmente también los Inquisidores.
    Ilustración de Les mystères de l’Inquisition (1844). Paula da muerte al Gran Inquisidor Arbués.

    Una de las primeras novelas en las que aparece el Inquisidor libidinoso es Cornelia Bororquia, atribuida a Luis Gutiérrez y publicada en París en 1801. Contada desde la perspectiva de un liberal español, es una novela en forma de cartulario que cuenta la historia de Cornelia Bororquia, la hermosa e inocente hija del Marqués de Bororquia, Gobernador de Valencia, que fue capturada por la Inquisición y quemada en la hoguera por negarse a los avances del Arzobispo de Sevilla. El texto se centra en los razonamientos de la Inquisición y el control psicológico que ejerce sobre sus víctimas, la angustia de los amantes separados (Cornelia y su amor Vargas), el ambiente tenebroso de la vida de los monjes y el deseo del villano, el Arzobispo de Sevilla.

    Quizás la novela que mayor uso haga del personaje sea Les mystères de l’Inquisition et autres societés secrets d’Espagne (1844) de Madame de Suberwick, que escribía bajo el seudónimo Victor de Féréal. La historia trata sobre Dolores Argoso, hija del Gobernador de Sevilla, que es deseada por el Gran Inquisidor Pedro Arbués. Dolores se salva al ser raptada por unos bandoleros, que la ponen fuera del alcance de Arbués, pero éste se venga deteniendo al padre y torturándolo hasta la muerte. La descripción de la huida de Dolores está llena de reflexiones sobre la crueldad de la Inquisición y sobre el bravo pueblo español. Finalmente Arbués es asesinado por su favorito, José, que en realidad es una mujer disfrazada, Paula, violada anteriormente por el Inquisidor. La tortura y ejecución de José-Paula está contada con mucho detalle, con descripciones de salas de interrogación, de tortura y autos de fe.

    Otras obras que tratan el personaje son Los españoles (1830) de Mijaíl Lérmontov y Torquemada (1875) de Josef Schiesl, una tragedia en cuatro actos.

  17. Se da tormento al reo para apremiarle a la confesión de sus delitos. Las reglas que se han de observar para poner a cuestión de tormento son las siguientes.

    Se da tormento, lo primero, al reo que varía en las circunstancias, negando el hecho principal. Lo segundo, al que estando notado de hereje, y siendo pública esta nota, tiene contra sí aunque no sea más que un testigo que declare que le oyó o vio decir o hacer alga contra la fe, porque en tal caso este testigo solo, con la mala nota del reo, son dos indicios que fundan semiplena probanza, y bastan para ponerle a cuestión de tormento. Lo tercero, aun cuando no haya testigo ninguno, si a la nota de herejía se allegan muchos vehementes indicios, y aunque sea uno sólo, también se le debe dar tormento al reo. Lo cuarto, aunque no esté el reo notado de hereje, un solo testigo que le haya oído o visto decir o hacer algo contra la fe, añadiéndose a esta circunstancia uno o muchos indicios vehementes, basta para proveer el tormento. Generalmente hablando, de las siguientes cosas, un testigo de vista, la mala nota en materias de fe, un indicio vehemente, una sola no basta, dos son necesarias y las bastantes para dar tormento. Directa part. 3, quaest. 42. Adnotat. lib. 3, schol. 118.Eymerick.

    Esto no obstante, se ha de hacer una excepción a lo que hemos dicho de que no basta la mala nota sola para dar tormento. Éste se ha de mandar lo primero cuando el mal notado es de malas costumbres, porque los sujetos de malas costumbres con facilidad incurren en herejías, especialmente en las que autorizan su culpada vida. Por ejemplo, los deshonestos y aficionados a las mujeres se persuaden fácilmente a que no es pecado la simple fornicación. Lo segundo, cuando el acusado ha huido, indicio que junto con su mala nota basta para mandar el tormento. Adnotat. lib. 3, schol. 118. Eymerick.

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