La bicicleta, ese invento tan querido

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Celerífero con cabeza de reptil, probablemente de París, alrededor de 1825. Deutsches Museum Verkehrszentrum Múnich, Alemania.

En el mundo existen más de mil millones de bicicletas, solo en China hay alrededor de 450 millones, siendo un medio de transporte eficiente como el que más. Si comparamos la energía utilizada para desplazarse de un ciclista y un peatón, el ciclista viajará tres veces más rápido, y al contrario de lo que pudiera parecernos, los estudios demuestran que las calles más seguras para circular en una ciudad son las que transitan mayor número de ciclistas. Pero las bicicletas actuales no tienen nada que ver con las de hace cincuenta, cien, doscientos años atrás, muestra de ello es el número de piezas que las conforman, unas ochocientas, de las que 456 corresponden a las modernas cadenas (claro, las hay que tienen más o menos). Retrocedamos en el tiempo para descubrir su origen.

Ya en el Antiguo Egipto (sí, otra vez ellos) fabricaron unos artefactos compuestos por dos ruedas unidas por una barra, encontrando un artefacto similar en China (en su caso fabricado con bambú). Existe la falsa creencia de que en el Codex Atlanticus, de Leonardo da Vinci, aparece el boceto de una bicicleta con transmisión de cadena impulsada por pedales, pero no, no es más que una broma perpetrada en la década de 1960, una falsificación añadida después de su restauración.

Sus verdaderos orígenes no nos son tan lejanos sino que los encontramos en el París de finales del siglo XVIII con el celerífero, un juguete de madera (para ricos) con forma de animal y con dos ruedas con el que solo se podía ir en línea recta, inventado por el conde Mede de Sivrac, aunque en realidad este señor tampoco existió sino que fue un personaje creado más tarde por un periodista francés. Será en 1817 cuando aparezca la predecesora de nuestra bicicleta moderna, la draisiana, en honor a su inventor, el barón alemán Karl von Drais, un carruaje de dos ruedas impulsado empujando el suelo con los pies, que con el tiempo se conocería comúnmente velocípedo. Este “caballito de madera” (hobby-horse) se pondría de moda entre la alta sociedad de Alemania, Francia, Inglaterra y América.

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Draisine (1820) Museo Kurpfälzisches en Heidelberg, Alemania.

En 1839 el escocés Kirkpatrick Macmillan añadiría unos cigüeñales que a través de dos bielas permitían girar la rueda trasera apareciendo unos rudimentarios pedales  que más tarde, en 1861, Pierre Michaux y su hijo Ernesto darían lugar a la tracción delantera al fijar las bielas en el eje de la rueda, así superaban en velocidad a las draisianas. Los ingleses agrandaron la rueda delantera a estos velocípedos (el nombre hace referencia a su “velocidad”) permitiendo ir más rápido con el pedaleo, mientras que la rueda trasera era más pequeña para quitarle peso. Llegó a tener la altura de una persona ocasionando más de un susto a quien iba subido en ella pues cualquier obstáculo, por pequeño que fuera, hacía perder el equilibrio.

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Velocípedo de Michaux.

En 1875 se inventan los radios y la bicicleta se construiría de hierro (adoptando la forma de una araña como se le conocería después) y en 1885 el suizo Renold inventa la cadena, pone los pedales en el centro y desvía la tracción a la rueda de atrás. Cinco años después se igualarían el tamaño de las ruedas y John Boyd Dunlop inventaría las llantas infladas con aire queriendo evitar que su hijo sufriera dolores de cabeza a causa del brincoteo que tenía con su bicicleta. Así pues, llegamos al aspecto moderno de nuestros tiempos.

Hacia 1880 el Reino Unido la bautizaría como bicycle (bicyclette para los franceses) y, aunque no todo el mundo podía permitirse tener una -costaba el sueldo de tres meses de un trabajador medio- a principios del siglo XX su precio se redujo ostensiblemente.

… y comienza la pasión por las carreras 

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Velocípedo

Los velocípedos ganarían adeptos rápidamente y con la intención de promocionarlos como deporte, en 1868, un grupo de aficionados fundarían el Veloce Club de París. Tres años antes se celebró en los Campos Elíseos la que sería la primera prueba de la historia, con un recorrido de 1.200 metros, pero no existe ninguna documentación del acontecimiento y es por ello que se considera la primera la celebrada el 31 de mayo de 1868 en el Parque de Saint-Cloud de París, el ganador, James Moore, un británico afincado en Francia. La asistencia de público y el ambiente vivido hicieron que fuera un éxito total no tardándose en organizar otra carrera mucho más ambiciosa abierta al público y con participantes de otros países.

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James Moore (derecha) y Jean-Eugène-André Castera.

Patrocinada por el periódico Vélocipède Illustré y los hermanos Oliver con su marca de bicicletas las Michaux, consistía en recorrer los 123 kilómetros que separaban las ciudades de París y Rouen para demostrar que se tardaba mucho menos tiempo en recorrer grandes distancias en bicicleta que caminando. En el reglamento se establecía que aunque estaba prohibida toda ayuda externa se permitía caminar en parte y utilizar distintos velocípedos. Puede parecernos a día de hoy que no se trataba de gran cosa (esta distancia no representa ni la mitad de una sola etapa del actual del Tour) pero debemos tener en cuenta que las bicicletas pesaban casi 30 kilogramos y transitaban por caminos embarrados y llenos de piedras. De los 198 inscritos solo 120 tomaron la partida, entre ellos dos mujeres, terminándola 34. Nuevamente el ganador resultó ser James Moore, quien tardaría 10 horas y 40 minutos en llegar a la meta, sacando más de 15 minutos de ventaja al segundo. Fue aclamado y considerado casi como un héroe, no obstante, la investigación de Keizo Kobayashi pone en duda que se le considere realmente el primer ganador de una carrera ciclista ya que ese día se realizaron otras competiciones siendo el primer vencedor de la primera carrera, Charles Bon, y el ganador de la carrera más importante de la jornada, Polonini. Ninguno de ellos reclamaron nunca la atribución de ser el primero.

Como curiosidad decir que todos los velocípedos de los ganadores de ese día eran de la marca, Michaux, celebrándose dicha carrera cada año hasta hace poco que se corrió la última en el 2009. Hoy pocos son los que saben quien fue Moore ni conocen su gloriosa gesta.

Links fotos:

Pistola Polvo Ma; Raquel Gálvez

22 comentarios en “La bicicleta, ese invento tan querido

  1. Pingback: La bicicleta, ese invento tan querido – Los Caminos de la Vida

      • Es mi pasión amigo, pero el Urólogo me lo han prohibido tajantemente … ya sabes, la prostatitis crónica y la bici se llevan mal. Ahora ando … paseo.

  2. Interesante como todas las historias de los inventos, me ha hecho siempre mucha gracia los velocípedos… como demonios se aguantaban y sostenían el equilibrio? eran proezas!!!! y… vivan los egipcios y los chinos… (soy una enamorada de China)…. que raro que aqui no salgan los romanos.. jaja!
    Practicarás con tus hijos el ir en “bici” esta semana??? pues que os vaya bien!!!!

    • Hola Rosa,
      creo que a los romanos les iban más los juegos de mesa. Poner una cadena a esas dos ruedas resultó ser todo un acierto, un invento revolucionario. En cuanto a lo de la bici esta semana… creo que lo tendré que posponer por… ¡más torneos de fútbol! ;-(
      Un abrazo y disfruta estos días.

  3. Curiosidades de la historia para conocer este vehículo tan popular y, que de alguna manera ha revolucionado el transporte, hasta el día de hoy: gracias a los Editores por este gran tema de la historia.

  4. Pingback: La bicicleta, ese invento tan querido | Aragón y Medicina 2

  5. Hola Francisco,
    para variar y no perder la costumbre, me has abierto los ojos a una gran historia, que la verdad sea dicha, no conocía con tanto detalle. La bicicleta es un gran invento, prueba de ello es que aún pulula por nuestras ciudades, y cada vez está más de moda. Quién sabe, a lo mejor algún día sustituye nuevamente a los vehículos de cuatro ruedas. El que nos cuentes sus diversas etapas de desarrollo es un gran trabajo, pues no todos tenemos la capacidad de hacerlo de manera tan completa y tan entretenida. Uno más de tus grandes éxitos.
    Felicidades y gracias como siempre. Un abrazo.

    • Hola Jesús,
      no sé qué pasará en el futuro con los coches pero estoy convencido de que las bicicletas seguirán viéndose por las calles de las ciudades, en los campos, en las playas… La pasión que encierra este deporte sobrepasa todas las fronteras, solo tenemos que ver el seguimiento que se hace cuando se desarrolla el Tour de France, el Giro de Italia, la Vuelta de España… Un deporte con mucho corazón (lo digo por los deportistas de élite, claro) 😉
      Abrazos

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