Don Juan de Espina, un personaje sospechosamente admirado

don-juan-de-espinaMi amigo Juan Villena, buen conocedor de la historia, me propuso hace ya un tiempo escribir sobre un personaje del todo desconocido para mí. Tras indagar un poco sobre él pensé que debía acercároslo en el blog por ser uno de los hombres más fascinantes y a la vez singulares que dio España. No es tan conocido como Leonardo da Vinci -algunos le equiparan en ingenio- pero sería admirado por sus contemporáneos a la vez que envidiado por reyes y nobles. En pleno Siglo de Oro español encontramos a este singular personaje mitificado por la literatura en obras de Luís Vélez de Guevara, Anastasio Pantaleón de Ribera y Francisco de Quevedo, entre muchos otros, me refiero a Juan de Espina.

No disponemos de mucha información sobre su persona y apenas una biografía de dudosa atribución a Quevedo -quien bien pudo conocerle- pero su nombre completo es Juan de Espina y Velasco y nació en el año 1563. Hijo de dos ilustres familias, los Espina por parte de padre, asentados en Cantabria desde el siglo XIV, y los Velasco por parte de madre, condestables de Castilla. Se sabe que de joven se dedicó a las armas pero acabaría siendo ordenado sacerdote para dedicarse al estudio (matemáticas, astrología…) y a la música. Dominó varios instrumentos siendo legendaria su destreza con la lira. En 1632 escribiría una obra “Memorial que don Juan de Espina envió a don Felipe IV”, conservada en la Biblioteca Nacional de Lisboa, pero su destreza también se vería en la mejora de la fabricación de los propios instrumentos, así, modificaría la vihuela colocando los trastes a las distancias correctas perfeccionando su sonido. Él mismo decía que inventó una nueva “ciencia musical”.

Serviría a los reyes Felipe II, Felipe III y Felipe IV, y su vida se desarrollaba entre el Palacio de la Bárcena, su señorial casa en Cantabria, y la que poseía en la calle San José (actual calle Puebla, cerca de Atocha) en Madrid, donde como era costumbre en aquellos tiempos se celebraban fastuosas fiestas.  En ellas llegó a acumular sus “maravillas”, un cúmulo de objetos que asombraba a toda la corte. Coleccionó todo tipo de ingenios mecánicos y científicos, como órganos hidráulicos, brújulas, binóculos, relojes astronómicos, autómatas de madera que dejaban a todos boquiabiertos, una balanza de la que se decía que era tan precisa que era capaz de pesar la pata de una mosca, así como obras de arte de incalculable valor. Pero también pequeñas calaveras (se decía que de duendes), enormes huesos (atribuidos a gigantes), cristales de Venecia, ídolos precolombinos… y puede que uno de los objetos más famosos fuera su silla giratoria, que acabaría donando al rey Felipe IV.

Ya hablamos con anterioridad en el blog, de Francisco Melzi, el discípulo de da Vinci a quien el genio legó la práctica totalidad de sus escritos. Tras la muerte de su estimado ayudante, un familiar suyo vendió gran parte de estos papeles a Pompeo Leoni, un escultor de la corte de Felipe II, quien cedió alguno de ellos al mismo monarca y vendió el resto a otras personalidades, entre ellas nuestro Juan de Espina. Con el tiempo, estos escritos serían codiciados por muchos. Se cuenta que el mismo Príncipe de Gales le ofreció una importante suma de dinero pero la rechazó. Uno de ellos mostraba un ingenio capaz de aprovechar el caudal fluvial con un molino mucho más eficaz que los existentes hasta entonces y el propio Juan de Espina propondría la idea atribuyéndose la autoría del invento.

Lo más probable es que tras su muerte estos manuscritos se archivaran en la biblioteca del Palacio Real hasta 1830, que serían trasladados a la Biblioteca Nacional donde permanecerían en el total olvido. Será en 1965 que un investigador estadounidense los encontraría en una carpeta, eran dos de los códices perdidos de da Vinci, los Códices de Madrid.

leonardo da vinci codice madrid

Uno de los diseños más admirables del códice, dibujo de Leonardo da Vinci que perteneció a Don Juan de Espina. Corrresponde a un “acumulador elástico”

0925be9c07ac9c89d347fc14dc53f7b0oJuan de Espina se ganó el favor del rey mostrando en numerosas ocasiones objetos o trucos de magia que le impresionaran, pero en una ocasión un error de cálculo durante una actuación en la corte dejó en evidencia al propio monarca haciéndole perder su confianza y admiración. Desde entonces y con el paso del tiempo, su personalidad se volvería cada vez más desconfiada y esquiva adquiriendo fama de estar en tratos con el mismísimo diablo.

Aunque la Inquisición siempre le tuvo en el punto de mira por los oscuros rumores que se propagaban en la ciudad, finalmente, unos papeles publicados sobre astrología serían la excusa para denunciarle. No se lo pensó dos veces y abandonó Madrid para trasladarse a Sevilla. Tras el juicio pudo regresar a la villa de Madrid donde moría la noche del 30 de diciembre de 1642. Según se cuenta, en sus últimos años de vida era atendido por autómatas que incluso le preparaban la comida.

No dejó descendencia directa legando todos los documentos y objetos a su rey, dejando el resto de bienes a los pobres, y aunque dispuso de dinero en vida, su renta de cinco mil ducados anuales no eran suficientes para adquirir la ingente colección de insólitos y extraordinarios objetos que consiguió reunir, preguntándose todos cómo era posible que ese hombre arisco, sospechoso de nigromancia, pudiera adquirir tantas maravillas.

Para saber más:

Códice Madrid I-II

Los inventos de los Códice explicados

Otros mecanismos de da Vinci de los Códice Madrid

Links fotos:

yumpu.com; Biblioteca Nacional de España

Link información:

Ramon Mayrata

16 comentarios en “Don Juan de Espina, un personaje sospechosamente admirado

  1. Decir Don Juan es pensar en una extraordinaria fuerza expansiva. Pronunciar ese nombre, es llenar el espacio de la imaginación, no de una figura, propia de su entorno definido e inequívoco, sino de ese espectro de múltiples representaciones diferentes entre sí. Hablamos en singular cuando decimos Don Juan de Espina, despertando en las mentes de muchos ciudadanos un significado plural. Pluralidad tan plural, que con el tiempo ha sufrido infinidad de deformaciones, llegando a una forma deforme, si se acepta el dicho. Claro, cada persona, con una poca de corteza de cultura y, la mayoría sin ella, se hacen su propia idea de Don Juan de Espina. Es que, en nuestros días estas ideas individuales de Espina, han tomado apariencias de lo más inesperado. Caso todo clínico, dirían los médicos hoy en día. Un mago enfermo haciendo magia de especie curiosa que habrá que estudiar conforme a la técnica de los psiquiatras. Parecía actor de cine, galán y muy apuesto, dicen los sociólogos… todo un aventurero que quiso ensayar el arte de la adaptación en círculos sociales y en las cortes de reyes. Gracias, FJ, por traer al verdadero Don Juan de Espina a la memoria. Un abrazo, con esencia.

    • Hola marimbeta,
      don juanes han habido muchos, si, y todos ellos bien conocidos, bien distintos, bien amados. De Espina, solo uno, ignorado por nosotros, por la Historia. Algunos pensarán que no hizo nada en especial, que porqué osar compararle con todo un da Vinci.No hay duda de que su vida fue singular y en algunos aspectos fue un genio, un adelantado a su tiempo, extraño, desconocido y admirado al mismo tiempo, pero un genio.
      Abrazos con aires de locura.

  2. Personajes como este han quedado en el olvido, excepto por aquellos que les gusta rebuscar en la historia, es una verdadera lástima, yo misma ni sabía quien era… en cambio personas (por llamarles de alguna manera) que ha infundido caos y miseria al mundo, el 99% de la humanidad saben quienes son o fueron… y no digo nombres, cada uno que recuerde la large lista …
    Una vez más… gracias amigo…

    • Hola Rosa,
      es cierto, en ocasiones la Historia recuerda a esos personajes que merecerían ser olvidados por siempre jamás aunque también nos sirven para recordar el mal que hicieron en otros tiempos y así no volver a caer en el error dos veces (algo que por desgracia pasa muchas veces).
      Un abrazo y buen miércoles.

  3. Gracias Francisco por tu mención, tu articulo sobre el Leonardo da Vinci español como siempre no me has defraudado un gran articulo, haciendo justicia al ingenio poco reconocido de Juan de Espina.
    Gracias Francisco

  4. Maravilla siempre leerte pero hoy ha sido especial, ha tenido un plus. Este personaje, por lo que representa y por su nula descendencia, me lo hace proponer al premio del segundo necesario, al que la historia no lo coloca en el pedestal pero fue grande. Y yo me pregunto: ¿Qué falló para que así fuera?
    Un abrazo amigo y, ah, espero no te disguste que rebloguee todos tus contenidos casi de modo sistemático pero es que tienes fascinados a todos mis a mis veteranos amigos del Ateneo y ellos solo leen lo que les pongo en los reblogueos. Son viejos, también torpes para la informática, pero son tipos geniales … y cultos y si no lo son, pronto lo serán, tienen toda una vida por delante.
    Un abrazo, amigo efejota.

    • Hola Enrique,
      nuestra Historia tiene eso, nos olvidamos muchas veces o no damos el reconocimiento que merecen algunos de los grandes personajes de nuestro país.
      Abrazos y encantando, como no podía ser de otra manera, de que quieras compartir los artículos del blog con tus compañeros. 😉

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s