Una dama sin abanico es como un caballero sin espada

abanico

Cuenta una leyenda japonesa que durante una noche calurosa un humilde artesano de abanicos advirtió que un murciélago entraba por la ventana de su casa estrellándose contra la llama de un candil que tenía encendido. Mientras intentaba espantarlo acuciado por su asustada mujer se fijó en su aleteo. Al día siguiente, el artesano tuvo la idea de imitar las membranas plegables de las alas de ese murciélago en la elaboración de un nuevo abanico.

Esta es una de otras leyendas sobre su origen pero lo cierto es que los antiguos abanicos japoneses se llaman “komori”, traducido como “murciélago”.

Originario de Oriente -algunos lo sitúan en el III Milenio a. C.- encontramos la referencia escrita más antigua cuando se mencionan dos abanicos de plumas ofrecidos al emperador Tchao Wong (I Milenio), y la constancia arqueológica más temprana en el siglo VII a. C. Su uso en China se ha limitado a ceremonias y poco más, por el contrario, en Japón se ha utilizado tanto en la vida cotidiana como en lo artístico.

Narmer_Macehead

Cabeza de maza de Narmer (Ashmolean Museum)

En Egipto, la representación más antigua está en la cabeza de una maza ceremonial perteneciente a Narmer del 3.000 a. C., concretamente en su parte inferior donde se pueden distinguir las siluetas de los dos portadores del abanico del rey.

Grandes, fijos, semicirculares y de plumas servían para dar aire pero también para espantar a los molestos insectos. En la tumba de Tutankamón se depositaron dos abanicos, así como en los bajos relieves del Ramesseum, en pinturas de las tumbas de Beni-Hassan y en los frescos de Medinet-Habu.

Los romanos lo conocían con el nombre de flabelo, heredado seguramente de los etruscos, y los griegos disponían incluso de varios tipos: el ripis, el psigma, el miosoba… Su actual nombre proviene del latín, diminutivo de abano, un utensilio romano que se utilizaba para avivar el fuego de las cocinas, el vannus.

22366400926_59e0ce8a59_o

“La dama del abanico” 1570 – 1573, de Alonso Sánchez Coello, Óleo sobre tabla, 62,6 x 55 cm. Museo del Prado.

Serán los comerciantes portugueses quienes traerán los abanicos plegables a Europa durante el siglo XVI, encontrando la referencia más antigua en España en la Crónica de Pedro IV de Aragón, donde se citan varios servidores del rey como “los que llevan el abanico”.

Cristóbal Colón trajo uno entre todos los presentes de la reina Isabel la Católica tras su primer viaje a América, y Hernán Cortés otros seis, realizados todos ellos con plumas. No son las únicas citas de esa época ya que encontramos muestras de este objeto en el inventario de los bienes de la reina Juana la Loca.

Durante la Edad Media, pasaría a formar parte de la liturgia cristiana para evitar que durante la consagración en la Eucaristía los insectos y el calor molestaran al celebrante.

Su fabricación se convertiría en todo un arte apareciendo durante el siglo XVII los maestros abaniqueros, entre los que destacaban españoles -sobre todo valencianos-, franceses e italianos, una profesión que se mantiene hasta nuestros días, encontrando todavía fábricas de abanicos en España, México y Puerto Rico.

Como curiosidad decir que el 27 de abril de 1868, una mujer de Madrid, Isabel de Parrazar, presentaría una solicitud para obtener un privilegio por una invención suya, el abanico-caja, fácil de desplegarse gracias a un sencillo mecanismo, pero por un problema burocrático -no llevó una memoria describiéndolo- no llegó a patentarlo.

Su código “secreto”…

Al principio lo usaban tanto hombres como mujeres siendo el de las damas mucho más grande conociéndose como “abanico de pericón”. Con el tiempo crearon un “lenguaje” según cómo cogían el abanico. Así pues, si se abanicaban rápidamente mirando a los ojos del hombre, quería decir “te amo con locura”, si lo hacían lentamente, “estoy casada y me das igual”. Al abrir y mostrarlo, equivalía a “puedes esperarme” mientras que si lo sujetaban con las dos manos, “es mejor que me olvides”. Si lo apoyaba abierto sobre el pecho a la altura del corazón, “te amo”, y si se cubría la cara con el abanico abierto, “sígueme cuando me vaya”. Apoyándolo en la mejilla derecha significaba “sí”, mientras que si lo hacía sobre la izquierda era un rotundo “no”.

Habréis podido comprobar que esa acción tan común de abanicarse viene de lejos y es que calor siempre ha hecho, pero el abanico además de tener su historia arraigó en distintas culturas, por muy lejanas que estas se encontraran.

Y es que…

“(…) hay tantas maneras de mover un abanico que puede distinguirse a primera vista una princesa de una condesa, y una marquesa de una plebeya. Es más, una dama sin abanico es como un caballero sin espada” (Madame de Stael)

Para saber más:

200 años de patentes

Todo abanicos

Link foto:

Ejecutivoagresivo

Link información:

Wikipedia

34 comentarios en “Una dama sin abanico es como un caballero sin espada

  1. Yo creo que el abanico es tan antiguo como la civilización. El el antiguo Egipto, los portadores de los abanicos reales, parece ser que eran esclavos privilegiados, con categoría similar a la del copero del rey.
    Desde el siglo XVIII hasta principios del siglo XX, el lenguaje que empleaban las damas con el abanico era crucial, pues no era correcto, ni socialmente concebible que una dama y un caballero hablaran en público (Y mucho menos en privado) directamente sin haber sido formalmente presentados.
    En el Japón feudal, su importancia fue aún mayor si cabe.En las reuniones de los señores feudales, cuando uno de ellos lanzaba una propuesta, los demás señalaban su conformidad o rechazo , dejando su abanico abierto o cerrado ante ellos.
    Gracias como siempre por tu artículo, Francisco Javier y que tengas un buen día, amigo.

  2. Hola Luis,
    respecto a lo que comentas de la importancia que tenía el abanico en Japón, existían los conocidos como “abanicos de guerra” que podían ser utilizados como dispositivo de señalización pero también como auténticas armas. El arte de la lucha con estos abanicos reciben el nombre de tessenjutsu (incluso en nuestros días sigue practicándose por algunos expertos) y es un tipo de arte marcial basado en un abanico plegable de hierro (dejo foto más abajo) con 8 o 10 costillas. No es muy conocida aquí en Europa pero en manos expertas es capaz de defenderse contra atacantes que llevaran una espada, cuchillos, dados envenenados e incluso de matar a su oponente con un golpe.


    Tessen (abanico de guerra) en el Castillo Iwakuni, Japón

    Abrazos

  3. Aunque no fuese noche estrellada el calor de la primavera se hace presente con ese calor persistente. No se vislumbra amaneceres de cielos despejados, días calurosos, acompasados y atolondrados “mecimientos”. Abanicos de colores. Morder un abanico, decía la abuela, era querer salir de ese torbellino que arrastra empujando hacia el cuello del embudo, por eso la frase “De mi depende salir del torbellino”, sin ser arrastrado, por la coqueta amante. Verse arrastrado por fuertes abanicadas es casi meterse en embrollos bajo formas de crisis amatorias, tentaciones, corrientes de aire agitadas, ritmo, creando ambiente amoroso… tenaces en su empeño por generar momentos frescos provocados. Quien vive entre abanicos se estira y se encoge, se contagia, inmunizado de calores ocultos. Gracias, FJ, por mostrar el lenguaje milenario de acariciar y agitar abanicos. Un abrazo rítmico, de suave brisa.

    • Hola marimbeta,
      un gesto que quizás repetían más nuestras madres, nuestras abuelas, pero seguro que en nuestra memoria queda esa imagen, ese recuerdo de ellas, con el abanico en la mano, agitándolo, mitigando ese calor que les agobiaba.
      Un abrazo en positivo, con el abanico sobre la mejilla derecha 😉

  4. Mira por donde tanto que me gusta Japón y China, no sabía lo del “komori”, su usanza claro que si, las gheisas lo llevan metidos en su “obi” especie de cinturón muy amplio del kimono. Muy hermoso este post y “fresquito”… Abrazos

  5. Interesante y ameno como sabes que nos gusta. Tuve la oportunidad de ver a un artesano valenciano en acción, supongo que uno de los últimos románticos que quedan en nuestro país. Tenía pendiente una pequeña reseña sobre el tema. Cuando la haga me gustará rebloguear tu artículo con tu referencia si me das tu ok.

  6. Hola Javier, lo último me recordó el dicho: “Tantos años de marquesa y no saber mover el abanico” jajaja.
    Me encanta el lenguaje (romántico) del abanico, ahora ya es tan prosaico como un mensaje de texto.
    Gracias por esta información, me encantó.
    Abrazos de luz

  7. Hola Javier, el abanico es un accesorio que no muere y que es usado hasta la actualidad en todo el mundo. Aquí en Perú son muy populares, seguro porque formaba parte del atuendo de las tapadas limenas desde la época de la colonia espanola, tradición que se ha mantenido, sin embargo, desconocía cómo nació la idea y te agradezco que nos la hayas compartido. Saludos, Patricia

  8. Pingback: El último artesano – Apuntes de salitre

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s