Futuros Doctores ¡a velar los libros!

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Clausto de la Catedral Vieja de Salamanca. Podemos apreciar la entrada a la capilla de Santa Bárbara.

La Catedral Vieja de Salamanca fue construida a lo largo de los siglos XII y XIII, románica en su conjunto presenta indicios de ese gótico inicial, pero no, hoy no hablaré de ella sino de una extraordinaria historia que podemos encontrar entre las cuatro paredes de una de las capillas de su claustro -para algunos la más bella-, una historia que une la erudición universitaria con la religiosidad de la catedral.

La Escuela Catedralicia sería el germen de la futura Universidad de Salamanca, la más antigua en activo de España y la primera de Europa en ostentar el título de Universidad por el edicto de 1253 del rey Alfonso X el Sabio y la bula del papa Alejandro IV en 1255. Ya antes, por el Concilio de Carrión de principios del siglo XII, el rey Alfonso IX concede la categoría de Estudio General a las escuelas catedralicias y en 1218 se validan once cátedras, mientras el estudio palentino fue desapareciendo paulatinamente.

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Interior de la capilla de Santa Bárbara con la silla donde se sentaba el estudiante para velar los libros.

La capilla que hacía referencia al principio sería fundada en 1334 por el obispo Juan Lucero -encontramos su sepulcro en el centro de la capilla- y es conocida como de Santa Bárbara, cuyo retablo del siglo XVI se le dedica. La relación que tiene con la universidad se halla en que en sus inicios esta capilla era el lugar donde el esforzado estudiante realizaría su examen de grado, la última prueba para conseguir el ansiado doctorado. Para ello, debía pasar toda la noche encerrado en la capilla, normalmente sentado en una silla con los pies apoyados sobre la escultura yacente del Obispo Lucero, preparando la defensa de su tesina que le otorgaría el grado de licenciado, o su tesis, para obtener el doctorado. Tras velar los libros, por la mañana, entrarían los profesores que se sentarían en los bancos que hay alrededor de la capilla para discutir con él su trabajo. Y aquí encontramos el origen del dicho popular “Estar en capilla”. 

La relación entre ambas instituciones es muy estrecha y muestra de ello es que algunas capillas de la catedral sirvieron para impartir lecciones, celebrándose los grados hasta 1843 además de las tomas de posesión de los rectores hasta el siglo XIX.

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En esos sencillos asientos se sentaban los profesores. ¡La intimidación al estudiante debió de ser brutal!

Bien, volvamos a los estudiantes. Si no aprobaban el temido examen salían por la estrecha “puerta de los carros” hacia la calle de Tentenecio, tristes, cabizbajos y probablemente maldiciendo a algún profesor. Por el contrario, si tenían el “honor” de aprobarlo, se dirigían a la puerta principal de la catedral donde sus amigos le esperaban para felicitarle, y cómo no, hacer una gran fiesta. A partir de los inicios del siglo XVII (no se sabe con certeza cuándo) si el grado conseguido era el de doctor, el estudiante ofrecía un toro a sus compañeros para que lo torearan, y tras matarlo, sería la comida principal de la fiesta. Después, escribirían en una pared un anagrama hecho con la sangre del animal, almagre y barniz, con la palabra latina “Víctor” seguida de su nombre, para inmortalizar lo conseguido. El término en sí deriva del crismón del Bajo Imperio romano, utilizado en escudos y estandartes, transformándose con los siglos en el Víctor o Victorioso. Con el paso del tiempo, este “grafiti” medieval se irá extendiendo por las universidades de Alcalá de Henares, Sevilla y las de Indias, persistiendo incluso hasta nuestros días.

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Para saber más:

Catedral de Salamanca

Universidad Pontificia

Links fotos:

Ramon Bravo AlisedaPinterest; Turol JonesJosé Luis Filpo Cabana

20 comentarios en “Futuros Doctores ¡a velar los libros!

  1. Estudiar en Salamanca, portentosa Universidad; sentarse en esa silla debió ser algo fabuloso. Era el principio del comienzo de conversaciones que a menudo tendrían esos hombres de conocimiento, graduados en sus artes y ciencias del saber. Claro, sufrieron las penurias de aprender hasta graduarse y recibir autorizado título. Estar preparado sin apuros, sin vacilación irán lo más lejos que se pueda en desenredar los secretos del poder con su conocimiento. No cualquiera puede vencer ese reto de alcanzar el verdadero conocimiento. La vida les pondrá varios enemigos por delante, los naturales. Los miedos serán los primeros; aquí la mayoría se pierde, usa un garrote para espantarlos, inseguro de sus aprendizajes. Esto sucede por falta de claridad, todo se le nubla. Entonces utiliza lo aprendido, el poder de lo adquirido. O aplica las leyes naturales de la naturaleza o, ejerce el poder con albedrío caprichoso. Se necesita mucha claridad para cumplir su trabajo; caso contrario, corren el peligro de empacharse con el poder, del conocimiento. Gracias, FJ, por mostrar a futuros doctores que muchos piensan de manera terminante que sus resultados al enfrentar la vida pueden anticiparse de manera temporal. Un abrazo, apurado.

    • Hola marimbeta,
      la vida del estudiante no resultaba ser nada fácil. Dejaban la protección del hogar para dirigirse a tierras lejanas como París, Bolonia, Cambridge, Salamanca… un destino incierto cuyas penas compensaban con sus ganas de aprender y adquirir conocimiento. Su acceso era abierto a cualquiera que pudiera costearse sus estudios, siempre y cuando no fueras mujer, algo inconcebible hasta el siglo XIX. La fama de los profesores que allí impartían sus magistrales clases eran el mejor reclamo para llenarlas. Los estudiantes, asociados en “fraternidades”, unidos por su nacionalidad o por intereses comunes. Jornadas agotadoras que empezaban a las cinco de la mañana, con misa de obligada asistencia. Almuerzo a las diez y cena a las seis de la tarde. Férrea disciplina que obligaba a estar en silencio durante las comidas, sobre todo si se leía la Biblia, y prohibiciones, muchas prohibiciones como la música y los juegos. Claro está, muchos se rebelaban y más eran los que no alcanzaban sus iniciales propósitos después años de penurias y sacrificios. Aquella universidad fue la antecesora de la actual ¡qué diferente pero también qué parecida!
      Abrazo Victorioso

    • Hola Mamen,
      puedo asegurarte que así es. Entrar en la Catedral Nueva para salir después por la Vieja. Un viaje en el tiempo, un salto de varios siglos que se palpa en todo lo que te rodea. En esa penumbra religiosa, ese silencio sagrado, pasando de las altas paredes de estilo gótico tardío, renacentista e incluso barroco, al románico y gótico de la Vieja. Sí, Cervantes lo dijo en una ocasión “Salamanca que enhechiza la voluntad de volver a ella a todos los que de la apacibilidad de su vivienda han gustado”. Seguro, un lugar para repetir.
      Abrazos

  2. Pingback: Bitacoras.com

  3. Menos mal que el exámen que tomé fue escrito. No habría podido con el stress de tener a los profesores al frente preguntando. Como siempre, siempre me informas cosas tan interesantes. Me gusta lo de la V, es maravilloso pasar esos exámenes. Un abrazo, amigo.

  4. Hola Javier, me asombra todo lo que nos compartes en este post, qué interesante saber cómo era el ser nombrado licenciado o doctor en los orígenes.
    Lo de “estar en capilla” yo suponía que eran los reos que iban a su sentencia de muerte al día siguiente.
    Abrazo de luz,
    PD: Veo que estoy un post atrasada, tuve problemas personales desde el fin de semana y no sabía dónde tenía la cabeza. Al rato (si no me duermo, veré el de hoy)

  5. Francisco Javier: Se nota que eres más joven que yo porque no recuerdas que este signo se lo apropió y utilizó Franco en nuestra orrenda guerra civil. Un fuerte abrazo

  6. Hola Francisco,
    a pesar de que yo estoy muy orgulloso de mi Alma Máter, no puedo sino sentir un poco de envidia de aquellos que han estudiado en las centenarias universidades europeas,. Me encanta este tipo de tradiciones, aunque esta no la conocía. Del otro lado del charco también ñas tenemos, pero más mundanas…
    Lo importante es que este gran artículo me ha enseñado algo nuevo, y muy interesante. Te lo agradezco encarecidamente.
    Un abrazo.

    • Hola Jesús,
      el paso por las universidades marcan de una manera u otra. Personalmente lo recuerdo como unos años maravillosos en los que inicié grandes amistades y que aún perduran. Aunque pasaran muchos siglos, nuestras actuales universidades siguen manteniendo ese halo tan especial a su alrededor. Muchas horas de estudio, muchos sacrificios, pero eso no quita que tuviéramos nuestras diversiones y no solo nos han dado la base para formarnos en una profesión sino también a crecer y pensar como personas.
      Otro abrazo con nostalgia de otros tiempos.

  7. No dejo de asombrarme y agradecerte todo lo que aprendemos con tus aportaciones tan buenas y al menos para mi tan poco conocidas. Muchas veces visitamos y recorremos diversos lugares, de los que solo terminamos sabiendo una mínima parte sobre ellos.
    Gracias y un afectuoso abrazo.

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