La sordera de Beethoven ¡Aplaudid amigos, la función ha terminado!

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Una estatua basada en la máscara en vida de Beethoven.

Genio entre genios sufrió lo peor que le puede pasar a un músico: quedarse sordo. Los expertos dicen que no es necesario escuchar todas las frecuencias para poder utilizarlas a la hora de componer y Beethoven así lo hizo, siguió componiendo en su cabeza sin que su mal le impidiera seguir creando obras maestras, aunque no cabe duda de que su patología influyera en la composición.

Nació en Bonn en 1770 y su padre, un tenor que daba clases de piano y violín, sería su primer maestro. Con 6 años actuaría públicamente por primera vez (algunos dicen que tenía más edad) y con 11 comenzaría a trabajar como organista. En su época de estudiante le describen como un niño de estatura más bien baja, cabeza grande y nariz redondeada, y marcas de viruela en su cara. Su pelo oscuro y el color de su tez hicieron que sus compañeros le apodaran como “el español”.

Virtuoso del piano con 17 años viajaría a Viena, siendo alumno de Salieri, y allí desarrollaría todo su potencial artístico y genialidad, asombrando a todos. Al igual que Mozart, sería uno de los primeros músicos que sin estar al servicio de ningún príncipe o aristócrata, consiguiera vivir (o malvivir) de los encargos que se le presentaban.

La sordera

Con 26 años comenzaría a presentar zumbidos ocasionales en los oídos (tinnitus), y notaría  los primeros síntomas de sordera cuando empezaba a despuntar como compositor. La primera referencia que se tiene de la sordera data de 1801, tenía 31 años, afectándole inicialmente la capacidad de escuchar los sonidos agudos, motivo por el que empezaría a usar notas de frecuencia media y baja en sus creaciones. Consciente de ello, escribiría una carta a su médico y amigo  Franz Gerhard Wegeler datada ese mismo año…

“En el teatro tengo que estar muy cerca de la orquesta para entender a los intérpretes y desde lejos no escucho las notas más altas de los instrumentos y las voces de los cantantes. A veces también me cuesta escuchar a las personas que hablan en voz baja. El sonido que se oye es cierto, pero no las palabras. Y sin embargo, si alguien grita no puedo soportarlo”.

Al principio intentó ocultar los síntomas pero pocos años después ya usaba algodones en los oídos para amortiguar los ruidos a la vez que buscaba algún tratamiento eficaz. Beethoven pensaba que la causa de su sordera se relacionaba con los frecuentes cólicos y diarreas que presentaba, recibiendo múltiples tratamientos -todos inútiles- por los médicos que le atendían: aceite de almendras, baños tibios de agua del Danubio, hierbas para el oído…

En cuestión de doce años, de 1814 a 1826, se quedó totalmente sordo, debiendo usar trompetillas a los 42 años que poco después resultaron ineficaces por lo que solo podía comunicarse escribiendo.

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Primeros audífonos que utilizó Beethoven.

Su muerte

En sus últimos días de vida sufrió de edema en los pies extendiéndose al resto del cuerpo hasta el punto de requerir la punción de su abdomen para extraerle varios litros de líquido acumulado; ictericia; una neumonía e insuficiencia cardíaca. El 26 de marzo de 1827, coincidiendo con una premonitoria y terrible tormenta de truenos y relámpagos, moría.

Tenemos constancia de la voluntad del genial músico de que, tras su fallecimiento, sus restos fueran estudiados para determinar la causa de su enfermedad y “evitar que otros padecieran su mismo sufrimiento” y así lo hizo constar en una carta escrita por él a un amigo. Y tras su muerte, al día siguiente el patólogo Johannes Wagner y Andreas Wawruch, el médico que lo atendió en sus últimos días, realizarían la autopsia. El informe original se perdió, aunque se conserva una copia donde se puede leer que el el hígado se encontraba atrofiado, el bazo y el páncreas eran más grandes de lo normal, los riñones presentaban cálculos, las arterias auditivas se encontraban dilatadas, duras y frágiles y los nervios auditivos, adelgazados… La descripción de la autopsia no podía concluir sobre la causa de su patología auditiva.

El origen de la sordera

Se han barajado múltiples causas: una laberintitis del oído interno a consecuencia de una posible sífilis, algo que se descarta porque de lo que se conoce de su biografía -que es mucho- no hay indicios de que durante su adolescencia la sufriera ni tampoco se han encontrado restos químicos de tratamientos para la misma en el análisis de su cabello; y una neuritis acústica del oído podría deberse a la fiebre tifoidea, a la hepatitis, a una colitis, al reumatismo e incluso a una sarcoidosis, todas ellas descartadas en la actualidad.

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El análisis de un mechón del cabello de Beethoven y de un fragmento de su cráneo dieron como resultado la existencia de altas concentraciones de plomo.

Por fortuna, para poder aportar un poco de luz a esta incógnita, en aquellos tiempos todavía no existía la fotografía postmortem y los familiares de los difuntos solían cortar mechones de pelo a modo de recuerdo. Así, durante la velación del cuerpo de Beethoven, Ferdinand Hiller cortó un mechón de la cabellera guardándolo entre dos láminas de vidrio de un guardapelo. En 1977 se estudió mediante radioinmunoensayo encontrando concentraciones elevadas de plomo 42 veces superiores a la media de las muestras control, y años después, en 1995, sería adquirido por dos admiradores del músico que lo acabarían entregando a científicos reputados para su análisis. Además, el médico vienés Franz Romeo Seligmann guardó tres huesos del cráneo durante el traslado del cuerpo de Beethoven a otro cementerio de Viena. Estos fragmentos fueron analizados en el Centro de Tratamiento Pfeiffer en Warrenville (Illinois) en el año 2005 mediante espectrometría de Rayos X, detectando también trazas de plomo en el hueso parietal. Que se encontrara en el hueso demuestra que la exposición al plomo no fue puntual (se descarta el envenenamiento) sino que se expuso durante muchos años ocasionando una intoxicación por plomo crónica severa (saturnismo) que a la vez podría justificar los males que sufrió durante su vida. No debemos olvidar que en aquellos tiempos el saturnismo era algo casi endémico al encontrar plomo en utensilios de cocinas, cañerías, vajillas e incluso en el vino al agregarse para suavizar su sabor.

En conclusión…

Se puede afirmar que Beethoven sufrió una cirrosis hepática probablemente a consecuencia del alcohol y que en sus últimos días sufrió un fallo multisistémico que le ocasionaría la muerte. El hecho de encontrar en la autopsia varices esofágicas (que nunca sangraron) y el bazo aumentado, sugieren que tenía hipertensión portal. En cuanto a la sordera bien pudo ser resultado de una problema en el nervio auditivo a consecuencia de la intoxicación por plomo, algo que todavía sigue siendo discutido al no encontrarse todavía una evidencia lo suficientemente sólida que lo confirme.

Aunque la intoxicación por plomo en los músicos no es más frecuente que entre la población general, hay profesiones como los pintores que eran más propensos a padecerla por el elevado contenido en plomo de los pigmentos que utilizan en sus pinturas. Lo que está claro es que no podemos atribuir la sordera a la música -la progresión habría sido más lenta que la que sufrió- sino a una enfermedad. Los especialistas calculan que en la actualidad más del 40% de los músicos acaban teniendo alteraciones más o menos severas en su audición que, dependiendo del instrumento que tocan, puede afectar más un oído que otro. Así, los violinistas se vuelven más sordos del oído izquierdo que del derecho al encontrarse el instrumento más cerca de este lado. Un consejo: si alguno de vosotros os dedicáis a la música debéis tener presente este hecho y siempre podéis adquirir unos tapones expresamente diseñados para vosotros que reducen la intensidad del sonido sin afectar a la calidad del mismo.

Como dijo el genial compositor al presentir el final de sus días… ¡Aplaudid amigos, la función ha terminado!

Información extraída de diversas fuentes destacando el artículo “Sordera, tragedia y muerte de Ludwig van Beethoven” del Dr. Darío Morón Díaz en la Revista MEDICINA Vol.30 N 3 (82) Sep. 2008

Link foto:

biografiasyvida.com

23 comentarios en “La sordera de Beethoven ¡Aplaudid amigos, la función ha terminado!

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  2. Me pareció sumamente interesante tu escrito. La intoxicación por plomo ha afectado y afecta a muchas personas en mi país. Por los terrenos contaminados, y por las viejas cañerías; sobretodo en los niños, trayéndole múltiples problemas.
    .Creo que la sordera puede ser hereditaria. Por por parte de la familia de mi madre te diría que sí, y a edades tempranas.Estoy equivocada en mi comentario ?
    Un abrazo desde el cálido sur.

    • Hola Stella,
      la sordera se la conoce como la “discapacidad silenciosa” por ser más frecuente de lo uno podría pensar. En lo que refieres de los casos de tu familia materna debemos tener presente que gran parte de los niños sordos nacen en familias que no presentan casos de sordera y que la sordera que aparece en los primeros años de vida (sordera congénita) se presenta en 5 de cada 1000 niños, es decir, es la anomalía congénita más frecuente.

      La mitad de las sorderas son hereditarias (se conocen más de 80 genes que la causan de manera aislada), un 25% de causa indeterminada y otro 25% de causa adquirida. Y es en este último grupo donde más podemos actuar al evitar la ingesta de algunos medicamentos que la madre tomó durante el embarazo (estreptomicina, gentamicina, furosemida, quinina…), o las infecciones virales (rubéola, citomegalovirus, sífilis, toxoplasma…) y en las asociadas a malformaciones craneofaciales. Otro punto a tener presente es que la prematuriedad extrema (de la que ya hablé en alguna ocasión en el blog) también puede producirla. Ya ves pues que causas hay muchas, y frecuente lo es también.
      Abrazos (un poco más frescos) 😉

  3. Muy buena entrada Francisco. Gracias por compartir todos estos datos de este genial músico.
    Una cosa….¿no hay una errata en las fechas que das de 1995 y 1977?
    Saludos, Juan.

    • Hola Juan,
      según tengo referenciado las fechas son correctas aunque puede que la redacción de a confusión (la modificaré). En diciembre de 1995 el urólogo Alfredo Che Guevara y el promotor inmobiliario Ira Brilliant (los dos admiradores que hago referencia) obtuvieron los cabellos entregando parte a la Facultad de Medicina de la Universidad de Arizona en Tucson para analizarlos, quedándose con el 27% de ellos y donando el resto (unos 422 pelos que miden entre 7 y 15 cm.) al Centro de Estudios de Beethoven de la Universidad de San José, en California
      Pero antes de 1995 ya se habían hecho estudios científicos de los cabellos aunque no tan fiables por no disponer de los medios adecuados todavía, como el que hago referencia de 1977 realizado por Werner Baumgartner, un austríaco de la Psychemedics Corporation de los Ángeles que los analizó con una técnica creada dos décadas antes, el radioinmunoensayo.

      Como curiosidad decir que posteriormente se realizaron otras subastas de algunos de sus cabellos alcanzado un mechón la cifra de 11.400 euros y en la misma subasta, otro mechón, este de Mozart, se vendió en Londres por… ¡49.100 euros!

      Un saludo y te agradezco la observación, de veras.

  4. Siempre ha sido para mí un misterio la sordera de Bethoven. Casi una fantasia que pudiera continuar su Carrera sin poder escuchar lo que componía. Pobre hombre!!! Era como vivir sin vivir. Gracias por compartir esta historia, Francisco Javier. Un abrazo.

    • Hola Melbag,
      es algo difícil de comprender para todos los que no tenemos conocimientos de música y solfeo ¿Cómo alguien puede componer música sin el sentido de la audición? Pero en el caso de Beethoven es algo que maravilla que creara obras tan maravillosas. La mente y la genialidad de algunas personas es increíble.
      Abrazos y que pases un buen día.

      • Sobretodo el deseo de superarse, de seguir haciendo lo que le gustaba y sabía hacer guiándose por el recuerdo de cómo sonaban las notas. La verdad que es de maravillarse. Abrazos para ti también.

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