Cómo curarse del “fuego del infierno” haciendo el Camino de Santiago

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La Tentación de San Antonio (Retablo del altar Isenheim), de Matthias Grünewald (1515 aprox.) Óleo sobre tabla 269x307cm. Museo Unterlinden (Colmar).

Durante la Edad Media los peregrinos realizaban su travesía a Santiago de Compostela por motivos muy diversos, entre ellos encontramos a los que lo emprendían para purgar sus pecados o como un castigo impuesto por la Iglesia por determinados delitos que, según su gravedad, la duración y distancia a recorrer podía ser variable e incluso, en el peor de los casos, debían arrastrar cadenas o ir desnudos.

En ocasiones, no pocas, lo hacían para curarse de un terrible mal más horrible y lesivo que la propia lepra, y así podíamos encontrar hombres y mujeres que presentaban alucinaciones, convulsiones y una severa vasoconstricción de sus arterias que les conducían a la necrosis de los tejidos y la posterior gangrena de sus extremidades. Lo extraordinario del caso era que, cuando la enfermedad no se encontraba avanzada, muchos sanaban en el camino a Santiago, ¡todo un milagro!

Probablemente, para muchos esta sea la primera vez que oigáis de este mal y es por eso que me gustaría mostraros la pintura de arriba. Se conoce como Retablo de Isenheim, fue pintado a principios del siglo XVI y en él podemos apreciar en una de las escenas las tentaciones de San Antonio. Muchos interpretan que el pintor quiso representar la alucinaciones que presentaban estos enfermos mostrando al santo rodeado de monstruos y terribles animales a modo de pesadilla fantástica. Pero si nos fijamos bien, entre los personajes encontramos uno que se retuerce de dolor por los espasmos y las aparatosas lesiones que presenta en la piel, se trata de una víctima del “fuego del infierno”.

La enfermedad también se conocía como “fiebre de San Antonio”, “fuego de San Antonio” y en la actualidad con el nombre de ergotismo. Desde el siglo IX se sucedieron en Europa diversas epidemias de dicha enfermedad afectando especialmente en los climas húmedos del este de Francia, Rusia y Alemania, ya que el centeno era consumido por la gente pobre, especialmente durante las hambrunas, algo que las clases acomodadas sufrieron mucho menos al alimentarse principalmente de pan de trigo. A finales del siglo XVI se descubrió que la ocasiona la ingesta de pan amasado con harina de centeno -menos frecuentemente la avena, el trigo y la cebada-, contaminado por el cornezuelo del centeno (Claviceps purpurea), un hongo que produce diversas toxinas, entre ellas, el ácido lisérgico, un precursor del alucinógeno LSD.

La enfermedad se presenta bajo dos manifestaciones: la forma gangrenosa y la convulsiva, aunque en ocasiones se daban las dos a la vez. En la primera, se iniciaban los síntomas con una sensación de intenso y repentino frío en brazos y piernas, que después pasaba a ser un intenso quemazón junto con la aparición en la piel de un característico color azul negruzco junto con vivos colores como el fuego sagrado (ignis sacer) o fuego de san Antonio. Pocos de los que sobrevivían a su progresión se libraban de severas amputaciones, que en muchos casos eran de las cuatro extremidades.

En su forma convulsiva, los primeros síntomas se iniciaban con una sensación de pesadez en la cabeza y en las extremidades acompañadas de diarrea, así como parestesias como “si tuviesen insectos corriendo bajo la piel” que en ocasiones eran tan dolorosas como “si clavaran agujas”. Después aparecían las convulsiones y la dolorosa rigidez que podía durar minutos u horas.

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Si afectaba a mujeres embarazadas irremediablemente les provocaba que abortaran y existía una variante en la que el paciente sufría de intensos dolores abdominales que terminaban por provocarle la muerte súbita. Los chinos ya lo utilizaban para contraer el útero de las mujeres y así evitar las hemorragias que se producían tras el parto, y se especula que en los juicios de las brujas de Salem, en 1692, en Massachusetts (Estados Unidos) algunas de las jóvenes consumieron centeno contaminado presentando ergotismo en su forma convulsiva.

Sus intoxicaciones se volvieron tan frecuentes que se crearon hospitales específicos para atender a esos enfermos fundándose en Francia en 1093 la orden de San Antón, de la que en España se fundarían dos Preceptorías Generales, una en Olite (Navarra) y otra a 40 kilómetros de Burgos, en Castrojeriz, cuyas ruinas todavía pueden ver los peregrinos que por allí pasan. Los frailes de la orden de San Antonio llevaban un hábito oscuro con una gran T azul en el pecho -que podría aludir a las muletas que solían portar los enfermos- y se dedicaban exclusivamente a su cuidado.

El pensamiento de la época lo explicaba como un castigo por los pecados cometidos y para librarse del fuego de San Antonio no hacían otra cosa que rezar y colgarse amuletos. Pero en este caso, sí se podía hacer algo que resultara realmente sanador: peregrinar a Santiago de Compostela. Claro está, mientras hacían el camino el enfermo dejaba de comer pan de centeno contaminado sustituyéndolo por el pan de trigo candeal que les ofrecían los monjes. Sanaban cuando la enfermedad no se encontraba muy avanzada y encontramos numerosas muestras en el arte románico a modo de agradecidos exvotos.

Investigaciones del siglo pasado han ayudado a identificar los distintos alcaloides que contiene el hongo y a descubrir sus efectos. Así, en la actualidad se utiliza la ergotamina, la sustancia vasoconstrictora que producía el ergotismo gangrenoso, en el tratamiento de las migrañas, y la ergometrina, para hacer involucionar el útero tras el parto y disminuir las hemorragias. El peligro que nos encontramos hoy en día es que del Claviceps purpurea se extraen sustancias psicoactivas como el ácido lisérgico y sus derivados (LSD), que causan alucinaciones y alteración del estado mental que, aunque bien pudo ser la causa de injustas acusaciones de brujería en el pasado, hoy son drogas que se consumen provocando graves secuelas en el organismo.

En la actualidad los casos de ergotismo son poco frecuentes, y no sé si en este mal el apóstol Santiago intercedía por los afectados, pero San Antonio y el hecho de dejar de comer ese tóxico pan, fueron determinantes para la curación.

Para saber más:

Visita virtual al Retablo de Isenheim

Monasterio de San Antón

23 comentarios en “Cómo curarse del “fuego del infierno” haciendo el Camino de Santiago

  1. Pingback: Bitacoras.com

  2. Ver la Tentación de San Antonio plasmado en un retablo de seis lados, es ver un retrato íntimo de la agonía por la que hubo que pasar ese santo en tan dura prueba de locura imaginativa. Gracias, FJ, por mostrar en un cuadro el análisis profundo de una enfermedad que afecta a millones de personas. Un abrazo, incomprendido.

    • Hola marimbeta,
      la cara de ese pobre diablo lo dice todo… Por el FB un amigo me dejó un comentario en el que decía que si había una época de otros tiempos en la que le gustaría vivir sería cualquiera posterior a los antibióticos. ¡Cuánta razón!
      Abrazos sanos

  3. Alucino como en aquellas épocas las personas carecian de criterio propio y de cultura, de lo cual la iglesia y los grandes poderosos que eran los divulgadores de aquellas ideas, para tenerlos sometidos a sus deseos. Por desgracia sigue habiendo gente de esos “dos partidos”. Ignoracia y poder.
    Un abrazo…

    • Hola Rosa,
      dicen que cuando la ignorancia es felicidad, es una locura ser sabio. Probablemente no existiría ninguna tiranía si desapareciera la incultura, pero ya sabemos…
      Abrazos y espero que levantes el vuelo ¡Ánimos!

  4. Una buena estrategia: enfermas por comer ese pan, haces el camino mientras comes de otro tipo y….¡tachán! curado….pero atribuyendo el mérito al propio Camino y sus propiedades divinas.

    A veces me pregunto cómo es posible que no acabásemos extinguidos como los dinosaurios….

    Gracias por compartirlo.
    Saludos, Juan.

    • Hola Juan,
      dejando a un lado esta “estrategia”, hacer el Camino de Santiago en nuestros tiempos es una experiencia única que desde aquí me atrevo a recomendar a todos. Además, seguro que con ergotismo o sin él, nos puede ayudar en muchos aspectos de nuestra vida.
      Otro saludo y gracias por comentar.

      • Ya ya…una cosa no quita la otra.
        Solo comentaba los aspectos que llevaban a hacer el Camino en la Antigüedad y tú comentas en el artículo.

  5. Pingback: Santiago de Compostela. La peregrinación jacobea (o xacobea) | OTRAS MIRADAS

  6. Amigo Francisco Javier: Las secuelas del ácido lisérgico no han sido demostradas. Se conocen estados de consciencia alterados por este producto de gran eficacia en terapias psicológicas. Otra cosa es el abuso y las adulteraciones de un mercado negro ocasionado por las absurdas prohibiciones legales. Existe una notable bibliografía al respecto. El cornezuelo tiene, efectívamente otros alcaloides muy peligrosos.

    • Hola Carlos,
      según tengo entendido, corrígeme si estoy equivocado pues no es mi especialidad, la LSD no sería una droga adictiva a diferencia de otras como la heroína, las anfetaminas, el alcohol, la cocaína e incluso la nicotina, no obstante, produce tolerancia a su principio activo, la dietilamida del ácido lisérgico de tal forma que su consumo repetido hace que se deban incrementar la dosis para conseguir el mismo efecto. Imagino que aunque no crea adicción, el peligro de su consumo radicaría en su impredecible naturaleza y como bien dices, en su abuso y adulteraciones.
      Un saludo y te agradezco el apunte.

  7. Gracias Francisco,por tan interesantes articulos.Pero bueno ya se seguirán descubriendo nuevos antídotos para curar enfermedades actuales o nuevas,o ya sea por que estamos en el camino de la extinsión o de la supervivencia…Pero de alguna manera trascendiendo. Saludos…Lindo fin de semana 🙂

    • Hola Laura,
      en un futuro no muy lejano las enfermedades cambiarán. Probablemente desaparecerán algunas que ahora lastran a la humanidad como el SIDA y el cáncer, pero vendrán otras desconocidas hasta la fecha. Aunque soy optimista, el ser humano en ocasiones, solo en ocasiones, es muy inteligente…
      Un abrazo y buen inicio de semana 😉

  8. Una vez más muchas gracias por darnos a conocer tantas cosas, o ayudarnos a profundizar en otras de las que tenemos algunos conocimientos.
    Desde luego como todas las épocas, tendrá también su parte buena, pero la edad Media siempre se antoja oscura, llena de superticiones y como no, dominada por la iglesia, reyes absolutistas con todo poder de decisión sobre la vida y muerte de sus súbditos , grandes epidemias, en fin no digo que ahora no tengamos lo nuestro, que en “todos lados cuecen habas” como se suele decir, o también puede que yo tenga una mala impresión de aquella época, que desde luego no me hubiese gustado vivir.
    De nuevo gracias y saludos Francisco Javier.

    • Hola Azahara,
      yo soy de los que piensan que en todas las épocas de la Historia se han dado situaciones horribles, a cuál peor, y en la actualidad no nos salvamos de ello. Puede que en los países “desarrollados” quede enmascarada esa terrible realidad pero basta solo con encender el televisor o leer la prensa de cualquier día para comprobarlo. ¡Horrible! De todas formas, si hay una época en la que por nada del mundo me trasladaría esa sería la de mediados del siglo XIV en la que la Peste Negra, la Guerra de los Cien Años y el Gran Cisma de Occidente fueron los culpables de la muerte y el caos que sobrevino a Europa.
      Saludos y gracias a ti siempre.

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