Santa Teresa y la Casa de Alba

Teresa_de_Jesús

Fray Juan de la Miseria pintó este lienzo que se considera el más fideligno al realizarlo con la santa delante (1576)

Puede parecernos extraño que una santa tan austera y sencilla como santa Teresa de Jesús, mantuviera estrecha relación con una de las dinastías nobiliarias más ricas y poderosas de su época, la Casa de Alba, pero ese vínculo resultaría importante en su labor fundadora y se mantendría hasta los últimos días de su vida.

Tanto sus primeros años de vida como su juventud no están bien documentados, y coinciden con la política abierta y expansiva de la España imperial de Carlos V. Será a partir de 1558 que comenzará su etapa de madurez emprendiendo la reforma de la Descalcez en el momento que España mantiene su hegemonía en el mundo, en unos tiempos de represión y con los inicios de la Contrarreforma.

La santa buscará la protección real de Felipe II ante la Inquisición y la defensa de su orden, teniendo constancia de tres cartas escritas de su puño y letra dirigidas al monarca, no obstante, es probable que Felipe II nunca las leyera, sino sus secretarios. Así pues, no se puede constatar que existiera una comunicación real entre la monja y el rey. Donde sí encontró apoyo y mecenazgo fue en la Casa de Alba.

Bañada por el río Tormes, a pocos kilómetros de Salamanca, se encuentra Alba de Tormes, una villa ligada a la Casa de Alba desde que el rey Juan II de Castilla se la entrega en 1429 al obispo Gutierre Álvarez de Toledo. Heredado el señorío por su sobrino Hernando Álvarez de Toledo, a quien Juan II convierte en Conde de Alba de Tormes en 1438, con su hijo, García Álvarez de Toledo, el título se eleva a ducado, convirtiéndose en 1472 primer Duque de Alba por el rey Enrique IV de Castilla. Será a través de Juana de Ahumada, hermana de santa Teresa, y de su esposo, Juan de Ovalle, ecónomo del Duque de Alba, que la santa comenzaría a relacionarse con D. Fernando Álvarez de Toledo, el Gran Duque de Alba, y sobre todo con la duquesa de Alba, María Enríquez de Toledo.

Será en sus últimos años de vida que esta protección se hará más evidente al llegar con san Juan de la Cruz a Alba de Tormes para iniciar el proyecto de su octava fundación, en 1571. Serán en este caso los contadores de la Casa Ducal, Francisco Velázquez y su mujer Teresa de Laiz, los que emprendieron el proyecto con tal entusiasmo que llegarían a donar los terrenos en los que se encontraba su propia casa.

Decía que la relación entre la santa y la Casa de Alba también fue determinante en sus últimos días de vida…

(…) sintiendo cerca el momento de su muerte iba camino de su ciudad natal, Ávila, pero no dudó en acudir a la llamada de la Duquesa, que la reclamó para que asistiera el nacimiento de un nieto -quien moriría poco tiempo después-. Llegó al atardecer del 20 de septiembre (el día anterior había parido la duquesa), pero su salud empeoró debiendo permanecer en cama en el convento, al conocer que ya había nacido el niño exclamó “¡Bendito sea Dios que ya no será menester esta santa!”. Así pasaron quince días y el 4 de octubre de 1582 a las 9 de la noche, fallecería en una celda del monasterio de las MM. Carmelitas, mientras sonaban las nueve campanadas.

Fue enterrada entre las dos rejas del coro bajo, para después trasladarse a S. José de Ávila durante nueve meses y luego regresar a la Iglesia de su convento de Alba. Tras pasar por otras localizaciones, en la actualidad se puede ver su sepulcro con su cuerpo incorrupto en la iglesia de la Anunciación de Alba de Tormes en una urna del siglo XVIII realizada con el patrocinio real y a ambos lados su corazón y brazo izquierdo.

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Corazón de santa Teresa de Jesús.

Para saber más:

Genealogía de la Casa de Alba

Santa Teresa y Felipe II, artículo de Mª Pilar Manero Sorolla

Cartas de la santa madre Teresa de Jesús

Huellas de Teresa

Carmelitas Descalzas-Alba de Tormes

11 comentarios en “Santa Teresa y la Casa de Alba

  1. Pingback: …(…)…”¿cómo esta comunidad que habían recibido la fe no conocía el Espíritu Santo”…(…)…[*] – AleMaraGomezCejas

  2. Siempre conviene prepararse para lo peor. ¡La muerte! La célebre frase de la Duquesa “Bendito sea Dios que ya no será menester esta santa”, refleja que no se puede mentir más de la cuenta por falta de fantasías. Gracias, FJ, por mostrar que muchas, de las veces, también la verdad se inventa… parodiando a Machado. Abrazos, con esas nuevas que trae el Alba, inconfundible.

    • Hola marimbeta,
      con tu permiso te contestaré con una frase de Santa Teresa de Jesús que pienso deberíamos tener presente siempre y más en los tiempos que corren: “Busquemos siempre mirar las virtudes y cosas buenas en los otros y cuando veamos sus defectos, mirarlos con la humildad de tener presente nuestros grandes pecados… y en la duda, es mejor tener a todos por mejores que nosotros…”.
      Profunda y necesaria, sin duda alguna.
      Un humilde pero sincero abrazo

      • Ya se que no se estila poner el foco en lo bueno en vez de en lo malo… cuanto menos te tachan de ingenuo. Gran frase la de Santa Teresa. Gracias por mostrárnosla.

    • Hola astolgus,
      con tu comentario me das pie a contar algo curioso respecto a sus reliquias. La duquesa de Alba y otros, pensaron que su cuerpo debía quedarse en Ávila, pero unos meses después de morir la santa, Jerónimo Gracián, superior del Carmelo, pide ver el cuerpo, comprobando que aunque olía mal, permanecía intacto. Es entonces que lo descuartizan para hacer reliquias, distribuyendo la mano izquierda para las carmelitas de Lisboa y el dedo meñique quedándoselo el propio Gracián. Tras hacerse público el descuartizamiento, comienzan las luchas por hacerse con una reliquia de su cuerpo con la condición de que la autoridad carmelita se quedara con la mayor parte del mismo, encontrándose en la actualidad sus reliquias repartidas por toda España y fuera de ella.
      En referencia a lo que dices, la mano izquierda que se llevó el padre Gracián a Lisboa, regresaría a España a principios del siglo XX permaneciendo en el Carmelo de Ronda hasta que, tras el golpe militar de Franco, en 1936, un general, Villalba Riquelme, lo esconde, regalándoselo a Franco que se lo lleva al Pardo, no separándose nunca de él. En realidad no es el brazo, sino la mano sin el meñique. Tras la muerte de Franco, su viuda entrega la reliquia al arzobispo de Toledo quien lo restituye al Carmelo de Ronda, donde sigue.
      Abrazos y una interesante observación.

      • Francisco, lo interesante es leer tu acotación sobre la reliquia. Yo había oído campanas pero, como siempre, eres conocedor y experto comunicador y si quisiera ver la mano, que no brazo, iría al Carmelo de Ronda pero va a ser que no, gracias, por aquí tenemos las reliquias de los Mártires de Santa Engracia y me extrañaría mucho que no nos escribieses algo sobre ellos.

  3. «No me mueve mi Dios para quererte
    el cielo que me tienes prometido,
    ni me mueve el infierno tan temido
    para dejar por eso de ofenderte».

    Una mujer muy sabia, por cierto.

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