El castillo de Wartburg, un lugar donde la historia no tiene fin

Castillo de Wartburg

Hace unos días, Enrique Payá, seguidor de este humilde blog, se puso en contacto conmigo en una red social para explicarme algo que encontré sumamente interesante y que pensé en compartirlo con su permiso. En el texto que me envió me decía que tras leer el post que dediqué hace ya un tiempo al castillo de Neuchwanstein, inspirador de los castillos de Disney, este, a su vez, se inspiró en otro que tiene mucha Historia a sus espaldas, me refiero al castillo de Wartburg. Aquí transcribo su más que interesante aportación, seguro que la disfrutaréis igual que hice yo.

Este verano estuve en la ciudad alemana de Kassel. Quería visitarla entre otras cosas por contemplar el castillo de Löwenburg. Y en efecto, estuve ahí. Pero una vez allí comprobé que no era un castillo medieval auténtico. Había sido construido en 1793 por encargo de Wilhem I de Hessen-Kassel. O sea, que en los tiempos de Luís II, la moda de hacerse castillos de recreo no era nueva. Löwenburg, (“la fortaleza de los leones”), es uno de los más tempranos exponentes del estilo neogótico.

El castillo de Wartburg

Inspiró a los constructores de Neuschwanstein, pero su historia es mucho más interesante. Wartburg es realmente un “hohes Schloss” (un castillo elevado) erigido por su utilidad militar a mediados del siglo XI, en plena época feudal, sobre un precipicio de más de 400 m. Fue la sede de los Landgraves de Turingia hasta el siglo XV, y, alrededor de 1207 se convirtió en un centro cultural cortesano, el lugar de celebración de los “Sängerkrieg”, el concurso de trovadores, en el que participaban los Minnesänger, uno de los más famosos de los cuales fue Tannhäuser, a mediados del siglo XIII, personaje histórico real sobre el que se sabe realmente bastante poco, pero que sería posteriormente inmortalizado en la conocida ópera de Wagner.

Pero probablemente el hecho por el que más conocido es el castillo de Wartburg es porque durante unos meses alojó, y sirvió de lugar de acogimiento y santuario, a un huésped clandestino que iba a tener un papel clave en la historia europea de los siglos siguientes: Martin Lutero.

La estancia de Lutero 

Estuvo muy cerca de compartir el triste destino de Jan Huss, Savonarola y otros disidentes que criticaban el comportamiento de la Iglesia Católica en aquellos siglos. En el apogeo del revuelo causado desde que colgase sus 95 tesis en la puerta de la Universidad de Wittemberg -revuelo provocado en gran medida por el invento de Gutenberg-, Lutero fue convocado a la asamblea de príncipes del Sacro Imperio que se celebraría en la ciudad libre de Worms, bajo la presidencia del joven emperador Carlos V de Alemania y I de España. Ciertamente, existiendo el antecedente de que Jan Huss hubiese sido prendido y ejecutado por el poco considerado método de convertirlo en un churrasco viviente, a pesar de tener salvoconducto, en el Concilio de Constanza un siglo antes, era poco de esperar que Lutero accediese a asistir a una reunión similar.

Una dieta, (Reichstag) imperial era un terreno más neutral, y Federico III consiguió un salvoconducto convincente. Sabemos todos que Lutero acudió y no se retractó de sus 95 tesis ni de sus libros, y que, en virtud del salvoconducto, su vida e integridad debían ser respetadas durante los 20 días de vigencia de éste.  

Después, entraría en vigor el Edicto de Worms, según el cual:

(…) por esta razón prohibimos a cualquiera de este tiempo que se atreva, ya sea por palabras o por hechos, a recibir, defender, sostener o favorecer a dicho Martín Lutero. Por el contrario, queremos que sea aprehendido y castigado como hereje notorio, como él se merece (…)

Teóricamente, Lutero tenía garantizado el regreso a casa o a un sitio donde pudiese ponerse “a salvo” (realmente una seguridad muy relativa). Pero nada lo ponía a salvo de intentos subrepticios de asesinato en cualquier camino rural. El príncipe de Sajonia, Federico III, astutamente lo “secuestró” a su paso, cerca de Eisenach, y lo retuvo escondido de incógnito en el Castillo de Wartburg, donde permaneció tres meses bajo el pseudónimo de “Doncel Jorge”, y en ese tiempo tradujo el nuevo testamento del griego al alemán.

La habitación de Lutero en el castillo de Wartburg.

Esta traducción, la “traducción de Septiembre” fue impresa y publicada, y se convirtió en uno de los primeros -si no el primer- “best seller” de la historia. En casi todos los hogares llegó a haber una.

Con una biblia en casa, y además en el propio idioma, cualquier ciudadano o campesino podía leerla, algo hasta entonces solo accesible a los clérigos y personas que dominasen el latín, interpretarla y opinar sobre ella. Esta libertad religiosa y empoderamiento de las clases sociales que habían estado sometidas a la Iglesia, era coherente con todo el planteamiento doctrinal de Lutero, según el cuál, la relación entre los hombres y la divinidad podía -y debía- ser personal e íntima, sin intermediarios eclesiásticos cuyos intereses reales habían llegado a ser muy cuestionables.

Biblia de Lutero de 1534

Más aún: El resultado no pretendido fue que el alemán de Lutero cristalizase en lo que se conoce “hoch Deutsch” (alto alemán), el alemán académico actual. Todavía hoy en sitios como Colonia pueden encontrarse en establecimientos turísticos postales humorísticas en las que reza: “Wir können alles ausser hoch Deutsch” (Podemos hacer todo, excepto hablar alto alemán).

No es de extrañar que en siglos posteriores Wartburg se convirtiese en un sitio de peregrinación para mucha gente. El hecho de que Johan Sebastian Bach naciese unos siglos después en la población cercana añade atractivo al sitio.

Celebración de una victoria 

En 1817, cerca de 450 estudiantes alemanes se reunieron en el castillo de Wartburg para celebrar la victoria sobre Napoleón, condenar el conservadurismo y hacer una llamada en pro de la unidad alemana. Este acontecimiento se repetiría en 1848, siendo ambos eventos considerados como seminales en la unificación alemana. Mi opinión personal es que muchos, todavía echamos de menos los tiempos anteriores, los del sacro imperio, una organización política muy laxa y además electoral que había durado cerca de 1000 años, y a la que Napoleón había puesto fin en 1806.

En los tiempos anteriores el suelo alemán había sido un riquísimo y apasionante tapiz de microestados y ciudades libres que había alumbrado muchos de los mayores avances científicos y culturales de la civilización occidental. En mi opinión, el trauma bélico napoleónico tendría consecuencias en la forma alemana de sentir su propia nación. Y esa ansiedad de unidad política y solidez militar para no ser víctima de invasiones como la francesa, terminaría conformando los dos últimos siglos de la historia, con episodios ciertamente no tan dignos de celebración, como los regímenes de Bismarck y de Hitler.

Pero los 1000 años anteriores, desde los tiempos de Carlomagno y de Otón I fueron realmente una época de ensueño…

Colaboración de Enrique Payá

Links fotos:

Thomas doerfer Dick107~commonswiki

17 comentarios en “El castillo de Wartburg, un lugar donde la historia no tiene fin

  1. Hola Francisco, la inmensa mayoría de los castillos en el Europa (los que hay en USA son comprados y llevados allí piedra a piedra como tú bien sabes) son construcciones en alto para ver la estela de polvo de las tropas que venían a conquistarlo; protegían al territorio visible de ciudades y pueblos; solían tener un recinto amurallado detrás para la población de guerreros y sus familias; agua en pozos o arroyos… Y en España tenemos una colección impresionante de ellos por su número, su conservación y, por supuesto, su valor histórico. Las Torres de Observación más sencillas, numerosas en rededor de los castillos debe haber cientos aunque su conservación es pobre y desigual debido a su falta de atractivo turístico.¡Anda, Francisco, contesta otro día más extensamente con tu know how!

    • Hola Astolgus,
      … y no solo por los magníficos castillos que aún pueden verse en pie, por cualquier parte de la geografía de nuestro país podemos apreciar lo que dices. En lo alto de muchos cerros, ruinas de cientos de castillos (si no, miles) que en su momento fueron protagonistas de la historia local del territorio. Es algo que siempre me llama la atención ver cuando cojo el coche y hago kilómetros por carretera. Particularmente hay uno que visito de vez en cuando y que afortunadamente se está restaurando (aunque más lentamente de lo que uno quisiera), me refiero al castell de Montclús, también conocido como Castillo de los Moros, situado en las estribaciones del Montseny sobre la llanura de Palautordera, erigido entre los siglos XI y XII.

      Foto de Antoni Grifol

      Saludos y siempre un placer contestar comentarios tan interesantes como los que siempre aportas. 😉

      • Yo tengo uno muy bien conocido porque tenía un ayudante de Ayerbe y hemos ido y visitado el Castllo de Loarre cuando no había visitas guiadas y turismo a gogó. En este castillo creo que se ha rodado o se va a rodar un episodio de Juego de Tronos. Desde luego está fenomenalmente conservado y cuidado. Hay una ruta de castillos por esta mi región aragonesa que merece una visita (¡con sus correspondientes comidas!)

  2. Qué de historias curiosas nos traes! Los castillos son tan atractivos, misteriosos e imponentes que siempre apetece conocer lo que pasó en ellos y quién estuvo ahí.

    • Hola Bea,
      ¿verdad que sí? A mí siempre me pasa cuando llego a uno de ellos. Te embarga esa sensación de pensar que siglos atrás, por ese mismo suelo que uno pisa ahora, en ese mismo lugar, sucedieron historias que ya pertenecen al pasado pero que son también una parte de nosotros..
      Saludos

  3. El principal problema de Lutero fue rechazar toda filosofía al presentar su nueva metafísica y, querer presentar su propio sistema filosófico contrario al catolicismo. Una manera de mostrar su sentimiento estético, contrario al juicio teorético que conoce científicamente el objeto.y, además, del juicio práctico productor del objeto. Por ello y, por mucho conocimiento y mucha volición mostrada, se quedó en puro sentimiento. Los tiempos cambian. Después de muchos siglos, su grey crece en el mundo, separada de su origen. Gracias, FJ, por recordar estos castillos para armar. Abrazos complacientes, muy interesados

    • Hola marimbeta,
      Albert Einstein dijo en una ocasión que había una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica, LA VOLUNTAD. De esto último, Lutero, tuvo mucha ¿no crees?
      Abrazos voluntarios

    • Hola melbag,
      debo reconocer que es la primera colaboración que publico en el blog, pero me pareció tan interesante que no pude evitar hacer otra cosa que compartirla. Repito, Enrique, mil gracias nuevamente.
      Un abrazo

    • Hola libreoyente,
      doy fe de que hay gente maravillosa por las redes sociales. En ocasiones, como en este caso con Enrique, las ganas de historia, la pasión que pone en su escrito, demuestran lo primero. En este artículo hice una excepción en el blog y no pude hacer otra cosa que publicar su escrito del que todos aprendemos.
      Un saludo

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