Las crisis nerviosas de Lutero

Imagen de “Amanecer: Lutero en Erfurt”, de Joseph Noel Paton (1861), que representa a Lutero descubriendo la doctrina de la justificación por la fe.

Sabemos que en el año 1505, a la edad de 21 años, Martín Lutero sufrió una experiencia que le cambiaría su vida para siempre. Un día, mientras regresaba a casa de sus padres le sorprendió una terrible tormenta a medio camino y la fatalidad quiso que un rayo le cayera a su lado, por fortuna, sin consecuencias. Espantado y angustiado prometería que si salía con vida de esa situación se haría monje e ingresaría en el monasterio de su ciudad, Érfurt, y como todos sabemos, cumplió su promesa. A lo largo de su vida sufriría de continuas fases de melancolía y desaliento, experiencias de duda y desesperación, pero para muchos no eran otra cosa que consecuencia de la depresión que padecía.

Las crisis

Desde los 27 años, sino antes, sufría de zumbidos en los oídos, que según él mismo explica eran debidos al mismísimo diablo.

Estoy torturado por un ruido y un zumbido en el oído, como si en mi cabeza corriese viento. El diablo no es ajeno a esto. No sabéis lo horrible que es este vértigo: todos los días me ha resultado imposible leer una carta y aun dos o tres líneas de los Salmos. Al cabo de esos tres o cuatro días, recomienza el ruido y casi me caigo del sillón.

(…) ninguna medicina del mundo puede curarla (…) Todos los médicos que intentan curar esas enfermedades, como si provinieran de causas naturales, son imbéciles ignorantes. No conocen nada, ni del diablo ni de sus obras”.

Pero esto no evitaba que faltara a una lección o a un sermón y su fecundo trabajo y las miles de páginas que escribió son prueba de ello, de hecho, Lutero se alegraba al pensar que esos ataques de mareo y el ruido que escuchaba por uno de sus oídos era la manera en que Dios se comunicaba con él.

Con cuarenta años ya cumplidos estas crisis se agravarían y el 22 de abril de 1527, mientras predicaba en la iglesia, un fatal vértigo le impediría terminar su sermón. Dos meses después, mientras cenaba con unos invitados, cayó desmayado por los fuertes pitidos que sentía en su oído izquierdo. Ya en la cama temió por su vida.

La repentina muerte del teólogo alemán ha sido protagonista de encendidos debates que van desde la muerte natural hasta el suicidio. Probablemente nunca sabremos a ciencia cierta cuál fue la causa exacta, puede que finalmente una neumonía sea la más probable, pero sus escritos y cartas nos muestran los males que sufrió a lo largo de toda su vida.

Así podemos ver como escribe a Julius Jonas en 1528, e incluso antes, en 1522, a su amigo Philipp Mélanchton, explicándoles sin ningún tipo de reparo el estreñimiento que le afectaba.

El Señor me ha destinado un gran dolor en el trasero; mis deyecciones son tan duras que tengo que hacer esfuerzos dolorosísimos hasta el punto de sudar. Ayer he ido al sillón, después de cuatro días; así no he dormido en toda la noche”.

La enfermedad de Ménière

En los últimos años los expertos ponen apellido a su padecimiento: Lutero sufría la enfermedad de Ménière. El médico francés que le puso su nombre a esta enfermedad, en 1861, fue el Dr. Prosper Ménière, y tres son los principales síntomas que la caracterizan: los vértigos rotatorios, los acúfenos (ruidos en los oídos) y la hipoacusia (pérdida de audición). Puede presentarse en cualquier edad, pero es más probable que ocurra en la edad adulta y aunque es un problema crónico los ataques duran de entre 20 minutos y 2 horas, en algunas ocasiones todo un día, y la frecuencia de los mismos suelen variar desde pocos días hasta varios meses.

El problema suele presentarse en un solo oído, por una alteración de los fluidos -endolinfa- en los canales internos, responsables del equilibrio, pero la causa exacta se desconoce: ruptura del laberinto interno que lo contiene, factores ambientales, infecciones, autoinmunes…

El tratamiento busca controlar los incapacitantes ataques que se suceden limitando el consumo de sal, dejando el alcohol, café y tabaco, la administración de diuréticos que ayudan a controlar los niveles de agua del cuerpo y medicamentos que bloquean los impulsos nerviosos que generan las náuseas y los vértigos, sin olvidarnos de las técnicas que ayudan a relajarnos y controlar el estrés. Solo en determinados casos se aplica la cirugía buscando descomprimir el saco endolinfático o cortando el nervio vestibular, pero sus efectos secundarios -pérdida de audición o disminución del equilibrio- pueden resultar peores que la propia enfermedad en sí.

Personajes históricos que sufrieron de acúfenos

Los zumbidos en los oídos, conocidos como acúfenos, ya fueron descritos, como no, por Hipócrates, de hecho, algunos se aventuran a decir que él mismo los sufriera tras decir “¿por qué es que el zumbido en los oídos cesa si uno hace un sonido?”. Galeno también los describe y Alexandre de Tralles en el siglo VI los atribuye a “vapores espesos y flatulentos”, muy en la línea de la teoría de los humores. Rhazes preconiza incluso un tratamiento: “aplicar opio con aceite de rosas, almendras dulces o bilis de buey”. En la antigüedad, los japoneses los explicaban como consecuencia de la entrada del frío a lo largo de los vasos, entrando en conflicto con los humores de su interior.

Existen múltiples ensayos que tratan este tema en la historia y entre los personajes históricos que la sufrieron destacaría a Beethoven, que además padecería de una hipoacusia que le condicionaría incluso en su carácter; Van Gogh, que en una súbita reacción psicótica le llevaría a cortarse la oreja para eliminarlos, aunque lo más creíble es que su amigo Gauguin fuera quien le hirió durante una disputa ; Francisco de Goya y Lucientes, que le llevarían a una gran depresión nerviosa; Thomas Alba Edison… y nuestro protagonista de hoy, Martín Lutero.

El padre de la Reforma, este monje alemán de nombre Lutero, marcaría la cultura de Alemania y del continente europeo, y a pesar de sufrir este incapacitante mal, su convicción y su fuerza de voluntad le ayudaron a no consumirse ni debilitarse en su labor, bueno, eso, o puede que fuera el mismo Dios.

Firma de Martín Lutero

Para saber más:

Asociación Síndrome de Ménière España

Sd. Ménière

Link foto:

Ievajonusait

Información basada en el artículo Lutero, un enfermo nada imaginario Sección cultura de La Razón.

13 Comentarios

  1. Como bien sabes “no hay peor sordo que el que no quiere oír” y esto es la humana condición más presente en nuestros días. Porque la atesoran los políticos que no pisan la tierra: del sillón a la berlina, de la berlina al restaurante, de este al sofá, del sofá a la reunión de trabajo (?) y todo invitados por nosotros, los contribuyentes. Pero también hay un zasca para la juventud que, desilusionada, pasa de todo: “yo paso” “yo controlo” (ja, ja, mientras aplasta el canuto). Y los cincuentones con depresión por despedidos reduccionarios (no reduccionistas ni revolucionarios de los del 68 “prohibido prohibir”) Y están esas crisis inexplicables de depresión endogámica sufrida por gente que, al menos, de cara a la galería, tienen poder económico, están bien emparejados, la familia parece quererles y sufren patologías cuyo origen ningún galeno encuentra. Así que si Lutero ya la sufría ahora se pegaría un tiro

      1. Hola Astolgus,
        muchas personas parecen ser de hierro por fuera, pura apariencia, por dentro son frágiles, de cristal. Hoy parece que seamos más intolerantes al fracaso, menos sufridos, y la vida pasa, sin darnos cuenta, sin darle un significado, acertado o equivocado, pero con un significado, y es que la vida puede ser más o menos maravillosa pero lo peor es que uno no se de cuenta de ello, puede que lo haga cuando ya es demasiado tarde.
        ¡Cuánta razón hay en todo lo que dices! ¡Cuántos sordos -no de oído- hay en el mundo! A estos no les cura ni la más alta tecnología en aparatos para tratar la sordera. No sé si Lutero se pegaría un tiro, pero que no se quedaría con los brazos cruzados, de eso, estoy seguro.
        Abrazos 😉

  2. Es una enfermedad que no te mata, pero es horrible. Yo he sufrido algunos episodios que me obligaron a quedarme en cama y con los ojos cerrados, porque el vértigo me producía náuseas y la imposibilidad de movilizarme. De a poco va cediendo y en un par de días se vuelve a la normalidad.

  3. Hola mi queridísimo Francisco. Tengo una sana curiosidad y es la siguiente:

    Desde hace varias entradas tuyas…(que amo seguir porque alimentan mi pobre intelecto, gracias a tu generosidad admirable y conocimientos), no me aparece la opción del famoso “megusta”…y “rebloguear”…¿será que he metido las patas?…¿tienes idea de la razón?…o ¿has cambiado la configuración del blog?….

    Como sea, sólo deseo saciar esa curiosidad…un abrazo enormeeeee….Dios te bendiga…😘

    1. Hola blaquitamia,
      veo que te cambiaste el nombre (jajaja) Muchas gracias por tu amable comentario aunque de conocimientos… pocos, ya sabes que aprendo como cualquier otro a medida que preparo los artículos. Referente a lo que comentas, pues sí, cambié la configuración y ya no verás el botón de like.Una pequeña modificación…
      Otro gran abrazo para ti

  4. Los dolores de oído son terribles. Sufro de ello cuando tengo sinusitis, pero no me imagino eso con un pitido encima… Pobres los que los sufren.

  5. Dejo este comentario de Ofelia Malasquez Chumpitazi (con su permiso) que ilustra muy bien lo que representa sufrir esta enfermedad:
    “Hola Francisco:
    Me encanta tu blog, investigando sobre la enfermedad de Meniere te ubiqué y me ha brindado la información que buscaba y otros temas de mucho interés para mi, por ello mis felicitaciones.Soy peruana.
    Hace un mes aproximadamente me han diagnosticado enfermedad de Meniere y cada día busco información para saber como tratar o sobrellevar esta enfermedad que no mata pero que no deja vivir en paz, ya sean por los vértigos o por los constantes tinnitus que me complican la vida.
    Soy profesora de educación primaria y cuando estoy con el tiinitus, es difícil mantener la tranquilidad porque la algarabía de los niños en el recreo, timbre o la alarma del cambio de horas es irritante, Salir a la calle y escuchar el claxon en horas de alto transito vehicular es insoportable, existe mucha contaminación sonora por todas partes. Los problemas empeoran más aún cuando los vértigos me hacen perder el equilibrio y caer de bruces al piso. Eso me hace reflexionar y tomar una actitud de resiliencia frente a la enfermedad.
    Saludos y muchos éxitos”

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