El ferrocarril y el miedo a lo desconocido

¿Vale la pena arriesgarse a subir a un tren y padecer daños en la retina y problemas en la respiración debido a su alta velocidad (32 Km/h), y a que las mujeres embarazadas pudieran sufrir abortos involuntarios debido a las sacudidas (…) ?

No, esto no lo digo yo, y pienso que nadie en la actualidad lo haga, pero esta contundente afirmación es de los reputados miembros de la Academia de Medicina de Lyon, en 1835, y vaya si generaron polémica.

Médicos afamados como Oppenheim, Charcot y Freud afirmaban que viajar en tren podía también ocasionar problemas en la salud mental de las personas, lo justificaban por la ansiedad que este medio de transporte podría generar. En el caso de Sigmund Freud se autodiagnosticó su fobia a los trenes tras realizarse él mismo un psicoanálisis.

Sus precedentes

La Salamanca, primera locomotora de cremallera de John Blenkinsop. Museo Nacional de Ferrocarriles en York (Reino Unido)

Encontramos la primera referencia de un sistema de transporte sobre carriles en el siglo VI a. C., a lo largo de 3 km. en el istmo de Corinto, utilizado para transportar botes sobre plataformas y tirado por esclavos. No penséis, este sistema funcionó durante… ¡600 años!

Mucho más tarde en el tiempo, en la catedral de Friburgo de Brisgovia, hay una vidriera que muestra este medio de transporte hacia el siglo XIV, una de las primeras referencias en Europa.

Será la primera patente del motor de vapor por James Watt en 1769, la que impulsaría la creación de locomotoras de vapor, y 55 años después, se construiría la primera que arrastrara trenes para transportar personas, en el trayecto entre Darlington y Stockton. En 1830, se inauguró la primera línea comercial de ferrocarril interurbano, entre Liverpool y Manchester, y a partir de entonces no dejaría de expandirse por todo el mundo, no sin rechazo social.

 

La polémica está servida

Los contrarios a su expansión lo justificaban por su impacto medio ambiental, tanto en el terreno, como en la flora y fauna, y este rechazo se potenciaría tras la muerte del parlamentario inglés William Huskisson tras intentar subirse a un tren en marcha, y especialmente tras el accidente que casi le cuesta la vida al archiconocido Charles Dickens, al descarrilar  el tren en que viajaba.

El desconocimiento de entonces hizo pensar que el humo que liberaban las locomotoras podía ocasionar daños irreversibles en los campos y mataría a los pájaros. Surgieron publicaciones científicas en su contra tan importantes como la publicada en The Lancet, y a pesar de ello, la ciencia y la evidencia triunfaron.

Hoy, al igual que entonces, siguen poniéndose palos en la rueda de la ciencia: que si las vacunas producen autismo, que si los móviles provocan tumores cerebrales, que si la WiFi altera nuestro organismo…

Internet y las nuevas formas de comunicación social amplifican estas falsas verdades y tenemos muestra de esto en el uso de alimentos transgénicos y su rechazo por parte de algunos ecologistas y asociaciones de consumidores, e incluso algunos científicos, y al igual que sucedió con los ferrocarriles hace dos siglos, puede que entonces se vea con otros ojos.

Antes o después la ciencia acaba imponiéndose, y volviendo al uso del tren como medio de transporte, los más de 300 km/h del tren de alta velocidad supera con creces aquellos “alocados” 32 km/h de principios del siglo XIX, sin que nuestra salud se vea afectada.

El futuro ya es presente, y el tren más rápido del mundo lo encontramos en Japón. Se trata de un tren magnético que levita en el aire y tiene registrada en el año 2015 una velocidad máxima de 603 km/h. Por cierto, es el medio de transporte más seguro, ya que en los 60 años que funciona nunca ha tenido ningún accidente mortal.

… y sí, la ciencia sigue avanzando y en breve aparecerá el tren supersónico Hyperloop que “volará” a 1223 km/h desplazando a los pasajeros en el interior de un tubo.

Para saber más:

Antecedentes de los ferrocarriles(inglés)

James Watt, la máquina de vapor y el origen de la revolución industrial

Información basada en el artículo “Cuando los médicos temieron al ferrocarril…” de la Dra. Shora (El País)

13 comentarios en “El ferrocarril y el miedo a lo desconocido

  1. ¡Jope, qué jóvenes y jóvenas sois todos! Porque yo iba con mi tía y mis primos a San Sebastián en tren con fiambreras llenas de tortilla de patata y carne empanada, fruta y hasta un cacharro que llevaba hielo picado y ella ¡nos hacía helado! Ahora que si te asomabas a la ventanilla y venía el humo de la máquina se te metía una carbonilla en el ojo y te lo sacaban con la punta de un pañuelo ¿cómo se te queda el cuerpo, compi?

  2. Los que viajamos en el Sevillano, que durante muchos años nos trajo a los andaluces a trabajar a Catalunya (bueno nuestros padres y abuelos, nosotros ibamos de paquete) ni os digo. Horas y horas en asientos de madera, a juego con las maletas, y maquinas de vapor. La comida a base de pan duro, queso, huevos cocios, la tira de tocino, chorizos de pueblo y poco mas.
    Y cuando Barcelona estaba a reventar de emigrantes llegaban a la estacion de Francia, los subian en autobuses y directos al estadio de Montjuic, a esperar que los montaran en otro tren de vuelta con el viaje pagado pal pueblo otra vez.
    Los mas listos y avisados se bajaban en Sant Vicenç de Calders (San Vicente de Calders) y se acercaban a Hospitalet o Gavá, Viladecans o cualquier otro pueblo cercano con los trenes de cercanias, esquivando a la Guardia Civil.
    En aquellos trenes de emigrantes empezaron su fortuna los Pascual y otros vendiendo leche, bebidas y bocadillos. Se subian en una estación del Levante cargados y cuando lo vendian casi todo, vuelta atras y a esperar otro tren.
    Mi abuela Feliciana viajaba mucho desde Almeria a Barcelona para visitar a sus hijas, pero ella preferia hacerlo en un barco mercante que paraba en todos los puertos, Cartagena, Valencia, Tarragona y final en Barcelona. Ella decia que venia mas tranquila, el aire era mas sano y podia cargar bultos con las especialidades de la tierra, incluso jamones y garrafas de vino, para sus nietos, hijas y yernos.
    Ya han pasado unos cuantos años UUUFFFFFF. Buenas tardes Bona tarda.

    • Hola Jose,
      esos 1.200 kilómetros entre Sevilla y Barcelona se cubrían en no menos de 15 interminables horas. Millones de andaluces se trasladaron en tren hacia Cataluña con la esperanza que les empujaba la penuria vivida. Decir a tu comentario que el tren recibía el nombre del “Catalán” cuando se dirigía al norte, y de bajada, según terminara su destino, se conocía como el “Sevillano”, el “Granaíno”o el “Malagueño”.

      Hace poco que se abrió un museo dedicado a la inmigración de aquellos tiempos, es el Museu d´Història de la Immigració a Catalunya (MihC) donde puede verse y dar a conocer a los más jóvenes la historia de tantos millones de personas que tuvieron que dejarlo todo para emigrar a una tierra de oportunidades. Hoy se puede ver en el exterior del museo uno de aquellos vagones del tren, concretamente el BB-8000, donde en su interior se para el tiempo y se puede ver cómo se hacía ese viaje. Creo que será de tu interés si te digo que algunos de esos vagones acabaron en América, y otros, desguazados, excepto el que te acabo de comentar. Por cierto, también habían otros trenes que dependiendo de dónde partían recibían el nombre de el “Gallego” o el “Extremeño”. Sin duda, parte de nuestra vida, de nuestra historia y merece ser recordada.

      Un saludo

      • Yo fui uno de aquellos que con mis padres y hermanos hizo aquel viaje hace mas de 61 años, aunque habia venido antes solo con mi abuela en barco desde Almeria a visitar a la familia al Baix Llobregat. Un saludo

  3. ¡Ah! se me olvidaba, aquí en Zaragoza hay un industrial muy potente que colecciona máquinas de vapor de tren aunque también compra en subastas barcos de guerra para desguazar.

  4. Genial. Me parece que el tren es un gran medio de transporte y sí es muy cierto que lo nuevo siempre trae miedo y verdades falsas. En Puerto Rico había una canción en los años ’20 relacionada con el tren.

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