El vagón nº 2419

El vagón durante la firma del Armisticio del 11 de noviembre de 1918

Hace 100 años tuvo lugar la firma de un tratado histórico que significaría el fin de la Primera Guerra Mundial.  Sus condiciones representaron un duro golpe para Alemania y pocos años después servirían de argumento a Hitler y los nacionalistas alemanes para iniciar la segunda Gran Guerra. Esa paz se rubricaría en la localidad de Compiègne, concretamente en el interior de un vagón de tren, y ese vagón  adquirió una gran carga simbólica no solo para los Aliados, sino también para los Alemanes.

Construido en Saint-Denis en 1914, como vagón restaurante, nadie podía sospechar entonces lo que allí se rubricaría pocos años después. En agosto de 1918 se acondicionó para ser utilizado como oficina del comandante en jefe de los ejércitos Aliados, el mariscal Ferdinand Foch y tres meses después, el 11 de noviembre de 1918 a las 5:20 horas, se reunirían en su interior el propio Foch, el general Maxime Weygand, el almirante Rosslyn Wemyss, el contralmirante George Hope y el capitán Jack Marriott por los Aliados, y Matthias Erzberger, el conde Alfred von Oberndorff, el general Detlof von Winterfeldt y el capitán Ernst Vanselow, por parte de Alemania.

Los términos de la firma significaban el fin de las hostilidades militares; la inmediata retirada de las tropas alemanas de Francia, Bélgica, Luxemburgo y Alsacia-Lorena, así como del Frente Oriental; la desmilitarización alemana al oeste del Rin y de los treinta kilómetros al este; la renuncia del Tratado de Brest-Litovsk con Rusia y del Tratado del Bucarest con Rumania y la entrega de 5000 cañones, 25000 ametralladoras, 3000 morteros, 1700 aviones, 5000 locomotoras y 150000 vagones de ferrocarril. Estas duras imposiciones se ratificarían en el Tratado de Versalles provocando un gran descontento entre los alemanes.

Un vagón muy “viajero”

Tras la guerra el vagón regresó a la Compagnie Internationale des Wagons-Lits (CIWL) utilizándose en su uso original. En septiembre de 1919  fue donado al Musée de l´Armée en París, exponiéndose en el Cour des Invalides desde 1921 a 1927. Y pasó lo que pasó…

Desde la izquierda: Joachim von Ribbentrop, Wilhelm Keitel, Hermann Göring, Rudolf Hess, Adolf Hitler y Walther von Brauchitsch delante del llamado “vagón de Compiègne”.
El vagón un día antes de la firma del Armisticio del 22 de junio de 1940. Se reconocen en la imagen a Adolf Hitler, Hermann Göring, Joachim von Ribbentrop y Erich Raeder, entre otros.
Interior del vagón durante la firma

 

 

 

 

Durante la ocupación nazi de Francia durante la Segunda Guerra Mundial, Hitler firmaría el 22 de junio de 1940 la rendición de Francia en ese mismo vagón, y ordenó que se llevara a Berlín para ser exhibido frente a la Puerta de Brandeburgo como trofeo de guerra y muestra de fuerza del Reich. Pocos días después se trasladaría a Lustgarten, donde el público podía visitarlo, eso sí, previo pago destinado a la ayuda social alemana.

Posteriormente, tras el avance estadounidense y viéndose derrotada Alemania, se dio la orden de trasladar el “Vagón del armisticio” -como era conocido-, a un túnel entre Ruhla y Gotha para ser destruido en marzo de 1945 por las SS, algo que nunca sería reconocido por los alemanes, ya que según su versión, fueron las fuerzas aéreas americanas quienes lo destruyeron.

Información lavanguardia.com

Link foto:

Bundesarchiv, Bild 183-M1112-500

2 Comentarios

  1. Un tema interesante. Muchos historiadores se han referido al Tratado de Versalles como la paz que le puso fin a la paz. Otra cosa sucedió al final de la Segunda Guerra, cuando los países victoriosos se dieron cuenta de que había que ayudar al perdedor, no hundirlo más. Alemania se recuperó prontamemte gracias a las ayudas.

    1. Hola Amira,
      podríamos decir que el orgullo del ejército alemán pudo más que cualquier otra cosa. Nunca aceptó haber perdido la guerra, acusando a los políticos de izquierda de traicionar al país. Tras la firma del tratado, el nuevo gobierno republicano surgido lo tuvo difícil. La derecha conservadora junto a los militares no hicieron otra cosa que acusarles de traición. El Estado no pudo hacerse cargo de la deuda adquirida y en muchos casos resultó imposible de pagar la cantidades impuestas, algo que originaría que el ejército francés y belga ocuparan la principal zona industrial alemana. Lo que vino después, ya es otra historia…


      Las delegaciones que firman el Tratado de Versalles en el Salón de los Espejos el 28 de junio de 1919.
      Foto de los Archivos Nacionales de los Estados Unidos

      Un abrazo

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