Los testículos del Doctor Voronoff

Primero de todo debo decir que hablaré no tanto de los “atributos” del Doctor Voronoff, sino de los de sus monos de laboratorio. Seguro que si un reputado médico nos ofreciera un tratamiento que nos permitiera vivir hasta los 140 años muchos lo aceptaríamos, pero si además pudiéramos disfrutar sin envejecer, sin ser calvos, sin perder la memoria y conservar la libido, vaya, nos apuntaríamos todos (o casi todos). Bien, eso es lo que a principios del siglo XX ofreció el cirujano francés de origen ruso Serge Abrahamovitch Voronoff al trasplantar testículos de mono a sus pacientes, y no, no penséis que fue una majadería de aquellos tiempos…

… si es que hasta el rey Alfonso XIII canceló en una ocasión su visita familiar a la ciudad de San Sebastián para poder recibir en audiencia a Serge Voronoff y conocer de primera mano todo lo referente a sus injertos. La búsqueda de la eterna juventud siempre ha estado presente en la historia y con la ciencia y los avances médicos se han propuesto tratamientos cuanto menos curiosos, algunos crueles, pero con cierta base científica.

Serge Voronoff emigró con 18 años a Francia para estudiar medicina. Entre 1896 y 1910 estudió en Egipto los efectos de la castración en los eunucos, entre ellos la calvicie, la flacidez y envejecimiento que sufrían tras la misma. Aparecieron artículos que señalaban como causa del envejecimiento la falta de secreción de hormonas por las glándulas sexuales. los estudios de Serge Voronoff se basaron en la teoría en que “la vida de una persona se prolonga tanto como lo hagan sus glándulas”. Así pues, solo era cuestión de tiempo, empezó a trasplantar testículos.

El Dr. Serge Voronoff (en el centro) aplicando su método a un paciente. Getty Images
El Dr. Serge Voronoff (en el centro) aplicando su método a un paciente.

Al principio utilizó testículos de cabras y ovejas jóvenes que los implantaba a otras adultas, así realizó más de quinientos trasplantes. Con la experiencia pasó a utilizar testículos de criminales sentenciados a muerte y se los trasplantaba a millonarios con ganas de volver a vivir una segunda juventud por el módico precio de 15.000 francos (unos 10.000 euros al cambio). Muchos de ellos experimentaron los efectos prometidos, pero con el tiempo los resultados no fueron los que esperaban.

En realidad, realizaba cortes de pocos milímetros de grosor de los testículos implantándolos en el escroto del paciente. El tejido se fusionaba con el tejido receptor. Los problemas morales que representaba utilizar reos condenados a muerte hizo que pensara en utilizar monos, así, el 12 de junio de 1920, realizó su primer trasplante oficial de un mono a un humano.

Entre los efectos secundarios del receptor se apreció un aumento de la virilidad, algo que, por otra parte, lejos de ser un inconveniente hizo extender su método por todo el mundo. Presentó sus resultados en el Congreso Internacional de Cirujanos en Londres celebrado en 1923, ante más de 700 cirujanos de todo el mundo que reconocieron su trabajo.

Entre sus pacientes se cuentan varios premios Nobel y hasta le consultó Sigmund Freud. Tuvo tanto éxito que le faltaban simios para satisfacer la demanda. La fortuna y el éxito le sonrieron hasta que la ciencia descubriera una hormona producida por los testículos, la testosterona. Esperaba que su inoculación sería suficiente para producir los efectos, pero la realidad fue otra bien distinta, además,  la comunidad científica le presionó para que dejara sus operaciones.

En 1951 murió a consecuencia de una caida, olvidado, con el recuerdo del desprecio de sus colegas, y lo peor de todo, pensando que erró en sus teorías y practica médica. Incluso se ha especulado que la infección en el ser humano por VIH pudo originarse a raíz de las cirugías practicadas por Voronoff (algo que no se sustenta en la actualidad).

Hoy muchos recuerdan su figura y piensan que de ninguna manera hay que considerarlo un “científico loco”. Los trasplantes que realizó tuvieron sorprendentemente pocos rechazos por el receptor y hoy sabemos que las células de Sertoli de los testículos (que colaboran en el desarrollo de esperma en su interior), funcionan como una barrera inmunológica disminuyendo la incidencia de rechazo. Esto tiene gran importancia en la medicina actual al utilizarse estas células en el tratamiento de enfermedades tan prevalentes como la diabetes tipo II, entre otras. Incluso se publicó un estudio hace veinte años que demostraba que el implante de células de testículo de cerdo, aliviaba los síntomas del parkinson en ratas de laboratorio. Lástima que esta investigación no se pudiera trasladar a los humanos, pero… ¿quién sabe? Puede que investigaciones futuras nos sorprendran aún más que que el propio Doctor Voronoff, con algún trasplante imposible o alguna técnica que cure enfermedades consideradas mortales a día de hoy.

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dailymail.co.uk

2 Comentarios

    1. Hola Maria Carlota,
      ¡se han hecho tantas cosas increíbles por la ciencia! Al menos, en este caso, y aunque discutible a nuestos ojos, el Dr. Serge Voronoff lo hizo con la ciencia de su época.
      Saludos

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