La Inquisición, el terror de los conversos

pedro_berruguete_saint_dominic_presiding_over_an_auto-da-fe_1495
Auto de Fe presidido por Santo Domingo de Guzmán, de Pedro Berruguete (1495 aprox.). Museo del Prado, Madrid (España). Haz clic en la imagen para ampliarla.

En esta obra de Pedro Berruguete encontramos una escena que se repetiría en villas y ciudades durante siglos, y si nos paramos a pensar debía de ser terrorífico presenciarla. Vemos en ella a Domingo de Guzmán castigando a unos herejes albigenses. Puede que si miramos más allá de lo que muestran los penes ¿erectos? de los dos personajes que están a punto de ser quemados (no sé a vosotros pero a mí siempre me llamó la atención) veremos que en el cuadro se muestran por un lado rasgos renacentistas, jugando con el espacio arquitectónico, la perspectiva y la luz, y por otro, medieval, al mostrar al dominico fundador de la Orden de Predicadores, de mayor tamaño que el resto de personajes. Pero no voy a hablar del cuadro en sí, sino de esos inicios, los más crueles por cierto, del Santo Oficio.

Los Reyes Católicos eran más católicos que el propio Papa, aunque en eso no había que esforzarse mucho, y se ganaron el respeto de su “Santidad” ya antes de poner sitio a la capital del reino nazarí de Granada y la posterior rendición del sultán Boabdil el 2 de enero de 1492. Aunque existían tribunales inquisitoriales por toda la Europa cristiana desde que la Iglesia los estableciera en el siglo XII, será el papa Sixto IV quien concediera en noviembre de 1478 la bula que autorizó a los Reyes Católicos la fundación de la Inquisición en Castilla. Ahora, la persecución de los delitos contra la fe pasarían a depender también de los monarcas, algo que sería utilizado políticamente posteriormente.

La miseria en la que vivía la población y los pogromos de siglo XIV encendieron el antisemitismo de la época. Familias enteras de judíos se convirtieron forzosamente al cristianismo, serían los conocidos como cristianos nuevos -para diferenciarlos de los que ya lo eran, los viejos- pero a muchos no les quedaba otro camino si querían seguir con vida. Esto hizo que con el tiempo se “sospechara” de que esa conversión no era del todo sincera y podía representar un peligro para la pureza de la fe cristiana.

Mientras crecía el sentimiento en contra de los judíos -en especial en Andalucía- cada vez eran más y más fuertes las voces que reclamaban a los monarcas que actuaran contra esos malos cristianos que judaizaban en secreto, y serán los dominicos quienes encabezarían la batalla. Uno de estos frailes, fray Alonso de Hojeda, reclamó -casi exigió- a los reyes que actuaran sin demora y aprovechando la estancia de la reina Isabel en Sevilla le mostró evidencias de que lo que se sospechaba era cierto. La primera respuesta de la reina sería enviar a su propio confesor fray Hernando de Talavera para convencer a los conversos de que dejaran definitivamente sus prácticas judías, pero fracasó, y es entonces cuando los Reyes Católicos decidieron establecer en Sevilla el primer tribunal de la Inquisición nombrando como primeros inquisidores a fray Miguel de Morillo y fray Juan de San Martín. Llegaron a la ciudad con la orden de que su misión pasara inadvertida a las gentes ya que era probable una reacción violenta por parte de los conversos o puede que incluso su huida hacia el reino musulmán de Granada. Sin embargo, era cuestión de tiempo que se descubriera.

Se produjo una revuelta que terminó con el apresamiento de sus cabecillas, celebrándose el primer Auto de Fe de la nueva Inquisición el 6 de febrero de 1481, al sur de la ciudad hispalense. En él fueron quemadas cinco personas junto con el influyente converso Diego de Susán y entre los dominicos que participaron destacó Alonso de Hojeda. Cuatro meses después, la peste haría que se cambiara el lugar para celebrar el siguiente Auto de Fe en Aracena, actual provincia de Huelva, allí quemaron a veintitrés. Pasada la epidemia regresarían a Sevilla donde le llegaría el turno al destacado converso Pedro Fernández Benadeva, y a partir de entonces ya no cesarían los autos de fe. El 16 mayo de 1483 ardieron cuarenta y siete conversos y al año siguiente continuaron las condenas constituyéndose tribunales en Jaén, Ciudad Real y Córdoba, todos ellos bajo la influencia de un nuevo inquisidor general, fray Tomás de Torquemada.

Ante la perplejidad inicial y el terror de los conversos, se actuó sin piedad ajusticiándose 5000 personas y reconciliando a más de 20.000 en los primeros años de la Inquisición.

Para saber más:

Estudios sobre la Inquisición, de José Antonio Escudero. Marcial Pons, historia.

dominicos.org

7 Comentarios

  1. Hola Francisco Javier, no estoy totalmente seguro pero lo que se ven no son penes erectos. Son palos en este caso parece que de metal que se ponían en las estacas a la altura de la entrepierna supongo que para evitar que los ajusticiados a los que les flaquearan las piernas se escurrieran hacia abajo. Un saludo

    1. Hola Juan,
      pues bien parecen ser lo que dices. Ciertamente es un cuadro que a la vez es un documento histórico de su época. Los gestos, las vestimentas, las actitudes de los personajes… todo, con una intencionalidad evidente por parte de Berruguete, conforman un mensaje subyacente para todo aquél que la vea en la que pueden entresacarse aspectos de la mentalidad de entonces.
      Encontré un artículo muy interesante al respecto que aquí dejo por si quieres ojearlo:
      Los gestos de la Inquisición: El Auto de Fe de Pedro Berruguete, por Sonia Caballero Escamilla (Universidad de Salamanca).

      Saludos

  2. Siempre que vengo en contacto con este tema, entiendo a los que dicen no ser creyentes. ¿Quién puede creer en Dios cuando a su nombre se han suscitado tantas barbaridades? Yo soy creyente, pero nací y crecí en otras épocas, pero no deja de oprimirme el pecho estos hechos históricos. Creo en la tolerancia en todos las ideas: religiosas, políticas, éticas. Porque creo que el mundo de las ideas es libre. Un abrazo y muchos besos, Francisco Javier. Me encanta leerte.

    1. Hola Melbag,
      ciertamente en nombre de la religión se han cometido los crímenes e injusticias más horribles. Se hace realmente difícil en muchas ocasiones seguir creyendo en algo, pero la Fe, al final, es eso.
      Abrazos 😉

      1. «La sustancia de las cosas que se esperan, la demostración de lo que no se ve… ». Y si no se ve el amor, la tolerancia entre los hombres, tenemos que seguir creyendo en Dios. Un abrazo, Francisco Javier.

  3. Hola, en primer lugar te felicito por tus artículos y los agradezco, son muy enriquecedores. Coincido con lo que dice Juan F. y que tu también avalas sobre las salientes donde se apoyaban los condenados. Saludos desde Argentina.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.