Vivaldi, otro genio nacido con “fortuna”

Hace un tiempo publiqué el artículo Prematuro y genial. En él hablé de Newton, Einstein, Darwin, Picasso, todos ellos genios entre los genios, nacidos prematuramente a los que les daban pocos minutos de vida y que la casualidad quiso darles una segunda oportunidad, afortunadamente para la Humanidad. Hoy quisiera acercaros a otro de estos genios, Antonio Lucio Vivaldi, no tanto por nacer antes de tiempo, sino por ser bautizado prematuramente “per pericolo di morte”, tal como consta en una discreta nota de la época.

Seis de mayo de 1678.  Antonio Lucio, hijo del Signor Giovanni Battista Vivaldi, hijo del difunto Agustín, instrumentista, y de su esposa Camilla Calicchio, hija del fallecido Camillo, nacido el 4 de marzo último, que fue bautizado en su casa, por estar en peligro de muerte, por la comadrona Margarita Veronese, fue traído hoy a la iglesia y recibió los exorcismos y los santos óleos de mí, Giacomo Fornacieri, párroco, siendo sostenido por el Signor Antonio Veccelio, hijo del fallecido Gerolemo, boticario de la farmacia en la misma parroquia.  (Anotación al acta de bautismo de Vivaldi)

Se piensa que Vivaldi nació el 4 de marzo de 1678, en la misma Venecia, capital de la República de Venecia. El parto lo atendió en casa -como era habitual entonces- una comadrona, Margarita Veronese, que viéndole en peligro de muerte lo bautizó inmediatamente. Ese mismo día, la ciudad sufrió un terrible terremoto y bien pudo ser ese el motivo, aunque no se descarta que naciera con mal estado de salud y sobreviviera milagrosamente.

Iglesia de San Giovanni Battista in Bragora (Castello), donde bautizaron a Antonio Vivaldi.

Compositor, violinista y sacerdote católico, probablemente empezó a tocar el violín precozmente. Por sobrevivir tras el parto su madre quiso que se dedicara al sacerdocio y a los 25 años lo consiguió. Se le conocía como el sacerdote rojo “Il prette rosso” por el color rojizo de su pelo. Le describen con “nariz larga aguileña, ojos brillantes y cabeza enterrada en los hombros”, con una personalidad nerviosa y de salud enfermiza. Sufrió de asma, cuyos ataques le impidieron oficiar misa en más de una ocasión, que él mismo refirió como “strettezza di petto” o estrechez de pecho. Fue revelado para oficiar misa e ingresó en el Ospedale della pietà de Venecia, un orfanato donde dio clases de violín y ejerció de maestro del coro.

Compuso unas 770 obras, de ellas más de 400 conciertos y 46 óperas. Una de sus obras más célebres Las cuatro estaciones, grupo de cuatro conciertos para violín, la compuso en Mantua. En Venecia no se apreció su música, se la consideró anticuada, y en 1728 conoció al emperador Carlos VI de Habsburgo, que será su mecenas y le invitó a Viena. Allí representó sus óperas, pero la muerte del emperador en 1740 le condenó al olvido y a la miseria.

Murió pobre, de una “inflamación interna” durante la noche del 27 al 28 de julio de 1741, el mismo día con nueve años de diferencia que Johann Sebastian Bach. Se le enterró en un cementerio público de Prusia y cayó en el olvido hasta que dos siglos después, estudiosos de Bach descubrieron unos manuscritos donde este transcribió los conciertos de un tal “Vivaldi”.

Hoy puede verse una placa que le recuerda en el cementerio donde está enterrado. Probablemente la casualidad le permitió sobrevivir en sus primeros días de vida, un genio que influyó en tantos otros compositores.

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Didier Descouens

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