Lancia, antes morir que ser esclavo de Roma

Imagen cedida por Rodelar CC-BY-SA 4.0

… por los historiadores romanos sabemos que durante las guerras cántabras (astur-cántabras), los pobladores de estas tribus preferían el suicidio a dejarse apresar por los romanos y permanecer esclavos el resto de sus vidas. Ya fuera por la espada, por el fuego o por venenos hechos con semillas de tejo, cuando se veían derrotados no dudaban en evitar ser hechos prisioneros. Pocos territorios se resistieron tanto al poder de Roma, que necesitó casi dos siglos en conquistar Hispania desde que Cneo Escipión desembarcara en estas tierras, allá por el año 218 a. C., y no será hasta el año 25 a. C. que resistió la última aldea, concretamente la ciudad de Lancia. Una vez más, una lucha encarnizada, cruel y épica.

En el año 29 a. C, el noroeste de la península ibérica, la actual Cantabria, Asturias y la provincia de León, se resistía a ser conquistada por los romanos. En los siguientes diez años el ejército romano tuvo que emplearse a fondo para resistir y sublevar los ataques de los pueblos que allí vivían. Gracias a que conocían la complicada geografía de la zona y a la “guerra de guerrillas” con la que plantaron cara a las tropas romanas, fueron los últimos en sucumbir al poder de Roma. Su orgullo y su honor estaban en entredicho y tuvo que dirigir la conquista el mismo emperador Augusto, en un gesto que también podemos considerar político.

La resistencia de Lancia

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Publio Carisio, legado del emperador entre el año 26 a. C. y el 22 a. C. resultaría ser clave en la victoria en el invierno del año 25 a. C. contra los astures en Lancia, aunque para doblegarlos necesitó tres legiones (la Legio V Alaudae, la Legio VI Victrix y la Legio X Gemina), varias unidades auxiliares y… una traición.

Las tribus astures, viéndose sin salida militar, descendieron de sus nevadas montañas tras su derrota en las inmediaciones de Brigaecium, y se encerraron en la fortificada Lancia, una ciudad con una extensión de 30 hectáreas levantada sobre una colina (oppidum) entre los cauces de los ríos Porma y Esla que podía albergar hasta 10.000 personas, localizado a 15 kilómetros en línea recta de la actual ciudad de León en el municipio de Villasabariego, poblada desde la Edad del Bronce.

Los romanos montaron tres campamentos alrededor del río Esla, con Publio Carisio a la cabeza. Fue entonces que los astures decidieron jugar su última carta al planear un contraataque, sin embargo, los brigaecinos, pertenecientes a la tribu astur más meridional y que tenían su capital en la actual ciudad de Benavente, les traicionaron al pactar con el legado. La lucha fue a vida o muerte y a pesar de la victoria de Publio Carisio, las pérdidas romanas fueron enormes.

Los soldados romanos reclamaban antorchas para incendiarla, algo que consiguió evitar su general, asegurándoles que “la ciudad recibiría mejor la victoria romana si estaba intacta que si era incendiada”.

Tras su conquista

El castigo que infligieron los romanos a los pueblos del Norte fue desproporcionado si lo comparamos con otras conquistas. Tierras devastadas, pueblos incendiados y deportaciones masivas de la población provocarían posteriores rebeliones de menor importancia a pesar del fin de las guerras cántabras en el año 19 a. C., y obligaría a los romanos a dejar dos legiones (la X Gemina y la IV Macedónica) sesenta años más. Sin embargo, tras la conquista de Lancia, el emperador Augusto ya pudo decir que no se le resistía ninguna ciudad de su provincia más occidental.

Ya incorporada al Imperio romano, Lancia pagó tributo al erario publico, y durante la dinastía flavia se moderniza con una red de alcantarillado, construcciones públicas como termas y un mercado, y un trazado urbanístico de planta reticular. Durante el Bajo Imperio la crisis de las ciudades romanas hizo que terminara por abandonarse definitivamente a principios del siglo V d. C.

Tras las guerras cántabras se fundó la ciudad de Emérita Augusta (actual Mérida) con los soldados licenciados de las legiones V y X, y como curiosidad decir que la actual vía de La Carisa que cruza la cordillera Cantábrica de sur a norte, debe su nombre a la vía de entrada que abrió Publio Carisio para adentrarse en los abruptos terrenos de su orografía. Por cierto, el espectacular yacimiento de Lancia comenzó a ser excavado a mitad del siglo XIX recuperándose más de 50.000 piezas arqueológicas. Desde 1994 ha sido declarado Bien de Interés Cultural  y actualmente puede ser visitado para disfrute de todo aquél buen amante de la historia ¡Estáis invitados todos!

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Rodelar

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