Papá, papá, ¿por qué ese señor compite desnudo en las Olimpíadas?

Está claro que cualquier niño (y adulto) se preguntaría o como mínimo se extrañaría de presenciar una escena como la que indico en el título, pero no, la acción transcurre durante los Juegos Olímpicos de la Antigüedad. Respondamos la cuestión -al menos, intentemos hacerlo- y descubramos otras curiosidades olímpicas de aquellos tiempos tan, tan lejanos.

En la antigua Grecia el cuerpo desnudo no era algo que escandalizara, todo lo contrario, el culto y la exposición del cuerpo desnudo no estaba mal visto. En realidad, se desconoce el verdadero motivo de competir en las Olimpíadas tal como llegamos a este mundo y aunque algunos historiadores lo atribuían a ritos de iniciación, todo parte de una leyenda.

Un tal Orsipo de Megara, durante los decimoquintos Juegos Olímpicos, en el año 720 a. C., ganó la prueba de velocidad al desprenderse de su ropa durante la carrera. Después, otros corredores hicieron lo mismo al comprobar que así eran más rápidos.

Los orígenes y los nombres de algunos ganadores

Los Juegos Olímpicos comenzaron a celebrarse en el año 776 a. C. hasta el año 393 d. C. tras su abolición por el emperador Teodosio. Bien, en realidad, los Juegos Olímpicos se venían celebrando mucho antes aunque no se computan porque se desconoce los nombres de los vencedores. Píndaro, el poeta, atribuye la fundación a Heracles de Argos hacia 1200 a. C. para celebrar su victoria sobre Augias antes de la guerra de Troya. De hecho, era frecuente que se organizasen para agradecer a los dioses alguna victoria, evidenciando su carácter religioso. Así, el origen de los Juegos se pierde en el tiempo y teorías mitológicas de su creación hay muchas.

El Estadio Panathinaikó (Atenas) acogió la primera edición de los Juegos Olímpicos Modernos en 1896. Reconstruido a partir de los restos de un antiguo estadio griego, es el único estadio importante en el mundo construido enteramente de mármol blanco y uno de los estadios más antiguos del mundo.

El primer atleta que grabó su nombre en las tablas sagradas de Olimpia fue un humilde panadero de Élide (o cocinero, según las fuentes) de nombre Corebo. Participó en la única carrera programada (stadion), de 192,28 metros, el largo del estadio.

Destacaron muchos, algunos considerados semidioses, como algunos hacen ahora con deportistas como Messi, Maradona, Michael Jordan, en fin, no diré nada al respecto que me enciendo… Milón de Crotona, seis veces campeón en lucha libre y el más famoso de la antigua Grecia en su disciplina. Se cuenta que entrenaba todos los días levantando un ternero y que era capaz de arrancar un árbol y de doblar una moneda con los dedos. Un día, mientras entrenaba intentó partir un árbol que ya se encontraba medio rajado, con la mala suerte de engancharse la mano en el tronco. Esa noche una jauría de lobos acabó con su vida y le devoraron; Arrichión, que salió vencedor en todos los combates en que participó, hasta que en una ocasión se rompió el dedo del pie y tras denegarle la suspensión del combate su adversario se arrojó sobre él y lo estranguló aprovechando el descanso; Leónidas de Rodas, que ganó tres carreras diferentes y se adjudicó 12 victorias y Melankomas de Caria, famoso por marcar época en su característica forma de luchar, sencilla y agotadora para sus contrarios.

¿Cómo se preparaban los atletas?

Tenían entrenadores que les preparaban durante al menos diez meses y debían presentarse un mes antes de la ceremonia inaugural, en la ciudad de Elis, donde debían jurar delante de la estatua de Júpiter que respetarían las normas de los Juegos. Se sometían a estrictas dietas, principalmente formadas por higos, queso fresco y nueces, bebían poco vino, descansaban, practicaban sexo pero “con moderación” y disponían de criados que les realizaban masajes. Siempre habían “listillos” que utilizaban alguna sustancia dopante, como la miel, la jalea real, el aguardiente y hongos alucinógenos, y no, no penséis que estaba prohibido doparse, al contrario, estaba bien visto.

Y las mujeres…

No todo el mundo podía participar en los Juegos, debías ser hombre libre, de familia noble y con un físico casi perfecto. A las mujeres casadas se les tenía prohibido no solo participar, sino asistir, más por un tema religioso que moral, bajo pena de ser lanzadas desde el monte Tipeo, sin embargo, a las mujeres solteras se les permitía la entrada.

Al finalizar los Juegos Olímpicos masculinos las mujeres celebraban un concurso deportivo, los Juegos Hereos, en honor a la diosa Hera. Estos consistían en una carrera a pie vestidas con túnicas cortas y el pecho derecho al descubierto, como si de amazonas se trataran.

No se permitía a las mujeres participar como aurigas, aunque sí como dueñas de los caballos. Según Pausanias, una mujer de nombre Cinisca, nacida en Esparta e hija del rey Arquídamo II, siendo experta en caballos decidió entrenar un equipo de hombres para presentarse en los Juegos Olímpicos en la categoría de las carreras de carros de cuatro caballos (cuádrigas). No solo ganó en el año 396 a. C., sino que repitió la victoria cuatro años después. Estas victorias tuvieron gran repercusión, le dedicaron en el santuario de Olimpia una inscripción, en la cual declara que fue la única mujer que ganó la corona de flores en las carreras de carros de los Juegos Olímpicos e inspiró a otras mujeres a presentarse en juegos posteriores en la categoría de carrera de caballos.

Reyes de Esparta son mis padres y hermanos. Cinisca, vencedora con un carro de veloces corceles, erijo esta estatua. Y me declaro como la única mujer de toda Grecia que ha ganado esta corona.

Por cierto, la carrera más larga que se disputaba no era la maratón, sino que tenía tan solo cinco kilómetros de longitud. Fue a partir de los Juegos Olímpicos modernos que comenzarán a correrse maratones, tras el discurso en la Soborna del barón Pierre de Coubertin del 25 de noviembre de 1892 en el que declaró la necesidad de internacionalizar el deporte organizando unos nuevos Juegos Olímpicos.

Hoy, como antes, la gloria de los Juegos están al alcance de muy pocos, pero esto no es excusa para que nos movamos del sofá, cojamos un chándal y echemos a correr, no llegaremos a ser semidioses, pero la salud nos lo agradecerá.

Para saber más:

Los Juegos Olímpicos ayer y hoy, tesis de Miguel Ángel Delgado (1971)

Artículo La primera maratón de la historia, de Jose Luis Aguilera y Jorge Rosell. Universidad de Granada

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