¡Quiero depilarme, que venga el alipilarius!

¡Pues a mí que no me toquen ni un pelo!

Cada vez es más frecuente la costumbre de depilarse el cuerpo y los españoles somos los europeos que más lo hacemos. En nuestra sociedad en el 90% de los casos el motivo es estético, pero no penséis que la depilación de una parte o de todo el cuerpo es algo nuevo, de nuestros tiempos, sino que ya se realizaba en las civilizaciones antiguas.

Una costumbre antigua

Encontramos en el papiro de Eber (1.500 a. C.) la descripción para fabricar ungüentos para tal fin. En el antiguo Egipto, las mujeres se depilaban para estar más bellas y también por razones higiénicas, incluso la cabeza, para ello tenían un arsenal de productos de lo más variado: cremas depilatorias con sangre de animales o grasa de hipopótamo y un emplaste hecho a base de ceras de abejas mezcladas con agua, limón, miel y azúcar (halawa). Raspaban la piel con piedra pómez y utilizaban pinzas hechas con conchas marinas y caparazones de tortuga.  Los hombres se depilaban por motivos higiénicos y también religiosos, para poder entrar en los templos, utilizando navajas de sílex o cobre.

Los griegos consideraban como ideal de belleza el cuerpo depilado y empleaban una crema hecha de tierra de Chipre y vinagre conocida como dropa, sin dejar de lado su finalidad higiénica.

En la antigua Roma era frecuente tanto entre hombres como en mujeres de las clases altas ya desde la adolescencia. Disponían de unas esclavas muy valoradas entre las clases pudientes, las ornatrices, dedicadas a la belleza y encargadas de peinar y maquillar cada día a la mater familias. En cuanto a la depilación, generalmente se realizaba en los baños públicos y por esclavos especializados en dicha tarea, los alipilarius, que utilizaban una especie de cuchillo curvado de diferentes tamaños o unas pinzas (volsella), tras aplicar cremas depilatorias (dropax) y una pasta a base de resinas y brea (philotrum). Si pertenecías a una familia pudente podías disponer en tu casa de tus propios esclavos especializados y así no tener que ir a los baños.

Durante la Edad Media la pasta utilizada resultaba de lo más tóxica al emplear arsénico y cal viva, algo de lo que ya advertían en los libros de la época que trataban este tema, al decir “cuando sientas calor en la piel, lávala rápidamente para que no se caiga la carne”. Con el Renacimiento se recuperó el ideal de belleza griego de cuerpos desnudos sin pelo y así se muestra en muchas esculturas y pinturas, siguiendo en uso la práctica depilatoria de los genitales que no se había abandonado en los siglos anteriores.

En culturas como la India el depilarse tenía sentido erótico-sexual, algo totalmente distinto en las mujeres musulmanas, que lo tenían como obligado por motivos religiosos. Las escuelas islámicas consideraban que podía depilarse todas las zonas exceptuando la cabeza y las cejas, porque implicaría cambiar el aspecto que Alá dio al ser humano. Por el contrario, las mujeres cristianas no lo realizaban por considerarlo un ritual pagano.

¿Depilarme o no depilarme?

Existen estudios que concluyen que las personas, hombres y mujeres, que se rasuran el vello púbico, son sexualmente más activos, incluso los hay que demuestran que la depilación genital es más frecuente entre los más jóvenes y sin pareja estable. En otros tiempos puede que el hecho de rasurarse contribuyera a evitar infecciones por la mala higiene de entonces, pero si tenemos vello en el cuerpo es por alguna razón. Por ejemplo, el vello púbico atrapa las feromonas, es decir ese olor característico para estimular el deseo sexual; mantiene la temperatura ideal y prevenir el desarrollo de bacterias; evita que las bacterias que causan infecciones entren en el área vaginal; reduce la fricción que se genera ente la ropa y la piel durante las relaciones sexuales y se es menos propenso a contraer determinadas enfermedades como el molusco contagioso.

Hoy ya no hace falta decir eso de… ¡Quiero depilarme, que venga el alipilarius! disponemos en cualquier ciudad de centros de estética donde nos lo harán por un módico precio. Pero si decidís no hacerlo recordad algo muy importante: el pelo no protege de las enfermedades de transmisión sexual y para evitarlas se hace imprescindible el uso de métodos como el preservativo.

Para saber más:

La incidencia, actitudes y prácticas de la eliminación del vello púbico como modificación corporal. Publicado en J Pediatr Adolesc Gynecol. (2012)

Depilación pública entre mujeres en los EE. UU.: prevalencia, métodos y características Publicado en J Sex Med. (2010)

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