El robo de las joyas de la Corona de Francia, uno de los más insólitos de la historia

Uno de los lugares más transitados en la ciudad de París es la plaza de la Concordia. Muy cerca se encuentra el Hôtel de la Marine, un edificio que podría pasar inadvertido entre tantos otros de la ciudad, sin embargo, hace dos siglos contenía en su interior las joyas de la Corona francesa, un tesoro de incalculable valor y lo digo en pasado porque allí ocurrió, en 1792, uno de los robos más increíbles de la historia. Se calcula que los saqueadores se llevaron diamantes, rubíes, zafiros y topacios con un valor actual superior a los mil millones de euros, pero si sorprende la cuantía de lo sustraído, más sorprende saber cómo lo hicieron y qué necesitaron: tan solo cuatro noches y una juerga.

Las joyas de la Corona de Francia

Será el rey Francisco I en 1530 el primero en reunir una colección de piedras preciosas, la mayoría alhajas de Ana de Bretaña, quien las heredó de su madre Margarita de Foix. Una cláusula estipuló que las joyas llevadas por las reinas deben ser devueltas al tesoro real tras la muerte de su marido y así se incrementó el tesoro. El “Rey Sol”, Luis XIV aumentó su fondo considerablemente y el cardenal Mazarino le legó dieciocho espléndidos diamantes, en 1661. Siete años después, el monarca compró al aventurero y comerciante francés Jean-Baptiste Tavernier, el mayor de sus tesoros: un brillante de 115 quilates azulado.

Adquirido en el sultanato de Golconda, en la India, según la leyenda, este diamante adornaba el tercer ojo de la diosa Sita en un templo de la India. Un sacerdote lo robó y tras ser descubierto en las minas de Golconda, al sureste del país, Tavernier lo adquirió.

Recreación de 2008 del Toisón de Oro mostrando el diamante “Azul de Francia” y el espinel “Côte de Bretagne” del rey Luis XV

Antes, los diamantes de color se consideraban de menor calidad, sin embargo, el tamaño de la pieza llamó poderosamente la atención del monarca que le pagó el equivalente a 150 kg de oro puro, añadiéndolo a su “Gabinete de curiosidades” en el castillo de Saint-Germain-en-Laye y conociéndose desde entonces como el Diamante Azul (Bleau de France).

En 1791, la Revolución francesa obligaría trasladar todas las joyas reales desde Versalles al Garde-Meuble, en el Hôtel de la Marine, y tras el asalto de las Tullerías en agosto de 1792 se arrestó a la familia real y se ajustició a los presos monárquicos. Uno de ellos, el barón Thierry de Ville-d´Avray, antiguo ayuda de cámara del rey, fue el responsable del traslado de las joyas de la Corona y posteriormente nombrado intendente del Garde-Meuble.

La Asamblea Constituyente comenzó a sospechar sobre su gestión y ordenó un inventario contabilizándose 9.547 diamantes, 230 rubíes, 71 topacios, 150 esmeraldas, 506  perlas y 35 zafiros, entre otros. En total, su valor se estimó en casi 24 millones de libras, destacando el diamante conocido como el “Diamante Regente” (12 millones), el ” Bleau de France ” (3 millones) y el “Sancy” (Un millón). Así se descubrió que el barón se apropió de nueve cofres con gemas y alhajas, siendo ajusticiado después.

El gran robo y la sospecha

El 11 de septiembre de 1792, Paul Miette, un convicto liberado de prisión durante los disturbios revolucionarios, junto con otros ladrones,  surgieron de entre la oscuridad de la noche y con una cuerda treparon por una farola próxima al edificio, accediendo a la primera planta. La fachada estaba sin vigilancia esa noche y cortando el cristal de la ventana con un diamante, descolgaron la barra que bloqueaba la persiana interior tras abrir un boquete cuya marca aún es visible en el lugar. Después de perpetrar el golpe huyeron, pero nadie lo comunicó. Las tres noches siguientes, otros grupos de ladrones organizados accedieron al edificio saqueándolo nuevamente sin problemas. En la última de las cuatro noches llegaron a acceder hasta 40 personas en las habitaciones del tesoro, que no solo lo saquearon, sino que, seguros de ellos mismos, se divirtieron comiendo y bebiendo mientras lo hacían. Al final, la guardia nacional alertada, los apresó. Uno de ellos, huyendo se fracturó la pierna mientras se deslizaba por la misma farola que trepó y los soldados comprobaron que tenía los bolsillos llenos de diamantes.

Dos años después se juzgó a 17 personas por el robo, cinco fueron ejecutadas, pero Paul Miette asombrosamente fue liberado. Se recuperó dos terceras partes de lo robado, entre ellas el “Diamante Regente”, el “Sancy” y parte de los “Mazarinos”, pero no el ” Bleau de France”, al que se le perdió la pista cuatro años después del hurto, cuando el cadete Guillot, uno de los ladrones, fue encarcelado al intentar venderlo en Inglaterra.

Como decía al principio el robo sorprende por la cuantía de lo sustraído, por la escasa vigilancia del edificio y porque el responsable de la custodia en aquellos días no advirtió del asalto hasta que varios días después lo hiciera la Guardia Nacional. Esto y el hecho de que pocos días después el ejército francés venció a los prusianos liderados por el duque de Brunswick en la batalla de Valmy, cuando este disponía de uno de los ejércitos mejor preparados de la época, hizo sospechar que el robo había servido para comprar su voluntad.

La maldición del Diamante Azul

Diamante Hope. National Museum of Natural History, Washington.

Con el paso del tiempo son muchos los propietarios y las familias que se hicieron con el diamante en cuestión y muchos fallecieron o sufrieron desgracias que pronto se asociaron a algún tipo de maldición relacionada con él. Según la leyenda, el hindú corrupto que lo robó del templo sufrió una lenta y agonizante muerte, el comerciante que lo adquirió y vendió al rey francés fue mutilado hasta morir por una manada de perros salvajes. Maria Antonieta, esposa de Luis XVI, la utilizó en más de una ocasión y ya sabemos cómo terminó…

En 1812, tras prescribir los cargos del robo, apareció un diamante azul de 45 quilates en manos de un negociante de diamantes de Londres, Daniel Eliason, quien lo recortó. Doce años después, Henry Phillip Hope lo adquiere y pasa sucesivamente a sus descendientes, algunos muertos en extrañas circunstancias. Finalmente, la familia Hope se decide venderlo y así pasa por diversos compradores hasta que el joyero Pierre Cartier lo adquiere por 550,000 francos y en 1911 lo vende nuevamente. En el año 1949, Harry Winston, un comerciante estadounidense, lo adquiere, y a mediados de 1958 decide pulirlo y donarlo al Museo Nacional de Historia Natural de la Institución Smithsoniana, el 10 de noviembre de 1958.

En el año 2007, el prestigioso mineralogista François Farges, descubrió un molde de plomo del Diamante Azul en los almacenes del Museo de Historia Natural de París que curiosamente encajaba perfectamente al superponerlo con el diamante Hope.

En 1887, tras la Revolución Francesa, se propuso poner a la venta parte de la colección, ingresos que pasaron a engrosar las arcas del Estado. En la actualidad,  desde este año se pueden admirar gran parte de esas joyas, las más emblemáticas, en la Galería de Apolo, en el Palacio del Louvre. Aquí os dejo una pequeña muestra.

Joyas de la corona de Francia, en exhibición en el Louvre con la diadema y la corona de la emperatriz Eugenia a la izquierda, el conjunto de la reina Marie Amélie en el centro y la corona de Luis XV a la derecha con la diadema de la duquesa de Angulema.
Parure de Zafiro, de la reina María Amelia
Collar y aretes de la emperatriz Marie-Louise

Links fotos:

David Bjorgen; Francoisfarges; Sailko; Sailko (I); Michael Reeve

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