El Gran Incendio de Londres

Gran Incendio de Londres, autor desconocido (1675) Museo de Londres

La noche del 2 de septiembre de 1666 un devastador incendio asoló la ciudad de Londres.  100 000 personas se quedaron sin hogar y el número de muertos resultó imposible de determinar al no disponer de un censo objetivo de la población. Se dice que tras una epidemia, una guerra o una catástrofe se acelera el progreso de la sociedad, así sucedió.

El gran incendio 

La hipótesis más aceptada de su origen sitúa el inicio del fuego en Pudding Lane, en casa de John Farynor, un reputado panadero que sirvió durante cinco años al rey Carlos II de Inglaterra.

Ese día, tras su jornada de trabajo, no se percató de que aún ardían llamas en el horno situado en el sótano de su hogar. Mientras dormía y ya de madrugada, el fuego prendió  el heno que allí se acumulaba. Tras comprobar lo que sucedía solicitó ayuda al alcalde mayor, Sir Thomas Bloodwworh,  que se presentó en el lugar. Este tras verlo no le dio más importancia al pensar que podía ser fácilmente controlado, según se cuenta exclamó con indiferencia: “¡Psh! Una mujer podría orinar encima”. Recordemos que en aquellos tiempos los edificios eran en su mayoría de madera y los incendios se producían casi a diario, sin embargo, este tendría consecuencias muy diferentes a los anteriores. Cuando el fuego se extendió por todo el local su familia se salvó saltando a una de las casas de al lado, aunque la criada no pudo y se convirtió en la primera de muchas víctimas.

Contrariamente a lo imaginado por el irresponsable alcalde, el fuego avanzó hasta la zona del río Támesis, donde alcanzó unos almacenes de materiales altamente inflamables que saltaron por los aires. En aquellos tiempos, los vehículos contra incendios no eran más que un barril lleno de agua sobre ruedas con mangueras difíciles de manipular, la escasez de medios y el fuerte viento que soplaba ese día hicieron que el fuego continuara imparable su avance hacia el oeste de la ciudad. Fue entonces que se decidió demoler algunos edificios a modo de cortafuegos, pero ya era tarde. La estrechez de las calles dificultó la labor de los bomberos y la ciudad ardió hasta el miércoles 5 de septiembre. Como en otras ocasiones en la historia se buscaron a los culpables, en este caso los rumores acusaron a franceses y holandeses, que estaban en guerra con Inglaterra.

El fuego arrasó cerca de 13 000 viviendas y 90 iglesias, además de la Catedral de St. Paul, el Ayuntamiento, el castillo de Baynard y  los principales centros financieros como el Royal Exchante y el Guildhall, en total, un área de más de 2 kilómetros a lo largo del río Tamesis y una superficie de 300 acres. La humadera y los focos del incendio siguieron ardiendo durante varias semanas y la ciudad medieval desapareció para no volver.

La reconstrucción del actual Londres

“The Monument”

En 1667 se decidió levantar de nuevo la ciudad y en el acta publicado entonces se ordenó que todas las casas y edificios que se levantaran a partir de entonces fueran de piedra o ladrillo. Se presentaron cinco planes para reconstruirla, entre el que destacaba el del afamado arquitecto Christopher Wren, que propuso el actual trazado con calles más amplias manteniendo su distribución original. Supervisó personalmente la reconstrucción de muchas iglesias y oficinas, así como de la columna de más de 60 metros de altura “The Monument” que se levantó en el mismo lugar donde se inició el incendio, y que hoy, junto con el “Golden Boy of Pye Corner”, en Smithfield, son los dos tributos arquitectónicos en memoria de aquellos fatídicos días.

De lo malo, lo bueno

Y como todo tiene su otra cara de la moneda la catástrofe también tuvo su parte positiva. La peste negra que asolaba Londres desde hacía años matando a una quinta parte de la población, todavía veía lejos su fin, especialmente, entre la mayoritaria clase más desfavorecida. El incendio terminó con ella en semanas.

¿Y quién diríais que fue la persona más favorecida entre tanta desgracia?  El médico, economista y especulador financiero, Nicholas Barbon, que montó la primera compañía de seguros de incendios y el primer banco hipotecario británico. Sin ningún escrúpulo y saltándose en ocasiones las leyes, derribó edificios sin permiso y reconstruyó especulativamente la zona, buscó ganancias rápidas y se convirtió en uno de los mayores constructores de la ciudad, de hecho, fue quien conectó la City y Westminster por primera vez a través de los distritos que trabajó, siempre pensando en su propio beneficio, claro.

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Eluveitie

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