La misteriosa desaparición de la espada Honjo Masamune

Si hay una espada samurái por excelencia esa es la Honjo Masamune. Su desaparición tras el final de la Segunda Guerra Mundial no hizo más que aumentar su leyenda y muchos son los que siguen buscándola, ya que su valor es incalculable.

Las katanas de los samuráis

Los samuráis, al igual que el resto de la sociedad japonesa influenciada por las ideas del deber, el honor y la obligación, servían a los grandes terratenientes. El deber del samurái era proteger y servir a su señor y para hacerlo tenían su espada, su posesión más preciada, tanto que se la identificaba como el “alma del samurái”. Esta era sabia, justa y honorable y con el paso de los siglos se convirtió en todo un símbolo de la tradición japonesa.

Las primeras espadas japonesas datan de inicios del siglo VIII, siendo rectas, de un solo filo, un metro de longitud y un peso de un kilogramo. Con el paso del tiempo su elaboración fue impregnándose de las culturas de China y Corea, así, surgieron las espadas de doble filo con empuñaduras ricamente decoradas.

Hablamos de katanas a partir del siglo XII a. C. con la Era Kamakura y se atribuye su invención al espadero Amakuni. Estas se distinguen por su curvatura única y su único filo y se convirtieron en la principal arma del guerrero y podían atravesar las armaduras de los invasores mongoles. Utilizadas en múltiples batallas durante siglos, su forja se convirtió en todo un arte en el que destacaron tres maestros: Masamune, Yoshihiro y Yoshimitsu.

La Honjo Masamune

Será Masamune Ozaki (Goro Nyudo) quien llevó a las katanas a la perfección. Sus espadas son consideradas las mejores y elaboró la legendaria espada samurái Honjo Masamune entre 1288 y 1328.

Introdujo una nueva técnica en su fabricación en la que martilleaba el acero con alto contenido en carbono al rojo vivo hasta conseguir una barra rectangular gruesa que luego cortaba y doblaba una y otra vez, así forjó una hoja con más de 30 000 capas. Posteriormente, templaba el acero en el agua, el contrafilo lo enfriaba más lentamente volviéndose más flexible que el vulnerable filo y menos duro. Consiguió así una katana más ancha, con la punta más larga y una curvatura más pronunciada.

Transmitida de shogun a shogun durante 700 años, el nombre de la espada se lo dio en el siglo XVI el general Honjo Shinegaga, que combatió al servicio del clan Uesugi del norte de Japón. Fue atacado en un duelo singular por otro general enemigo que le partió en dos el casco con la espada fabricada por Masamune, aunque finalmente Honjo Shinegaga le venció y se apoderó de la espada como trofeo. Poco después y falto de recursos económicos la vendió por trece monedas de oro (al cambio actual unos 3000 euros) y desde entonces se transformó en símbolo del poder absoluto pasando de mano en mano de los gobernantes.

A partir del siglo XIV, las continuas guerras ocasionaron un aumento en la demanda de espadas que ocasionó un detrimento en la calidad, hasta que en el siglo XIX un Edicto Imperial las prohíbe como arma de guerra, limitando su uso a los militares y a las fuerzas de seguridad. En 1939 la espada Honjo Masamune fue nombrada tesoro nacional de Japón, pero llegó la Segunda Guerra Mundial.

La misteriosa desaparición 

Tras el ataque de Pearl Harbor en 1941 los japoneses entraron en la contienda de la Segunda Guerra mundial. Los mandos, para estimular a sus hombres en la batalla, entregaron a sus oficiales una espada para que llevaran algo con lo que enorgullecerse emulando a los samuráis. Se calcula que repartieron dos millones de espadas, la mayoría forjadas en fábricas con el acero de las vías férreas.

Al finalizar la guerra muchas de esas espadas fueron destruidas, otras, cientos de miles, entregadas a los oficiales aliados a modo de recompensa, muchas fabricadas en masa, otras verdaderas obras de arte con siglos de antigüedad, en algunos casos incautadas a los aristócratas japoneses.

Los aliados ni sabían, ni les importaba demasiado el valor de dichas espadas y la indignación ocasionada por esta profanación no se hizo esperar. Los japoneses reiteraron su quejas, sin éxito. La orden del propio general McArthur de llevar las espadas a las comisarías de las ciudades para recogerlas y repartirlas entre sus soldados fue cumplida por muchas familias. Iemasa Tokugawa pertenecía a una de las más ilustres de Japón y tenía la Honjo Masamune en su poder. El 18 de enero de 1946 la llevó junto a otras catorce espadas a la comisaría asignada y a partir de entonces se le perdió su pista.

Veinte años después una revista de misterios publicada en New York la menciona, entre otros tesoros desaparecidos en la Segunda Guerra Mundial, y menciona al sargento Coldy Bimore del 7º de caballería como la persona que la recogió de manos de Tokugawa. A partir de aquí todo son preguntas: ¿se la llevó el sargento? ¿Fue fundida al igual que tantas otras sin saber su valor? ¿Cuando regresó el sargento a su casa?

Lo cierto es que no existen registros policiales de este sargento, pero el Dpto. Japonés de Educación registra que sí. Respecto a la segunda cuestión, los especialistas revisaban todas las espadas antes de ser fundidas y puede que uno de ellos la reconociera y la enviara a los Estados Unidos.

En las listas de la asociación del 7º de caballería no se menciona al sargento, así que, ¿existió realmente? La misma publicación dice que el nombre Coldy Bimore es fonético y que la transcripción del inglés al japonés que se hizo bien pudo ser impreciso.

Las espadas samuráis, tesoros deseados

Los norteamericanos tardaron en darse cuenta del valor de estos objetos, pero muchos son los que se enriquecieron (y siguen haciéndolo) adquiriendo y vendiendo espadas samuráis. Probablemente muchos de vosotros conozcáis el programa televisivo El precio de la Historia de las Vegas, donde la familia Harrison valora, compra y vende objetos históricos de todo tipo. Probablemente también vierais algún episodio donde adquieren y venden estas espadas samuráis.

Truman recibió una espada de 650 años de antigüedad como recuerdo de la guerra y hoy existen miles de espadas guardadas en los trasteros de los abuelos esperan ser descubiertas por algún familiar o cazatesoros. Si la Honjo Masamune no fue fundida tras la guerra sería fácil reconocerla. Masamune Ozaki dejó una marca única, unos dibujos en el filo como si de sus huellas dactilares se tratara, y en 1939 se hicieron dibujos de ella que servirían para comparar ese patrón único. Ahora solo falta que aparezca…

Links fotos:

CT Snow; col2.com 

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. astolgus dice:

    FJT: yo tengo una katana pero es de suboficial japonés. La compré hace mucho tiempo y hay algunas peculiaridades que no se si conoces: en la defensa (miniescudo que protege la mano) lleva un orificio en el que entraba un pequeño estilete que, al sacar la katana, en el mismo movimiento arrojabas el estilete para herir al enemigo. Desmontando el mango se separan dos piezas en donde hay escrito algo en japonés. Puedo mandarte alguna foto. También tengo una escopeta de pedernal de Ripoll que lleva las marcas en oro de cada artesano que intervino en su fabricación (culata, cañón, martillo, gatillo y punto de mira de plata para verlo en la oscuridad)

    1. Hola Astolgus,
      pues si quieres puedes publicar tú mismo las fotos de la katana en el comentario (si lo prefieres envíamelas por email y las colgaré yo) Puede que alguien aporte más información sobre ella.
      Saludos

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