Sissi, una emperatriz demasiado “humana”

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Emperatriz Isabel de Austria en traje de coronación húngaro (1867)

Isabel de Baviera, conocida familiarmente como Sissi, fue una figura muy popular sobre la que se han escrito libros y filmado inolvidables películas como la interpretada por la actriz Romy Schneider en 1956. Rebelde en un mundo donde la tradición imperial y las reglas protocolarias de palacio eran la norma, la aureola romántica que la envuelve oculta una obsesión: un trastorno de la alimentación que alternaba episodios bulímicos con otros anoréxicos.

Desde que con 16 años dejara perdidamente enamorado a Francisco José, emperador de Austria, desembarcó en la lujosa corte de Viena encandilando a todos por su inteligencia, cultura y belleza. A raíz de su tercer embarazo (por cierto, tuvo cuatro hijos y siempre dijo que aborrecía estar con niños) comenzó a obsesionarse en mantenerse bella y delgada.

Con una altura de 1,72 metros, fue después de cumplir 25 años que comenzó a convertirse en enfermiza la idea de mantener su peso en 50 kilos y guardar su cintura de 47 centímetros. En aquellos tiempos no habían especialistas en nutrición, así pues, Sissi comenzó a inventarse sus propias dietas y ejercicios que cumplía con voluntad de hierro.

Su bebida preferida era la leche, incluso ordenó construir un establo en su palacio de verano para que nunca le faltara y en sus largos viajes siempre le acompañaban vacas y cabras que le proporcionaban leche fresca. Después de ingerir dulces y pasteles compulsivamente (el chocolate, las tartas de crema y el helado de violetas le apasionaban especialmente) compensaba con dietas a base de carne cruda, sangre de buey y un consomé hecho con la mezcla de distintas carnes. No ingería verdura ni frutas, solo naranjas, y en sus últimos años de vida llegó a tomar a diario un revuelto de cinco o seis claras de huevo con una pizca de sal y una bebida láctea fermentada conocida en Rusia como kéfir.

Dispuso en todos sus palacios de anillas, espalderas y escaleras para realizar sus ejercicios físicos durante horas, algo que en aquellos tiempos no estaba bien visto para una dama. Sus paseos por el monte eran verdaderas caminatas de seis horas, toda una pesadilla para sus damas de compañía que no podían seguirla, y por las noches dormía con paños húmedos ceñidos a sus caderas.

FOTO: Scala, Firenze

Con tan solo 35 años de edad su rostro delató su trastorno y comenzó a llevar siempre un velo azul, una sombrilla blanca y un abanico de cuero con los que cubría su cara para evitar que la vieran, es por esto que no se tienen fotos ni cuadros a partir de entonces. Su carácter comenzó a cambiar mostrándose más irritable y con dificultad para dormir por las noches. Consumía cocaína prescrita como tratamiento, algo habitual entonces, volviéndose adicta a la misma, y era amiga de amuletos y protectores del mal de ojo como el reloj de bolsillo que siempre llevaba consigo.

FOTO: AKG / Album

Con los años, el ayuno que realizaba le ocasionó reuma, edemas y dolores de ciática que no aliviaba en sus estancias en los balnearios. El único médico que consiguió cambiar un poco su trastorno alimentario (quizá desde el punto de vista psiquiátrico) fue el doctor holandés Johann Georg Metzger, fundador del Masaje Sueco, un galeno muy popular entonces por tratar tanto a campesinos como aristócratas, de hecho, solía tratar primero a los aldeanos al pensar que no podían perder tanto tiempo por tener que ir a trabajar.

Tras el fallecimiento de su único hijo varón, el Príncipe heredero Rodolfo, en 1889, en circunstancias nunca esclarecidas, comenzó a aislarse del mundo exterior en el palacio de verano en Corfú (Grecia) con una profunda depresión, siempre vestida de riguroso negro, hasta que, el 10 se septiembre de 1898, en uno de sus paseos por el lago Lemán de Ginebra, cayó aturdida al suelo al tropezar con ella Luigi Lucheni, un anarquista italiano que le clavó en el corazón un fino estilete que le produjo finalmente la muerte.

Sissi Emperatriz siempre será recordada por su belleza, pero también por la melancolía que acompañó su vida hasta su trágica muerte.

Para saber más:

Trastorno de la alimentación

Sissí las manías de la emperatriz

Museo Sissi en el Palacio Imperial de Viena

Links fotos:

Nationalgeographic.com; Pinterest

Información basada en el artículo Sissi, bulímica y anoréxica de elmundo.es

2 comentarios

  1. Tuvo que vivir en una corte profundamente anticuada, con un Francisco José I totalmente absolutista y contrario a la democracia parlamentaria, queriendo mantener un imperio que ya no se sostenía por los diferentes pueblos que lo habitaban, lo del suicidio o asesinato de su hijo Rodolfo debió de ser un autentico escándalo en la época.

    1. Hola Gonzalo,
      según palabras de la propia Sissi “No me quedó otro remedio que vivir como una ermitaña. En el gran mundo me persiguieron y me juzgaron mal, me hirieron y me calumniaron tanto… Y sin embargo, Dios, que ve en mi alma, sabe que jamás le hice daño a nadie”. En cuanto al emperador Francisco José puede que la amara hasta el final de su desdichada vida pero nunca la entendió, al igual que tampoco entendió que el mundo estaba cambiando.
      Un saludo y gracias por tus comentarios, sección importante del blog donde se enriquecen los artículos que propongo.

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