De la penicilina a la vacuna de la covid-19, dos grandes logros de la ciencia

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En plena pandemia por coronavirus por fin comenzamos a ver la luz al final del túnel con la administración masiva de la vacuna. No lo dudéis, salvará muchas vidas al igual que hace casi un siglo sucedió con la penicilina, un hito en la ciencia médica que debemos no solo a Fleming, sino a otros médicos que desarrollaron su producción masiva para poder administrarla primero a los soldados heridos durante la Segunda Guerra Mundial y después, al resto de mortales. Esta es, en cierta forma, la historia de un pasado muy presente en la actualidad.

Albert Alexander, el primer paciente

En septiembre de 1928 Sir Alexander Fleming descubrió accidentalmente cuando volvía a su laboratorio del Hospital St. Mary´s en Londres que un hongo había contaminado una placa de ensayo inhibiendo el crecimiento del estafilococo que contenía. Acababa de descubrir la penicilina, iniciando la era de los antibióticos.

Dr. Ernst Chain realiza un experimento en su oficina de la Facultad de Patología de la Universidad de Oxford. 
(se parece a Albert Einstein, pero no lo es)

Poco después, investigadores de la Universidad de Oxford dirigidos por el patólogo australiano el Dr. Howard W. Florey y un bioquímico huido de la Alemania nazi, Ernst Boris Chain, estudiaron la aplicación médica de la penicilina producida por el moho penicillium notatum para aislar cantidades suficientes como para poder ensayar en un ser humano, y no solo en ratones como habían hecho hasta entonces. Necesitaban un voluntario humano, buscaron un paciente en estado casi terminal para poder administrarle gran cantidad de dosis, y lo encontraron en Albert Alexander, un condestable de la policía de Oxfordshire, en Inglaterra, que a raíz de clavarse la espina de una rosa en la cara mientras cuidaba su jardín, perdió el ojo y la infección se generalizó. Los gérmenes causantes, estafilococos y estreptococos, empeoraron su estado general y tuvo que ser hospitalizado. El 12 de febrero de 1941 le administraron 160 mg de penicilina intravenosa y en 24 horas mejoró tras bajarle la fiebre y remitir la infección. Sin embargo, no dispusieron de la cantidad de penicilina suficiente para mantener el tratamiento y a pesar de reciclarla de su orina para reinyectársela murió un mes después.

Todo gracias a un melón

Cinco meses después, el Instituto Rockefeller les propuso ir al Laboratorio de Investigación Regional del Norte en Peoria, Illinois, donde intentaban cultivar penicilina en grandes cubas de fermentación con el licor de maíz macerado como nutriente, y una cepa de moho de Penicillium que se encontraba en un melón podrido en un mercado de la ciudad. Para sufragar el coste de la misma, y con la necesidad de administrar el antibiótico en grandes cantidades a los soldados heridos en la Segunda Guerra Mundial, en marzo de 1944, Charles Pfizer and Company comenzó a producir penicilina en grandes cantidades en una fábrica de hielo de Brooklyn con 14 fermentadores, con una capacidad de 34 000 litros cada uno, a tiempo para que tres meses después los tres millones de soldados aliados que desembarcaron en Normandía pudieran llevar su dosis de penicilina consigo. Su producción se realizaba en los Estados Unidos y el ejército dispuso del monopolio de uso y distribución, salvando miles de vidas, mientras los soldados alemanes que caían no disponían más que de sulfamidas.

La llegada de la penicilina a España

El primer paciente a quien se le administró el novedoso tratamiento fue un ingeniero de minas de Wolframio ingresado en el Sanatorio San Nicolás de A Coruña, el 10 de marzo de 1944, indicado por el Dr. Rafael Fernández Obanza quien pudo conseguir unas dosis de un envío procedente de las tropas norteamericanas en el Norte de África que estaban de camino en Gibraltar. Por desgracia, el paciente no sobrevivió.

Ese mismo año, un niño de nueve años de edad de Vilagarcía en A Coruña, Paquito Sobrido González, presentaba una grave septicemia y el Dr. Manuel Tourón López pudo hacerse con la penicilina que necesitaba de una partida que había llegado a Madrid, tras contactar con una familia gallega de allí que gestionó la compra de la penicilina a través de la embajada Británica. Encargaron recogerla a Emilio Lois Cerviño, padrino del niño.

Emilio, al llegar a Madrid y ante su sorpresa, el hospital le requirió una gran cantidad de dinero que no disponía en ese momento. Tras conseguirlo al ir a un banco regresó al hospital y le dijeron que ya lo habían vendido. Finalmente, consiguió la medicación, pero ahora se enfrentaba al reto de llevarla de forma refrigerada a lo largo del largo trayecto en tren. Para ello, notificó a cada estación de tren que dispusieran de hielo para mantener la penicilina fría. Por fortuna lo cumplieron y llegó a Galicia con la preciada medicación. Tras administrársela, Paquito curó.

Ya de adulto, ese niño al borde la muerte, se convirtió en médico y Jefe de Sección de Cirugía torácica y Vascular en el actual Hospital Universitario de A Coruña.

Tras la Segunda Guerra Mundial se creó en España una comisión que garantizara la distribución de la penicilina en todas las farmacias y hospitales.

Las compañías Pfizer y BioNtech

Pfizer, fundada en 1849 por los inmigrantes alemanes, Charles Pfizer y su primo Charles Erhart, con el nombre de Pfizer Charles and Company, comenzó en un edificio de la avenida Harrison y la calle Bartlett, en Brooklyn, produciendo un antiparasitario conocido como Santonin. El éxito de las ventas les llevó a producir ácido tartárico y crémor tártaro, dos sustancias utilizadas para elaborar conservantes de alimentos y analgésicos y desinfectantes, también con gran éxito.

Tras la Primera Guerra Mundial, la escasez del citrato de calcio hizo que la compañía buscara una alternativa y se enteró de un hongo que fermentaba el azúcar transformándola en ácido cítrico, utilizando después esa propiedad para fabricar masivamente durante la Segunda Guerra Mundial la penicilina, convirtiéndose en 1945 en su primer productor a nivel mundial. Años después, la penicilina pasó a ser una medicina barata y Pfizer reorientó su investigación a nuevos medicamentos que resultaran más rentables económicamente, puede que el más conocido por todos sea la Viagra, utilizada para tratar la disfunción eréctil.

Hoy es una de las grandes multinacionales farmacéuticas de todo el mundo y junto a su actual socio, la empresa alemana BioNtech, desarrollaron una de las vacunas anti-COVID-19 que comenzaron a administrarse. La capacidad de Pfizer de realizar ensayos y producir a gran escala, junto a la investigación puntera ya desarrollada por BioNtech en la tecnología de ARN mensajero, primero en fármacos anticancerígenos y después, gracias a un acuerdo hace dos años con la Fundación Bill y Melinda Gates, para desarrollar una vacuna tratar la tuberculosis y el VIH, han conseguido producir la actual vacuna en un tiempo récord y con las garantías suficientes como para ser aprobada por los organismos competentes. Se espera que produzcan 1300 millones de dosis este año para proteger a 650 millones de personas (se requieren dos dosis administradas con tres semanas de diferencia), pero gracias a las vacunas desarrolladas por otras compañías se espera poder cubrir al resto del mundo.

Las vacunas con ARN mensajero, una revolución en biomedicina

Las vacunas elaboradas a partir del ARN mensajero han demostrado una potente respuesta protectora en otras infecciones, además de ser bien toleradas y potencialmente muy seguras al no integrarse en el ADN, ya que la molécula de ARN es muy frágil y el tiempo que permanece en las células es muy corto. Tampoco causan la enfermedad al utilizarse un fragmento de ARN.

El SARS-Cov-2 ha causado más de 1 800 000 muertes solo el año pasado y 74 000 en España, y los datos epidemiológicos a día de hoy parecen confirmar que este año puede ser peor, eso sin contar las posibles lesiones residuales que pueden ocasionar en el cuerpo a medio o largo plazo, los costes económicos y otros aspectos sociosanitarios. Se trata de una situación de emergencia sanitaria internacional en la que en los próximos meses podremos confirmar la efectividad de las vacunas para controlarla. Si se cumplen las expectativas, en un futuro muy próximo las vacunas diseñadas con ARN mensajero podrían diseñarse en un ordenador y fabricar bajo demanda a bajo coste y en un tiempo récord, incluso, podría diseñarse una vacuna contra múltiples patógenos. Sin duda, podría significar una revolución tecnológica que puede cambiar la medicina actual, ya que también podría avanzarse hacia tratamientos personalizados en otras enfermedades como el cáncer.

La vacunación contra la covid-19 ayudará a evitar que contraigamos la enfermedad, es la manera más segura de generar protección y de frenar la pandemia. Al igual que la penicilina hace ya un siglo, estamos ante otro gran avance de la biomedicina. Ya sea con una vacuna o con otra, no ignoremos a la ciencia y… ¡vacunémonos! Yo esta semana ya me la puse. 😉

Para saber más:

Efectos secundarios de las dos vacunas aprobadas en la UE

The Discovery of Penicillin, de Guy De la Bédoyère

Fleming visita Barcelona

Links fotos:

Wikiwand; Krueger CC 3.0; xploramax.com

6 comentarios

  1. El primer paciente a quien se le administró el novedoso tratamiento fue un ingeniero de minas de Wolframio cuyas principales minas estaban, y están, en España que las exportaba a la Alemania nazi en la Segunda Guerra Mundial y el Dr. Fleming, escocés al servicio de la Gran Bretaña fue descubridor de la Penicilina y contribuyó con ello a la cura de terribles infecciones evitando millones de muertes en todo el mundo.

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