La Casa de las Muertes

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La Casa de las Muertes a la izquierda de la imagen. En el centro de la plaza la escultura de Miguel de Unamuno

En el centro histórico de Salamanca encontramos uno de los edificios más bellos y quizá desconocidos de la ciudad. Marcado por una oscura leyenda, se documenta que la calle donde se encuentra se conocía como la Calle de las Muertes, y si damos por cierta la tradición, en ella encontraron la muerte varias personas en circunstancias muy distintas.

El edificio

Encontramos el edificio justo al lado de la casa donde vivió y murió Miguel de Unamuno, en el número 6 de la actual calle Bordadores (antigua calle Tapiceros). El arzobispo Diego de Alfonso de Fonseca encargó su diseño a principios del siglo XVI al arquitecto Juan de Álava y en su plateresca fachada labrada en la piedra se lee en un medallón central dedicado a Alfonso de Fonseca: “Severísimo Fonseca Patriarcha Alexandrino”. En las pilastras de las ventanas superiores se podían ver cuatro calaveras que en algún momento del siglo XVIII desaparecieron, algunos dicen que por el temor que inspiraba a la gente del lugar, y en alguna de las restauraciones que se efectuaron en el siglo XX volvieron a reaparecer.

La muerte acecha a sus inquilinos

Una leyenda cuenta cómo Don Diego y su esposa Doña Mencía murieron en ella de amor.

Un caballero, Don Diego, famoso por sus amoríos y sus duelos a espada con los maridos de su conquistas, conoció a Doña Mencía, una bella mujer recién salida de un convento y que terminaría por convertirse en su esposa. Con los años y ante las obligadas ausencias de su marido debidas a la guerra, decidió buscar cariño en otros hombres, no uno, ni dos, sino con tres. Era cuestión de tiempo que llegaran a oídos de Don Diego las andanzas amorosas de su mujer y decidió tenderle una trampa al no soportar que le hicieran lo mismo que él hizo durante toda su vida. Así, fingiendo estar fuera de la ciudad, acabó con la vida de dos de los amantes de Doña Mencía, pero quedaba el tercero, Don Lope. Este quedó con Doña Mencía que la visitaría en su casa de noche y para no levantar sospechas tocaría su puerta con una señal convenida. Llegando al portal, Don Diego le mató con su espada, aunque no pudo evitar que le hiriera mortalmente en el costado. Dejando el cuerpo en medio de la calle entró en su casa y subió como pudo las escaleras para encontrarse  con su mujer. Doña Mencía se encontraba en su habitación terminando de peinarse ajena a lo que acababa de suceder y al ver que quien entraba era su marido se exaltó. Don Diego, más muerto que vivo, llegó hasta su mujer y acabó asfixiándola hasta que murió. Al día siguiente, los vecinos descubrieron a la pareja muertos en su casa con las manos de Don Diego rodeando el cuello de su mujer.

Otra leyenda tiene también el desamor como protagonista de la fatal historia.

Dos bandos nobiliarios se disputaban la ciudad de Salamanca: los Manzano y los Monroy. Elvira Manzano, joven y bella, rechazó la propuesta de amor de Don Diego Monroy. Este, consumido por el rechazo buscó tres cómplices, dos soldados y un sirviente de los Manzano de nombre Altamirano, para secuestrarla. La noche convenida, Altamirano confesó a la joven la traición consumido por su mala conciencia y fue entonces que Elvira decide fingir su propia muerte dejándose caer en una alfombra con un crucifijo en la mano. Don Diego, ya en el interior de la casa, corre hacia ella y rompe a llorar con culpa y arrepentimiento. Mientras, el fiel sirviente hace creer a los soldados que en una habitación encontrarán joyas y dinero, y cuando se dirigieron para saquearla los condujo por una escalera de caracol hasta una cueva. En ella se encontraron a la madre de Elvira, Doña Mencía de Asuero, con los cadáveres de sus dos hijos mayores en el suelo, muertos y decapitados a manos de doña María la Brava como venganza a su vez de la muerte de sus hijos, Pedro y Luis, a manos de los hermanos Gómez y Alonso, de la familia de los Manzano. Ante la horrible escena los soldados se quedaron inmóviles y, sin poder reaccionar a tiempo, Altamirano les deja encerrados para siempre en la cueva. No será hasta que muchos años después, en unas obras de la casa apareció la roca con los cuatro cadáveres y de Don Diego se dijo que ingresó en un convento arrepentido para siempre.

El escritor portugués Francisco Botello de Moraes y Vasconcelos publicó a principios del siglo XVIII la novela “Historia de las cuevas de Salamanca” donde cuenta con modo burlesco que el mismo demonio vivía en algún lugar de las siete cuevas existentes en la provincia y según la tradición enseñaba magia a siete estudiantes, entre ellos el marqués de Villena. Exigía también que cada año le trajeran a una joven para sacrificarla a cambio de no hacer daño al resto de las gentes. Esta era elegida por sorteo y en una noche sin luna era abandonada a la entrada de la cueva. El demonio, tras matarla, devolvía su calavera en el mismo lugar donde la dejaban, y así, las calaveras de estas desgraciadas chicas eran colgadas en lo alto de la fachada de una de las casas más altas de entonces, la Casa de las Muertes. Hoy, la Cueva de Salamanca, es un lugar legendario y se ubica en la cripta en la ahora inexistente iglesia de San Cebrián.

Durante mucho tiempo se rumoreó entre los salmantinos que un fantasma aparecía días antes de que se produjera un asesinato en la Casa de las Muertes, y que por la noche se escuchaban cadenas y gemidos de almas en pena. Esto hizo que durante mucho tiempo la casa estuviera cerrada al no encontrar a nadie que quisiera vivir en ella. Confío que a sus actuales propietarios esto no le quite el sueño, pero tranquilos, las  leyendas, leyendas son.   😉

Links fotos:

José Luis Filpo Cabaña; Björn S ;Tamorlan

6 comentarios

    1. Hola libreoyente,
      siempre que viajo a Salamanca descubro un edificio cuya historia nos cautiva y nos hace retroceder a un pasado lleno de historias. Por cierto, la palabra “Salamanca” en el hemisferio sur significa “Cueva natural que hay en algunos cerros y en la que, según la creencia popular, se reúnen brujas para practicar hechicerías o conjurar maleficios”, relacionándola con la leyenda de la Cueva de Salamanca.
      Saludos

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