Historia de un microbio

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Hasta el siglo XVIII se desconocía el porqué las uvas se convertían en vino, porqué los alimentos se estropeaban con el paso del tiempo y porqué el queso se elaboraba a partir de la leche. Puede que se preguntaran el porqué de todo esto pero debía de darles igual, ya que de todas formas elaboran su vino y su queso, y lo mejor de todo, se lo bebían y comían. En realidad, puede que no les importara demasiado el porqué de las cosas (o quizá sí), pero la respuesta no comenzó a dislumbrarse hasta que Leeuwenhoek viera por primera vez un microorganismo con su microscopio, toda una revolución para la medicina y la sociedad futura.

Es curioso saber que no fueron precisamente médicos los que en la antigua Roma postularan que podían existir unos animalitos tan diminutos que no podíamos verlos, ni oírlos, y sin embargo, podían provocarnos enfermedades al penetrar en nuestro cuerpo. El militar y funcionario romano del siglo I a. C. Marco Terencio Varrón, recomendaba construir las casas alejadas de los pantanos, ya que, en dichas áreas “hay una raza de ciertas criaturas diminutas que no se pueden ver por los ojos, pero que flotan en el aire y entran al cuerpo por la boca y la nariz y causan enfermedades graves”. En la misma época, el gran arquitecto Marco Vitruvio Polión, se preocupó que las ciudades dispusieran de agua potable gracias a los acueductos y sistemas de alcantarillado. El escritor agronómico Lucius Junius Moderatus Columella, más conocido como Columela, en el siglo I dijo que los insectos podían picarnos y por algún motivo desconocido provocarnos algún mal.

… y llegó la diarrea de Leeuwenhoek

El comerciante neerlandés Anton van Leeuwenhoek, conocido como el “padre de la microbiología”, pasó de observar con potentes lentes la calidad de las telas que trabajaba a convertirse en 1681 en la primera persona en observar bacterias y otros microorganismos con el microscopio que se fabricó:

En cierta ocasión sufrió una aparatosa descomposición fecal que le obligó a buscar una solución y examinó sus propios desechos acuosos en el microscopio. Fue así que vio unos “animálculos moviéndose muy graciosamente (…) algo más largos que anchos, con el vientre (…) provisto de varias patitas”. En realidad, se trataba de un protozoo conocido como Giardia, causante de un tipo de diarrea.

Después de recuperarse de su incómoda diarrea la curiosidad le pudo más y comenzó a observar a través del microscopio microbios en gotas de agua, dientes con caries y…  hasta los espermatozoides de su propio semen, eso sí, él insistió en que obtuvo la muestra con el “excedente que le proporcionó la naturaleza en sus relaciones conyugales”, negando cualquier “artimaña pecaminosa”.

Contemporáneo a Leeuwenhoek, el científico inglés Robert Hooke, acuñaría el término de célula en su libro Micrographia en el que aparecen por primera vez dibujos de imágenes tomadas con microscopía óptica, convirtiéndose rápidamente en todo un best-seller científico.

Los microbios son seres vivos o sistemas biológicos tan diminutos que solo pueden verse con el microscopio, y pueden ser bacterias, protozoos, hongos, arqueas y virus. El descubrimiento de Leewenhoek, junto con las observaciones de Spallanzani y Pasteur, demostraron la falsedad de la hipótesis de la generación espontánea descrita por Aristóteles y admitida por pensadores tan influyentes como Descartes, Bacon o Newton. Esta teoría sostenía que ciertas formas de vida surgían de manera espontánea a partir de materia orgánica o inorgánica, llegando a esta conclusión al comprobar la descomposición de la materia. Los experimentos de Robert Koch terminarían por desmontar esta arraigada, pero errónea hipótesis, y demostró en 1876 que los microorganismos eran los que causaban las enfermedades, formulando sus famosos postulados. Le concedieron el Nobel de Fisiología y Medicina por descubrir las bacterias que producían la tuberculosis y el carbunco, y junto a Louis Pasteur sentaron las bases de la bacteriología.

Los microbios, nuestros amigos

No sé si sois de los que se tocan el ombligo, pero si lo hacéis podríais encontrar una de las más de 2600 tipos de bacterias que allí hay. En nuestro organismo hay unos cuarenta billones de microorganismos, más que el número de células de nuestro cuerpo, su composición y frecuencia de los tipos de bacterias difiere entre las personas y estos “bichitos” ayudan a fabricar vitaminas y minerales, asimilan los alimentos y cooperan con el sistema inmunitario. Esto es algo que podemos comprobar nada más nacer, ya que, los niños nacidos por cesárea tienen más riesgo de padecer asma, alergias o dermatitis atópica al adquirir menos y diferentes tipos de microorganismos que los nacidos vía vaginal.

La mayor proporción de microorganismos de nuestro cuerpo se encuentra en el intestino y ya es una realidad el trasplante de microbiota fecal -para entendernos, el trasplante de heces- para curar diarreas rebeldes provocadas por la bacteria Clostridium difficile, y puede que en el futuro la enfermedad de Crohn, el colon irritable o la Esclerosis Múltiple. Por cierto, puestos  a donar, existen donantes de excrementos cuyos excrementos son “perfectos”, microbiológicamente hablando, claro.  😉

Los microorganismos nos acompañan desde siempre, incluso existieron mucho antes que nosotros. Los restos de seres vivos más antiguos del mundo siguen siendo los estromatolitos del cratón de Pilbara Craton (Australia), con una antigüedad de 3450 millones de años, puesto disputado con los encontrados en el año 2016 en Groenlandia, una disputa muy viva en nuestros días.

Para saber más:

Microorganismos como nunca los viste

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