Grandes epidemias de la historia

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La propagación de enfermedades infecciosas ha sido un factor importante en el desarrollo histórico, sin embargo, hubo muchas otras además de la temida peste. Descubramos esta y otras epidemias que marcaron nuestra historia y probablemente nuestro futuro.

Los cronistas antiguos y medievales usan el término plaga para hablar de dichos episodios, debido a la creencia antigua de que las epidemias se debían a un castigo divino por una conducta pecaminosa, afectando por igual a ricos y reyes que mendigos y pobres, hasta que, bien entrado el siglo XVII, no se comienzan a identificar los microorganismos que las ocasionan.

Las menciones históricas de plagas y epidemias han sido frecuentes en toda la historia. El libro del Éxodo describe las plagas que Moisés hizo caer sobre Egipto, por cierto, tienen su explicación científica con el cambio climático ocurrido tras la brutal erupción sucedida en Santorini, al sur de mar Egeo, tres siglos antes del reinado de Ramsés II.

La primera epidemia documentada la describió el historiador y militar ateniense Tucídides en La Guerra del Peloponeso (428 a. C.) que acabó con un tercio de la población de Atenas (300 000 personas), mientras se sucedía la guerra con Esparta, siendo Pericles una de sus víctimas. Se describe como la peste de Atenas, sin embargo, se asocia a la fiebre tifoidea al hallarse, en la pulpa dental de tres dientes, en un estudio realizado en 1994 en los cuerpos encontrados en el cementerio de Kerameikos de Atenas, la bacteria Salmonella enterica tiphy.

Caída de imperios

Ya sea directa o indirectamente, algunas de las grandes epidemias de la historia causaron el declive de imperios consolidados durante siglos.

Plagas del reinado de Antonino

En el siglo II d. C. se sucedieron las llamadas “plagas del reinado de Antonino” o Peste antonina (165-180 d. C.) durante el reinado del linaje de los antoninos, con Marco Aurelio a la cabeza. También conocida como plaga de Galeno, al ser este famoso médico quien la describió. Actualmente se piensa que fue una infección de viruela (o sarampión, o brotes de las dos), que afectó al Imperio Romano. Según el historiador romano Dion Casio causó hasta 2000 muertes diarias en Roma y una cuarta parte de las personas acabó infectada. El total de muertes se han estimado en cinco millones y la enfermedad diezmó al ejército romano.

El famoso médico griego Galeno regresó a Roma en el año 168 y describe la plaga “como grande y de larga duración”, menciona síntomas como la fiebre, la diarrea y la inflamación de la faringe, así como una erupción en la piel, a veces seca y purulenta, que en ocasiones aparece en el noveno día de la enfermedad. La información proporcionada por Galeno no define claramente la naturaleza de la plaga, pero los estudiosos han preferido generalmente diagnosticarla como la viruela.

La viruela en el Nuevo Mundo

La derrota de una población numéricamente muy superior del Imperio azteca a manos de Hernán Cortés, por parte de unos pocos europeos apoyados por sus aliados indígenas, influida por los efectos desastrosos que los gérmenes de origen europeo tuvieron un efecto devastador sobre las poblaciones americanas. La viruela no sólo se expandió por Mesoamérica, sino que al parecer se propagó más al sur, y pudo ser un factor importante el debilitamiento del Imperio incaico subyugado por Francisco Pizarro. En México se estima que la población entre 1519 y 1530 se redujo de unos 20-30 millones a 2-3 millones.

La peste

Ha sido directamente responsable de más muertes humanas que cualquier otra enfermedad infecciosa, salvo la malaria. Afectaba a los roedores, principalmente ratas, y se transmitía por las pulgas de estos roedores a través de las picaduras a los humanos. Las ratas tras ser infectadas la mayoría mueren, pero las que sobreviven quedan como una fuente de la yersinia pestis. Es pues una enfermedad que pasa de los animales a los seres humanos, cuyo contagio era fácil porque ratas y humanos estaban presentes en muchas de las casas y graneros.

Puede ser de tres tipos, la septicémica (bacteria en sangre), la neumónica, menos frecuente pero mortal, y la más frecuente, la bubónica por las inflamaciones dolorosos de los ganglios en axilas, ingles y cuello que a veces supuran, acompañadas de fiebres elevadas.

El nombre de peste negra se origina por las manchas oscuras de la piel en su variante septicémica al pasar a la sangre siendo mortal siempre. Las ciudades eran más seguras debido al hecho de que las pulgas tenían más víctimas a las que infectar, aunque las más densamente pobladas se vieron más afectadas, afectando la morbilidad mucho más a las zonas rurales, que se despoblaron.

Originó diversas epidemias a lo largo de los siglos, las tres más terribles fueron:

Plaga de Justiniano (entre los años 541 y 543)

El Imperio bizantino se encontraba en uno de sus momentos de mayor esplendor cuando una epidemia de peste vino a oscurecer el mandato del emperador Justiniano. Es la primera epidemia de peste de la que se tiene constancia. Asoló Asia, el norte de África, Arabia y parte de Europa

La enfermedad, y con ella el miedo y la histeria, se expandió por Constantinopla -una ciudad de casi 800 000 habitantes- a una velocidad vertiginosa y de allí a todo el Imperio. Incluso el propio Justiniano fue víctima de la peste, aunque terminó recuperándose. Al final de la epidemia la capital imperial había perdido casi el 40% de su población, y en todo el imperio se había cobrado la vida de 4 millones de personas. Las consecuencias económicas fueron catastróficas.

Peste Negra (1346-1353)

Una de las peores épocas que tocaron vivir. La guerra de los Cien Años entre Francia e Inglaterra fue devastadora, guerras civiles en Castilla e Italia, revueltas sociales… y solo faltaba la epidemia de peste.

Aunque el foco primigenio es aún hoy motivo de debate, estudios recientes lo sitúan en Laishevo, un pueblo ruso en la región del Volga, probablemente fue propagada a Europa con la llegada de los mongoles a la colona comercial genovesa de Caffa, a orillas del mar Negro. Los mercaderes que huían del ejército mongol la propagaron por sus rutas comerciales afectando especialmente a las grandes ciudades comerciales.

Acabó con el 30-50% de la población de Europa (50 millones personas) y se repitió en sucesivas oleadas hasta 1490, llegando finalmente a matar a unos 200 millones de personas. Afectó especialmente a niños y jóvenes, siendo los médicos y notarios los más afectados al estar en mayor contacto con los enfermos. En la península Ibérica la población descendió de los 6 a los 2,5 millones de habitantes siendo la primera víctima conocida un mallorquín llamado Guillem Bassa, que falleció en marzo de 1348, y el propio rey de Castilla Alfonso XI, que falleció por peste durante el sitio a Gibraltar en 1350.

En muchos lugares de Europa se iniciaron saqueos y matanzas de judíos exterminando a muchas de sus comunidades, como el asalto al barrio judío de Barcelona el 14 de mayo de 1348, acusándoles de ser los causantes de la infección al envenenar los pozos. Conviene recordarlo en tiempos como los actuales en que el coronavirus despierta la solidaridad entre vecinos, pero en ocasiones también el miedo al otro y el racismo.

No existía cura. Los médicos prescribían brebajes protectores y antídotos. Se protegían con un atuendo que les tapaba de pies a cabeza con una larga túnica y una máscara picuda, indumentaria atribuida a Charles de Lorme, médico personal de muchos miembros de la realeza europea del siglo XVII. La indumentaria de los médicos, revestida de ceras aromáticas y guantes de piel de cabra, y en la mano una vara para no tocar a las víctimas con las manos. El sombrero incluía anteojos y una máscara con una nariz de 15 cm. llena de perfume y una mezcla de más de 55 hierbas, polvo de víbora, canela, mirra y miel, para protegerlos del aire envenenado y que podía causar el desequilibrio en los humores. La forma picuda de la máscara daría al aire el tiempo suficiente para impregnarse de esta solución protectora antes de llegar a las fosas nasales del médico, que así no respiraría aire contaminado. En realidad, estos trajes y máscaras no eran efectivos para protegerlos (aunque sí contribuyeron a que fuesen reconocidos a simple vista por todos).

La peste contribuyó al debilitamiento del feudalismo, propició la acumulación de capitales en manos de la burguesía y se debilitó el mito cristiano del paraíso, inclinando a los hombres hacia el bienestar terrenal. Al disminuir la población, aumentaron los salarios y la emigración hacia las ciudades aumentando su dinamismo, y los campesinos pudieron acceder a tierras abandonadas. Esto fue uno de los motivos por los que se iniciaría el Renacimiento y la modernización de Europa. El hombre comenzó a presentar cierta inclinación científica que le llevó a ser más cuidadoso con la prevención de epidemias.

Otros brotes notables fueron la plaga italiana (1629-1631) y la gran peste de Londres (1665-66) y continuó con brotes intermitentes hasta 1879. Como la plaga golpeó unas regiones pero no otras, los diversos brotes de peste tuvieron un efecto notorio en el desarrollo político y económico de Europa desde la Edad Media.

Las explicaciones que daban de las enfermedades contagiosas tenían distintos orígenes: la corrupción del aire provocada por la emanación de organismos en descomposición; la conjunción de determinados planetas, los eclipses o el paso de cometas y la liberación de gases tóxicos durante las erupciones volcánicas. Todos ellos provocados por la cólera de Dios debida a los pecados de la humanidad. No fue hasta que a finales del siglo XIX se descubrió el microorganismo que la causa. Originalmente, fue denominado Bacterium pestis hasta 1900, Bacillus pestis hasta 1923, Pasteurella pestis, hasta que en 1970 se le denominó Yersinia pestis en honor de Alexandre Yersin​, bacteriólogo franco-suizo del Instituto Pasteur, codescubridor de la bacteria en 1894, junto a Kitasato Shibasaburō, ambos de manera independiente pero al unísono.

Tercera Pandemia (18551918)

Comenzó en China e India y terminó por extenderse por el resto de Ásia, África y América.

El patógeno bacteria Yersinia pestis no ha cambiado mucho, genéticamente hablando tiene su origen en la era medieval. Esta enfermedad afecta hoy en día a más de 3000 personas en todo el mundo, sobre todo en Madagascar, República Democrática del Congo y Perú. Con el tratamiento adecuado y precoz el 85% de las víctimas actuales sobreviven a la enfermedad. Gracias a la lenta evolución de la peste los antibióticos actuales, estreptomicina, gentamicina, entre otros, son efectivos contra el moderno Yersinia pestis, y también lo habrían sido contra la Peste Negra de la Edad Media.

La vacuna solo se recomienda como profilaxis en grupos de riesgo como personal de laboratorio, al ser los antibióticos eficaces.

La malaria

Si hay una enfermedad que ha dejado un gran impacto en la historia de la humanidad a lo largo de los tiempos esa es la malaria. El nombre se lo puso el médico italiano de finales del siglo XVII Francesco Torti al pensar que se transmitía por el “mal aire” que emanaba de los pantanos. Está entre nosotros desde hace 100 millones de años, se encontró ADN del parásito aislado de mosquitos atrapados en ámbar. Se transmite a los humanos a través de la picadura de mosquitos anofeles infectados.

Pudo haber causado la muerte de la mitad de la población que ha habitado el planeta. Buena muestra de que las epidemias afectan a cualquier persona, de cualquier clase social (Tutankamón, Alejandro Magno, Gengis Kan, Dante y Carlos I de España bien pudieron morir a consecuencia de ella.

Encontramos sus síntomas escritos en el papiro Ebers, en tablillas de arcilla de la biblioteca de Asurbanipal en Mesopotamia y en textos de medicina china, y en lo que al tratamiento se refiere, durante la Primera Guerra Mundial se trató con azul de metileno, pero a los soldados nunca les gustó por teñir de azul la orina y la esclerótica de los ojos. Durante la Segunda Guerra Mundial la cloroquina, pero surgieron resistencias que la hicieron ineficaz. Después surgieron los insecticidas (DDT) para eliminar el parásito que lo transmitía.

La búsqueda de una vacuna se remonta a 100 años atrás y el Dr. Pedro Alonso lidera la investigación desde hace más de veinte años. Se trata de la primera vacuna contra un parásito capaz de reducir la enfermedad entre la población infantil y aunque su protección es del 40% esto puede tener un gran impacto a nivel mundial, ya que se podrán prevenir cada año cerca de 400 000 muertes, sobre todo niños del África subsahariana.

Viruela

No tan contagiosa como la gripe o el sarampión, pero responsable de la muerte de millones de personas durante miles de años. En Europa tuvo un periodo de expansión dramático durante el siglo XVIII, infectando y desfigurando a millones de personas, y se expandió masivamente en el Nuevo Mundo cuando los conquistadores empezaron a cruzar el océano afectando de manera terrible una población con defensas muy bajas frente a nuevas enfermedades

El médico inglés Dr. Edward Jenner desarrolló la vacuna en 1796 tras administrarla a un niño de 8 años llamado James Phipps, aunque la idea de inocularse a sí mismo la enfermedad para prevenirla nace en China o la India alrededor del año 200 a. C. A los pacientes con formas leves de viruela se les recogían fragmentos de pústulas secas para molerlas convirtiéndolas en polvo y así introducirlas por la nariz esperando a inmunizarse. En India se vestía a los niños con las ropas de enfermos de viruela.

El nombre de vacuna (del latín vacca) se debe al Dr, Pasteur por el hecho de que las ordeñadoras de la época de su predecesor, el Dr. Jenner, que estaban en contacto con la viruela de vaca (forma más benigna de la enfermedad) hizo que se inmunizasen. Esta observación es la que originó que el Dr. Jenner llevara a cabo su experimento con linfa de viruela vacuna procedente de una pústula de una ordeñadora, Sarah Nelmes.

En 1977 se registró el último caso de contagio del virus y se considera oficialmente erradicada desde el 9 diciembre del año 1979.

Fiebre tifoidea

Su nombre proviene del griego typhos=estupor, porque los pacientes permanecen estuporosos. Se transmite por contagio fecal-oral y se propaga a través de alimentos, agua o bebidas contaminadas. Los pacientes afectados presentan fiebre que llega incluso a 40ºC, malestar general y en algunos brota en la piel del tronco unas manchitas rosáceas que desaprecen a los pocos días y una diarrea que se identifica como en “puré de guisantes”.

La bacteria la descubrió el patólogo alemán Karl Joseph Eberth, en 1880 y a finales del siglo XIX se descubrió tras una exhaustiva investigación a la primera portadora asintomática conocida: Mary Mallon.

Esta irlandesa, que emigró a los Estados Unidos e hizo de cocinera para familias pudientes de Nueva York, era conocida por su mal carácter y peor lenguaje, pero muy buena cocinera. Transmitió sin saberlo la enfermedad a las familias para las que trabajaba y tras una ardua investigación del Departamento de Salud de la ciudad de Nueva York la encontraron en 1915, acusándola de haber contagiado a más de 50 personas, muriendo tres de ellas. La confinaron en una cabaña del Hospital Riverside de North Brother donde vivió hasta su muerte durante 23 años. Nunca entendió porqué todo el mundo estaba en su contra cuando ella no había hecho nada malo.

Gran Gripe de 1918

No se originó en España, lo del nombre de Gripe Española es del todo injusta, pero España ajena a la Primera Guerra Mundial informó de muchos casos y la prensa prestó mayor atención a la infección, así nos quedamos con la etiqueta. Ocasionada por el Influenza virus A subtipo H1N1. El primer caso se detectó en un joven soldado en Fort Riley, Kansas. Murió entre el 3 y el 6% de la población mundial con unas mortalidad entre los infectados del 10-20%.

Gripe Asiática

Registrada por primera vez en la península de Yunán, Chinael virus de la gripe A (H2N2) de procedencia aviar apareció en 1957 y en menos de un año se había propagado por todo el mundo. A pesar de que los avances médicos con respecto a la pandemia de la gripe española contribuyeron a contener mucho mejor el avance de virus, esta pandemia registró un millón de muertos en todo el planeta.

Gripe de Hong Kong

Tan solo diez años después de haber superado la gripe asiática apareció de nuevo en Asia la llamada gripe de Hong Kong. Una variación del virus de la gripe A (H3N2) fue registrada en esta ciudad en 1968 y se expandió por todo el mundo con un patrón muy parecido al de la gripe asiática. Un millón de personas fueron las víctimas que causó esta nueva cepa de la gripe.

Existieron muchas otras epidemias. Todos recordamos las recientes pandemias superadas, no erradicadas: 2009 la gripe A; 2014 la polio; 2016, virus Zika; 2014 y 2019, el Ébola en África Occidental y en la República Democrática del Congo. Igual que entonces, la actual COVID-19 se superará, pero como dijo en una ocasión el escritor y filósofo británico del pasado siglo, Aldous Huxley…

 

Quizá la más grande lección de la historia es que nadie aprendió las lecciones de la historia.

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