Para castigos, la “decimatio” de las legiones romanas

Si hay dos palabras que caracterizaban a las legiones romanas eran disciplina y orden. Sin embargo, los soldados también eran humanos y en ocasiones se involucraban en alguna riña, desobedecían alguna orden, o algo más grave, demostraban su cobardía en la batalla. Para evitar estos actos de insurrección les aplicaban los más diversos castigos, ninguno más cruel y temido que la decimatio.

Castigos ejemplares

Puede que te mandaran a fregar letrinas soportando las burlas de tus compañeros (munerum indictio); que el centurión te moliera a bastonazos (castigatio); que perdieras tus privilegios y graduación (militae mutatio); o que te quitaran la paga (pecuniaria multo) -esto último podía doler más que cualquier otra cosa-, y si te sorprendían durmiendo durante una guardia no te librabas de ser azotado públicamente (fustuatium), en ocasiones, hasta morir. Otras veces te dejaban sin carne ni trigo en tu ración (frumentum mutatum), o te obligaban a levantar la tiendas fuera del campamento con el consiguiente riesgo de quedar expuesto al enemigo, o te daban de baja de la legión de forma no honorable sin poder disfrutar de la paga y la pensión de jubilación (missio ignominiosa). Al final, todos estos castigos tenían un doble objetivo: sancionar al infractor y servir de ejemplo a sus compañeros.

Pero si había un escarmiento que horrorizaba a cualquier legionario y que su sola mención hacía temblar hasta al más aguerrido soldado ese era la decimatio que consistía en aislar a una o varias cohortes de la legión amotinada y dividirla en grupos de diez soldados. De cada uno de ellos se echaba a suertes quién debía ser ejecutado a golpes de vara o a pedradas por los nueve restantes compañeros.

Aplicación de la decimatio

En el siglo V a. C. el cónsul Apio Claudio Craso diezmó a su unidad de infantería por abandonar la batalla que libraban contra ecuos y volscos, y otra de las primeras citas a este castigo la encontramos en la Primera Guerra Púnica contra los cartagineses (264-241 a. C.). No importaba tanto su crueldad como su ejemplaridad, así que, se prohibió darles sepultura y que nadie les llorara.

No olvidemos que la decimatio se aplicaba en situaciones de gran excepcionalidad y por algún motivo considerado muy grave cuyo principal objetivo no era otro que aleccionar a los soldados. Sin embargo, su aplicación provocaba habitualmente que los legionarios rompieran sus lazos como cuerpo militar y aumentaran su animadversión hacia los cónsules y generales.

Puede que su aplicación más salvaje (al menos, masiva) la encontremos en el año 72 a. C. tras la mayor rebelión de esclavos liderada por el gladiador Espartaco, que en dos años derrotó nueve veces a las legiones romanas. La República, tocada en su orgullo, trasladó diez legiones, casi 50 000 hombres, bajo el mando del ambicioso Marco Licinio Craso, el hombre más rico de Roma. Envió dos legiones a cargo de Mummio, su lugarteniente, ordenándole controlar al enemigo sin entrar en batalla, pero este confiando en su posición ventajosa, atacó y terminó derrotado. Los legionarios que consiguieron salir con vida -muchos huyendo cobardemente- regresaron al campamento, y como escarmiento Craso decidió aplicar el terrible castigo, y al 90 % restante les obligó cambiar su ración de trigo por cebada y montar sus tiendas a extramuros del campamento.

Pocos años después Julio César la empleó para castigar a legionarios rebeldes en el valle del Po, hecho que no quedaría reflejado en sus escritos; en el año 18 a. C. se diezmó la Legio III Augusta por huir de la batalla contra los númidas en África; en el año 23 d. C. el general Lucio Aproniano la aplicó durante la guerra de Tacfarinas tras la huida de sus tropas, y once años después, encontrándose Octavio (futuro emperador Augusto) al frente de Roma, se cita durante la guerra contra los Dálmatas.

Con el tiempo la decimatio cayó en desuso y según las fuentes quedó abolida por el emperador Galba (siglo I d. C.). Para castigar las faltas graves como la deserción se utilizaron castigos como la crucifixión y otros igual de crueles, y es que, para imaginativos, los romanos.

Los senderos de la gloria no conducen más que a la tumba

Thomas Gray

Para saber más:

El ceremonial militar romano, tesis doctoral dirigida por Jordi Cortadella, UAB. (pdf)

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. melbag123 dice:

    Ciertamente castigos muy crueles.

    1. Hola Melbag,
      aunque puede que hoy en día tengamos otros igual o más crueles, puede que más sutiles, pero crueles al fin y al cabo.
      Abrazos

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .