“María” la de las galletas

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¿Quién no ha comido una galleta María alguna vez? Sí, esa redondita que no se deshace a pesar de mojarla en leche o té caliente. Seguro que muchos, pero, ¿alguien se preguntó el por qué de su nombre?

Una boda, su origen

Encontramos a la protagonista de la historia en los tiempos del zar ruso Alejandro II, concretamente en el día de la boda de su hija, la gran duquesa María Alexándrovna Romanova. El 23 de enero de 1874 se casó en la Gran Iglesia del Palacio de Invierno de San Petersburgo, y para la ocasión, la empresa “Peek, Frean & Co” desarrolló una nueva receta de galletas que a diferencia de otras, tras mojarlas en leche o té caliente, no se ablandaban y conservaban todo su sabor. Lo cierto es que rápidamente se popularizaron y las marcas Artiach y Fontaneda las introdujeron en España, en los años 1907 y 1913, respectivamente. La recuperación económica que se produjo tras la Guerra Civil hizo que se crearan excedentes de trigo abaratando los costes de producción pudiendo encontrarse en cualquier panadería del país.

La duquesa María

Lejos de recordarla por la anécdota de las galletas María Alexándrovna tuvo una vida a rememorar, sobre todo por ser la primera y única Románov que emparentó con la Familia Real Británica.

Gran Duquesa María Alexándrovna de Rusia (1853-1920)

Nació el 17 de octubre de 1853 y pasó su infancia rodeada de la opulencia y todo tipo de lujos. Para haceros una idea, el Zar tenía una isla en el Palacio de Alejandro exclusiva para sus hijos en la que los adultos tenían prohibida su entrada, donde había todo tipo de juguetes y de atracciones para su diversión personal. Entre tanto divertimento su educación fue rigurosa y culta, describiéndose su carácter como extremadamente presumido y arrogante.

Fue en el verano de 1868 que conocerá a su futuro marido, el príncipe Alfredo, Duque de Edimburgo, en lo que resultará un auténtico flechazo de amor. Tras la reticencia inicial de sus padres terminaría por celebrarse la boda en el Palacio de Invierno de San Petersburgo, en 1874. Se trasladaron a vivir a Inglaterra donde María nunca llegaría a adaptarse, especialmente por su clima. Con los años tuvieron cuatro hijas y su primogénito, el príncipe Alfredo, quien contrajo sífilis en 1892 y tras padecer terribles dolores le llevaron a quitarse la vida. En 1900, su marido destrozado por la muerte de su hijo fallecería por un cáncer de garganta.

A partir de entonces María alternó su residencia entre Inglaterra, Francia, Rusia y Alemania, instalándose finalmente en un hotel de Zúrich. Durante la Primera Guerra Mundial se puso más del lado alemán que del Reino Unido, no pudiendo volver tampoco a Rusia porque moriría a manos de los bolcheviques. Unos años después, en 1920, murió de un infarto en Zúrich.

En la actualidad, las galletas María siguen consumiéndose en países de todo el mundo, pero cuidado, no son un alimento inocente y ni mucho menos saludable. El porcentaje de grasa total y grasa saturada es comparable al que encontramos en un donut o un croissant, y su contenido en azúcar es claramente superior a la del resto de alimentos. Así pues, deberíamos poner a dieta al “Monstruo de las Galletas”, ese entrañable ser azul del programa infantil de Barrio Sésamo que repetía con voz grave «¡Yo querer galleta!», «¡Yo comer galleta!».

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Diádoco, Bucephala

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