El código secreto entre Fernando «el Católico» y el Gran Capitán

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Hace tres años el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) logró descifrar la correspondencia encriptada que se enviaron entre 1502 y 1503 el Rey Fernando «el Católico» y Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán. Esto posibilitó poder desencriptar otros documentos de la época y comprender mejor la Historia de aquellos tiempos.

Espías y mensajes ocultos

No hay la menor duda de que la información es poder, algo bien conocido desde los tiempos del primer Imperio de la historia, creado por el rey Sargón I de Acad, en el III Milenio a. C.; en la antigua Roma, por Julio César; en el Medievo, por Gengis Khan y por tantos otros.

Los Reyes Católicos impulsaron en su política exterior la escritura cifrada en Castilla y Aragón, y en tiempos de la Ilustración los monarcas europeos invirtieron grandes sumas de dinero y recursos para mantener una red de espías articulada en sus embajadores. Todos se espiaban mutuamente, Gran Bretaña, Francia, España… y desarrollaron sistemas cada vez más complicados para evitar que se descifraran sus mensajes encriptados, y cómo no, aparecieron superespías como Jorge Juan, que bien pudo cambiar la Historia evitando la derrota de España en Trafalgar y al que ya dediqué un artículo en el blog.

El Rey Fernando «el Católico», fijándose en los consulados abiertos por los comerciantes europeos, inició la apertura de embajadas permanentes ante el Papa y los reinos vecinos. La información y las órdenes dictadas debían permanecer en el más absoluto secreto y se idearon claves y símbolos que eran leídos solo por los receptores, que debían tener la Cifra General, es decir, la clave descodificadora. La distancia entre el monarca y los receptores de sus mensajes resultaba un problema y normalmente se tardaban días o semanas en llegar a su destino. Los portadores eran correos disfrazados, en ocasiones más de uno, si el mensaje resultaba de vital importancia.

A pesar de los intentos de los Reyes Católicos de ocultar sus mensajes a ojos de sus enemigos estos eran interceptados y se vieron obligados a crear criptogramas cada vez más complicados. En tiempos de su nieto Carlos I de España se perfeccionaron los sistemas de encriptación y comenzaron a hacerse imprescindibles expertos matemáticos y un equipo de descifradores en la corte. Se creó el cargo de Correo Mayor para Francisco de Tassis, familia encargada de este servicio, que con Felipe II se convirtió en imprescindible para poder controlar todo su vasto imperio.

La correspondencia secreta entre Fernando «el Católico» y  el Gran Capitán

El territorio de Italia en 1501 era  un polvorín a punto de explotar y así ocurrió cuando el monarca francés Luis XII y el rey Fernando de Aragón se dividieron el codiciado Reino de Sicilia Citerior. Nápoles era el principal obstáculo a la expansión del Imperio turco otomano e imprescindible para defender la isla de Malta, acceso al Mediterráneo occidental. La guerra tuvo otros protagonistas como el Imperio Germánico, las Ciudades Estado Italianas, los Estados Pontificios y el propio Imperio Otomano, cualquier negociación debía mantenerse con la mayor discreción.

En este contexto Fernando «el Católico» se puso a favor de los Reyes de Nápoles, sobrinos suyos, y envió a su Gran Capitán, Gonzalo Fernández de Córdoba, al mando de los tercios. En 1503 la tensión con los franceses -que ocupaban el norte- estalló, una guerra que terminó con una aplastante victoria del Gran Capitán, en parte gracias a la colaboración de muchos de los nobles napolitanos, emparentados por lazos de sangre con los aragoneses, pero sobre todo a la actuación del Gran Capitán en sus victorias de Ceriñola y Garellano. Los franceses fueron expulsados del reino, que formó parte de España hasta 1714.

Una de las cartas cifradas. Imagen de ISMAEL HERRERO (Agencia efe)

Fernando «el Católico» mantuvo una intensa correspondencia con su Gran Capitán desde 1502 hasta 1506, aunque cualquier misiva tardaba dos semanas en llegar de España a Nápoles. Las cuatro cartas estudiadas por el CNI, una de ellas escrita del puño y letra del rey pertenecen al archivo familiar de los duques de Maqueda y tardaron seis meses en ser desencriptadas gracias a que al pie de una de ellas el Gran Capitán descifró apresuradamente unas pocas frases aportando las claves para su desciframiento. Así se contabilizaron 88 símbolos y 237 códigos de letras combinadas, en caracteres figurativos como triángulos, rayas y números.

Los signos se escriben sin separar por palabras o frases, a veces, uno de estos símbolos correspondía a una letra, a otra letra, a una palabra o simplemente no significaban nada. Las repeticiones no pueden detectarse ya que las de más uso tienen cinco o seis correspondencias distintas. Para hacerlo más complicado hay palabras que se transcriben como conjuntos de dos o tres letras y algunas también pueden ser transcritas de cinco o seis maneras diferentes. Realmente fue un sistema muy inteligente de encriptación, precursor del cifrado Vigenère, y puede que no superado hasta el siglo XVII.

En las cartas podemos leer que el rey le aconsejaba que sus hombres se casaran con las viudas de guerra, para así aumentar el apoyo social y su integración. Se habla minuciosamente del envío de tropas, llamadas al orden, cómo gestionar los tributos, administrar justicia e incluso podemos comprobar que el monarca reprendió a su Gran Capitán por realizar gestiones diplomáticas a sus espaldas con el archiduque al querer contratar mercenarios que precisaba para completar sus formaciones…

De Flandes me han escrito que haveys vos escrito al rey de romanos…

A finales del siglo XVI el matemático François Viète aplicó el álgebra en la criptografía, lo que le permitió descodificar los mensajes cifrados de la Corona Española. El rey Felipe II al enterarse llegó a afirmar que esto era algo imposible y que si realmente era así, solo podía deberse a que Viète se confabuló con el diablo. El enfado del monarca fue tal que llegó a proponer al Papa que un tribunal le juzgara por su relación con el maligno, convirtiéndose en el hazmerreír del resto de países que desde hacía unos años sus propios criptoanalistas leían los mensajes encriptados españoles.

Hoy, muchos de estos documentos se encuentran en archivos como el Archivo General de Simancas esperando ser descifrados para poder entender un poco mejor nuestra Historia pasada.

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ABC

4 comentarios

  1. Soy de Uruguay. Sigo tus artículos en Internet. Estupendos en contenido y estilo literario.
    Mañana sin falta compro «Qevedo…»
    ¡Qé placer!

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