Las concubinas de la Ciudad Prohibida

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El muro de los Nueve Dragones en el Palacio de la Longevidad Tranquila.

Esclava desde los 15 años Li Yuqin, la última consorte imperial China, fue liberada en 1959. En el interior de la Ciudad Prohibida los emperadores chinos llegaron a tener hasta 20 000 concubinas, vigiladas celosamente por eunucos para que no quedaran embarazadas por nadie más que por el propio emperador. La ambición de las emperatrices y sus familias hicieron que las intrigas estuvieran a la orden del día y los emperadores encontraron en los eunucos la manera más eficaz de contenerlas, aunque con el paso del tiempo algunos de ellos se convirtieron en un elemento de poder de la corte.

En el Libro de los Reyes del Antiguo Testamento se cuenta que el rey Salomón tuvo 700 esposas y 300 concubinas. Griegos, romanos, cristianos, sultanes y otras culturas también aceptaban y tenían concubinas. En el Antiguo Egipto vivían juntas las esposas y las concubinas del faraón en la conocida Casa Jeneret, junto a mujeres y niñas que tenían algún parentesco con la familia real. Pero si hubo una sociedad donde el concubinato se convirtió en esencial, una manera de escalar socialmente, además de asegurar el linaje del emperador, esa fue la sociedad China.

Existía la creencia de que un emperador  viviría más años cuantas más parejas sexuales tuviera. De hecho, la figura legendaria del primer emperador chino se la considera inmortal porque mantuvo relaciones con más de mil jóvenes vírgenes 

El Confucianismo vio en el matrimonio una forma de cultivar la virtud y la base de la estructura social. Muchos de los enlaces se concertaban para fortalecer la familia y no importaba nada que la pareja se amara, el amor era algo secundario. Cuando este surgía entre dos personas y si el hombre se lo podía permitir económicamente, solo quedaba la opción del concubinato. No solo eso, para los hombres ricos, altos funcionarios y el emperador tener varias concubinas representaba un símbolo de prestigio de su poder económico y político que le permitía tener herederos.

En otras ocasiones, era la propia familia la que decidía presentar a sus hijas algún gobernante que buscara concubinas y así ofrecerle una vida mejor que la que tendrían si permanecieran con ellos, sin embargo, la realidad era otra bien distinta.

Concubinas de la Ciudad Prohibida

En la actualidad la Ciudad Prohibida es una atracción turística en el corazón de la ciudad capital de Beijing visitada cada año por más de ocho millones de personas, aunque no en su totalidad, al permanecer parte de sus estructuras en secreto para el público. Su nombre proviene del hecho que nadie podía entrar ni salir sin permiso del emperador y era considerado lugar sagrado, ya que el emperador era un ser divino para el pueblo chino, vínculo entre el mundo celestial y el terrenal.

Ocupa una superficie más de tres veces que el Palacio del Louvre en París y trabajaron en su construcción cerca de un millón de personas. Cuenta con más de 90 barrios, 980 edificios y más de 8700 habitaciones. Es el palacio imperial más grande del mundo y residencia oficial de los emperadores de China y su corte durante quinientos años, desde la dinastía Ming hasta el final de la dinastía Qing. El emperador Yongle, tercero de la dinastía Ming, comenzó su construcción en 1406 y el complejo se completó en 1420. Cuatro emperadores Ming mantuvieron el poder allí y diez emperadores Qing gobernaron desde allí hasta la abdicación del último emperador en 1912, en la creación de la República de China.

En su interior vivían recluidas las concubinas junto a la Emperatriz y las Consortes. Durante el curso de la historia de China han variado la jerarquización de las consortes imperiales y los herederos del emperador tendrían el rango según la prominencia de sus madres. Estas debían ser sumisas y no podían preguntar sobre ningún asunto familiar. Existía una rígida escala jerárquica entre ellas y la competencia resultaba en ocasiones feroz, ya que los hijos de las concubinas podían ser reconocidos como parte del linaje del emperador y todas esperaban ser elegidas para pasar una noche con el emperador.

No se les permitía tener ningún contacto con el mundo exterior, tanto fue así que, en ocasiones, cuando enfermaban, ni el médico podía entrar al palacio para atenderlas, sino que sus diagnósticos y tratamientos se administraban sin verlas directamente a través de intermediarios que comunicaban los signos y síntomas de la enferma para después el médico indicar el tratamiento.

El Emperador Hongwu estableció en 1389 un período mínimo de cinco años para servir como concubina, aunque a algunas consortes se les permitió volver con sus familias tras muchos años de servicio permitiéndoles casarse. Otras, en cambio, decidían permanecer en el palacio sirviendo como empleadas o simplemente las confinaban como monjas.

Las concubinas eran propiedad de su señor y encontramos una historia entre la realidad y la leyenda que ilustra muy bien a lo que podía exponerse alguien si quería yacer con una concubina del emperador:

En el año 1400 de nuestra Era, el general Kang-Ping, al servicio del Emperador Yung-Lo, fue acusado de yacer con sus concubinas. Cuando le descubrieron, el general, previsor y conocedor de las intrigas de la Corte, decidió castrarse cuando le exigieron defenderse delante del emperador, de esta forma nadie podía acusarle de ese crimen. El emperador le creyó y le colmó de honores, por otra parte, los eunucos le consideraron como un hombre santo.

Cuando el emperador moría lo mejor que les podía pasar era convertirse en esclavas de su señora, que podía disponer tanto de sus vidas como la de sus hijos. La alternativa en el caso de las concubinas del emperador era que los propios eunucos las ejecutaran o ellas mismas eran las que optaban por suicidarse ingiriendo algún veneno o ahorcándose con un pañuelo. Tras la caída mongol, con el inicio de la dinastía Ming (1368-1644), las concubinas se enterraban en tumbas cercanas a la del emperador, incluso vivas, y durante la dinastía Qing todas las concubinas del fallecido emperador pasaban a ocupar la llamada Casa de la Castidad de la que jamás saldrían de ella. 

Wu Zetian, la concubina con más poder

Emperatriz Wu (Wu Zetian)

Nació en el año 624 en el seno de una familia acomodada. Todo lo que se sabe de ella planea en la duda, pero también hay documentación fehaciente que nos la muestra como hermosa, inteligente, poderosa y cruel, muy cruel. Lo de bella se ve en los escasos retratos que existen de ella (sí, puede que mirando el que os presento arriba este atributo sea puesto en cuestión), y lo de cruel podemos comprobarlo porque «mató a su hermana, masacró a sus hermanos, asesinó a su emperador y envenenó a su madre», todo esto para llegar y mantenerse en el poder.

No explicaré todas las fechorías que hizo, dignas de la mejor película de terror, pero siendo concubina del palacio y tras la muerte del emperador Taizong fue enviada en el año 649 a un convento budista. Su sucesor, el emperador Gaozong ya desde la adolescencia tuvo fascinación por Wu, incluso se rumoreó que tuvieron relaciones. Sea como fuere, Wu terminó por convertirse en su mujer en 655.

Ciertamente, el emperador no gozaba de buena salud y no fue especialmente astuto a la hora de gobernar, por el contrario, Wu, demostró habilidad para encargarse de los asuntos oficiales. Se convirtió en la única soberana en toda la historia de China, en el año 683, y siete años después proclamó su propia dinastía (Zhou) durante quince años. Con Wu en el poder se tomaron medidas para elevar el estatus de las mujeres y se las hizo más visibles en la sociedad. Dedicó especial atención a la educación y sus políticas económicas beneficiaron a los pobres. Introdujo un sistema de exámenes de ingreso para la burocracia imperial, lo que erosionó la hegemonía de los privilegiados que obtenían cargos sin importar sus méritos y capacidades, sofocó revueltas… y a los 65 años de edad se otorgó el título de Sagrada y Divina Emperatriz Reinante, en contra del pensamiento confuciano.

Redujo el gasto militar, pero eso no impidió que expandiera sus territorios. A pesar de todo su reinado puede considerarse pacífico y próspero, siendo depuesta poco antes de su muerte en 705 con avanzada edad. Fue enterrada en una elaborada tumba, aunque su lápida es la única sin tallar en los más de 2000 años de historia imperial.

Está claro que Wu fue una privilegiada entre las concubinas. Asesinó y no tuvo ningún escrúpulo para alcanzar sus objetivos, pero en el tiempo que estuvo en el poder su pueblo alcanzó cotas de libertad, bienestar y paz como pocas veces antes tuvo.

Cuando se instauró la República Popular de China los ideales comunistas no vieron con buenos ojos el concubinato y se erradicó, sin embargo aún perdura en muchos países del mundo, eso sí, sin llegar al extremo al que se llevó en la Ciudad Prohibida de China.

Un libro:

Cixí, la emperatriz. Jung Chang. Taurus, Madrid, 2014

Para saber más:

Breve cronología histórica de China

La fabulosa tumba de Mei Miaodeng, una concubina de la dinastía Ming 

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