Antisemitismo, «el odio más prolongado»

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La estrella amarilla es un símbolo nazi, un hexagrama amarillo con caracteres pseudo-hebreos.​ Museo Judío de Westfalia, Dorsten

El pueblo judío ha sufrido las consecuencias del odio y la persecución a lo largo de gran parte de la historia. Tras el «antisemitismo inteligente» que propugnaba Adolf Hitler vino la «Solución final» nazi en la que cerca de seis millones de judíos murieron en uno de los mayores genocidios que se recuerdan, sin embargo, hemos de retroceder muchos siglos atrás para encontrar el origen de este horror.

Antes del siglo XIX

Ya en tiempos de Alejandro Magno encontramos una férrea oposición por parte de los israelitas al proceso de helenización. Este hecho hizo que se les considerara un pueblo «ultranacionalista», y en el año 168 a. C. uno de sus generales, Antíoco IV Epífanes, rey de la helénica dinastía seléucida, asaltó Jerusalén y les impuso el culto a Zeus, a lo que reaccionaron con una revuelta liderada por los Macabeos proclamando la independencia judía en la Tierra de Israel durante un siglo, desde el 164 al 63 a. C.

Los romanos ya tenían sus propios prejuicios contra el pueblo judío, percepción que aumentó cuando llegaron a Judea y vieron en su monoteísmo una forma de rebelión política. Los judíos no comparten la creencia de que Jesús es el Hijo de Dios, niegan su divinidad y con la llegada del Cristianismo los primeros padres de la Iglesia los presentaron como una secta que había asesinado a su Mesías, cuando en realidad fue ejecutado por el gobierno romano al considerarle una amenaza política.

Pasaron los siglos y aumentaron los mitos sobre los judíos: desde que usaban la sangre de los niños cristianos para sus ritos, hasta que eran los culpables de las catástrofes naturales o de letales epidemias como la «Peste Negra», y así justificaron los terribles pogromos contra ellos. Los prejuicios contra los judíos aumentaron tras ocupar trabajos como prestamistas o recaudadores, tareas mal vistas por el cristianismo. 

Tras la expulsión de los judíos de España y Portugal migraron al norte de Europa con la Reforma protestante iniciada por Martín Lutero. Tras su fallido intento para que se acercaran a su doctrina teológica propuso su expulsión y la quema de sus sinagogas, publicando el que hoy se considera el primer texto moderno antisemita «Contra los judíos y sus mentiras».

A partir del siglo XIX

Los judíos se emanciparon, fueron más visibles en la sociedad y el odio contra su pueblo dejó de ser tanto religioso para convertirse en económico y político. Profesiones como la medicina y la abogacía fueron copadas por judíos y tras permitirse el sufragio universal comenzaron a surgir partidos antisemitas.

En este contexto comenzó a culpárseles de la crisis económica, especialmente en la Alemania de Hitler. Es probable que en la mente del dictador influyera el pensamiento del nacionalista alemán Georg Ritter von Schönerer que decía que las regiones de habla alemana austro-húngara debían unirse en imperio alemán, por lo que los judíos no podrían ser ciudadanos alemanes plenos; y de Karl Lueger, alcalde de Viena, a quien Hitler admiraba y que propugnaba reformas sociales y el antisemitismo como solución a los problemas. Otros dicen, sin ninguna base que lo sustente, que el antisemitismo de Hitler se originó tras un trauma por un ataque con gas venenoso durante la Primera Guerra Mundial, por alguna enfermedad venérea contagiada por alguna prostituta judía, incluso por vergüenza  por su ascendencia judía. 

La derrota de los alemanes en la Primera Guerra Mundial representó algo difícil de digerir y muchos culparon a los judíos de ella por traición, cuando en realidad más de cien mil judíos alemanes y austríacos lucharon por Alemania.

En sus inicios Hitler no estaba tanto a favor de los ataques puntuales contra los judíos, sino que iba más allá y propugnaba leyes que llevaran a su desaparición. Los consideraba como simples gérmenes que debían erradicarse para que no provocasen enfermedades. Así llegamos a la noche del 9 al 10 de noviembre de 1938 tristemente conocida como «Noche de los Cristales Rotos» o Kristallanacht, durante la cual las tropas de asalto junto con la población civil quemaron 267 sinagogas, se detuvieron a 20 000 alemanes de origen hebreo y saquearon más de 7 500 comercios judíos, mientras las autoridades alemanas observaban sin intervenir, convirtiéndose en el mayor pogromo en la historia y abriendo la puerta para el asesinato en masa en la década de los 40 y el Holocausto.

Para saber más:

Insignias distintivas que los judíos fueron obligados a usar durante el Holocausto

Museo del Holocausto Estados Unidos

Link imagen:

Daniel Ullrich, Threedots

2 comentarios

  1. Muy buena lectura. Difícil encontrar “la” raíz del odio, probablemente sea como un dragón de siete cabezas. En Ivanhoe aparece la historia del prestamista judío Isaac, que, más que “millonario avaro individual” pertenece a una red de familias judías dispersas por Europa que a través de cartas movilizaban el capital. Lo mismo se puede ver en El Corazón de Piedra Verde o en Los Reyes Malditos, la misma idea, distintas épocas. Posiblemente, a medida que las sociedades se vuelven mas complejas, los gobernantes o el poder deben ocuparse de organización, financiamiento y control, y en estas funciones los judíos cumplieron papel relevante, ya sea “internalizados” o “externos”, como el caso de la incipiente Banca. Desde el punto de vista de la people, en un mundo que ya no es fácil y previsible de entender, se ve que “otra” gente se lleva el poder y tú, bien, gracias, peor que ayer. En fin, disculpa lo extenso, pero este es uno de los temas históricos que me apasiona. Saludos desde San Pedro de la Paz, ribera sur del río Bío Bío, Chile.

    1. Hola Wichiluca,

      el antisemitismo es parte de la barbarie existente en la llamada «civilización» y representa una constante de humillaciones y persecuciones de más de dos mil años. Ni tan siquiera el prometedor movimiento de la IIustración del siglo XIX puso fin al antijudaísmo religioso, la forma más antigua del antisemitismo, ya que también podríamos decir que existen distintos tipos de antisemitismo, como el moderno o de tipo racista seudocientífica y el combativo contra el colectivo judío, entre otros.

      A finales del siglo XIX había en Europa Central 25 veces más judíos universitarios que el promedio del resto de población, y de los premios Nobel, el 20 % son judíos. Como bien dices, en las sociedades complejas los judíos hicieron bien su papel, pero eso, claro, no puede ser motivo de reproche.

      Y del Holocausto no hablemos. Como bien dijo el periodista polaco, Henryk Grynberg:

      «Mantener el silencio y lavarse la manos, eso fue lo que los europeos aprendieron del Holocausto».

      Da mucho que pensar…

      Un abrazo y un placer contar con tus comentarios en el blog.

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