Diego García de Paredes, el «Sansón de Extremadura»

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Detalle de un tapiz que representa la batalla de Pavía librada el 24 de febrero de 1525 entre el ejército francés al mando del rey Francisco I y las tropas germano-españolas del emperador Carlos V. Museo Nacional de Capodimonte. Galleria Napoletana

Cuando la unión de los reinos hispánicos dieron origen al imperio militar que disputó la hegemonía de Europa en los siglos XVI y XVII, los españoles se percataron que necesitaban de héroes que hablaran de sacrificios y heroicidades, no los clásicos griegos y romanos, sino propios, nacionales. Así, comenzaron a surgir en el imaginario una generación de personajes a medio camino entre la leyenda y la historia. Puede que uno de los más nombrados sea Gonzalo Fernández de Córdoba y Enríquez de Aguilar, conocido por el apodo que le dieron sus soldados en Italia, el «Gran Capitán», personaje injustamente olvidado y que debería ser recordado más que en alguna serie televisiva al igual que otros «grandes» forjadores de nuestra Historia. Pero acompañándolo en muchas de sus batallas encontramos a otro personaje, más olvidado aún si cabe, Diego García de Paredes, conocido con el sobrenombre del «Sansón de Extremadura», el soldado español más famoso en esa época convertido en mito por el pueblo.

Héroe recordado durante siglos

Citado por autores italianos y franceses (quienes le tenían tanta admiración como miedo por su fuerza física y valor), como también por españoles de la altura de Lope de Vega, cronistas de las Indias y hasta el mismísimo rey Carlos I de España cuando alaba sus hazañas en un privilegio concedido en 1530:

«…ilustres hazañas vuestras que con vuestro sumo valor habéis hecho, así en España, como en Italia, mostrándoos tal en todas las batallas y rompimientos que habéis sido espanto y asombro de vuestros enemigos, y amparo y defensa de los nuestros».

Es citado por el propio Cervantes en El Quijote:

«Un Viriato tuvo Lusitania; un César Roma; un Aníbal Cartago; un Alejandro Grecia; un Conde Fernán González Castilla; un Cid Valencia; un Gonzalo Fernández Andalucía; un Diego García de Paredes Extremadura…».

Nacimiento e infancia

Grabado por Tomás López Enguídanos, 1791, a partir de un dibujo de José Maea.

​Nació en 1468 en la Ciudad Muy Noble, Muy Leal, Insigne y Muy heroica de Trujillo en Extremadura, donde también nacieron otros grandes viajeros de España como el conquistador del Perú Francisco Pizarro (quien era primo hermano del hijo de Diego García) y el descubridor del río Amazonas, Francisco de Orellana.

Hijo primogénito y legítimo de los nobles linajes de los Delgadillo de Valladolid por parte de padre y de los Altamirano por parte de madre, de pequeño aprendió a leer y escribir, algo inusual en la época para alguien que no se había criado en la Corte, y más aún para un joven inclinado al oficio de las armas. Pero si destacaba en algo fue en su fortaleza física (era grande en talla, pero proporcionado y atlético; generoso, cortés, sincero y leal, aunque de carácter volcánico y humor melancólico) y en su habilidad con las armas que según se cuenta no habu ningún niño capaz de derrotarle.

Brillante carrera militar

No se dispone de información fiable de su vida antes de 1496, año que murió su madre a quien cuidaba. Algunos le atribuyen su participación junto a los Reyes Católicos en la toma de la ciudad de Ronda (1485), la ciudad de Vélez-Málaga (1487) y de la ciudad de Granada, pero de lo que sí se tiene buena constancia es de sus heroicidades posteriores participando en las guerras de Italia, norte de África y Navarra; al servicio del Papa Alejandro VI, el Duque de Urbino y de la familia Colonna, los Reyes Católicos, el cardenal Cisneros, el Emperador Maximiliano I y Carlos I de España.

Italia

La unión de los reinos de Castilla y Aragón en el siglo XV y su avance territorial, inquietó tanto a Francia como a las ciudades-estado de la futura Italia. Su espíritu aventurero le llevó primero a Italia, en la guerra que libraban españoles y franceses por el reino napolitano. Lo cierto es que cuando llegó (junto a su hermano bastardo) la guerra había cesado y para subsistir viajaron a Roma con la intención de servir al Papa. Tuvieron que ganarse la vida enfrentándose en duelos por las calles de la ciudad en los que, tras derrotar a su oponente, le robaban la prenda más valiosa que tenían, la capa, para después venderla en el mercado negro. Esta vida no era la más digna para un caballero y decidió darse a conocer al cardenal Bernardino de Carvajal, nacido en Plasencia y familiar suyo, que ejerció de embajador de los Reyes Católicos en la Curia de Roma y quien mejoró su situación.

Señoríos italianos en 1499

Fue en un fortuito encuentro con el Papa Alejandro VI que este se quedó impresionado con Diego García de Paredes:

Mientras el Pontífice paseaba en los alrededores del Vaticano, observó a los españoles que estaban a su servicio jugar a uno de los deportes más populares entonces lanzar la barra, que consistía en lanzar una barra de hierro de menos de 75 cm que debía caer en punta (vaya, similar el lanzamiento de jabalina que todos conocemos). Un juego que representaba fuerza, potencia y virilidad. Por supuesto, Diego García ganó a sus rivales, quienes en un arrebato echaron mano a sus espadas contra él, matando a cinco, hiriendo a diez y dejando al resto fuera de combate.

Puede que se exagerara la cifra de sus contrincantes, lo que es seguro es que el Papa, asombrado de su fuerza le nombró guardaespaldas en su escolta, cargo en el que tuvo que emplearse a fondo en los años siguientes:

  • Ya como jefe de la guardia Papal del Castillo Sant’Angelo, en 1497, estuvo presente cuando el cadáver del hijo del Papa, Juan de Borja, apareció asesinado a puñaladas en las aguas de Tíber, y Diego fue uno de los primeros en empuñar su espada para buscar a los culpables.
  • Ese mismo año, los Orsini (una de las familias nobles más importantes) se enfrentó a Alejandro VI y su hijo, César Borgia, quien se enfrentó a ellos y comenzó a urdir el proyecto de la unidad de Italia bajo el poder del Pontífice. Diego, ya como capitán de los Borgia, dio muestras de su fuerza física junto a otros capitanes españoles al servicio de los Borgia en la conquista de Imola (1499) y Forlí (1500).

Los duelos

Puede que lo que más impresionara a sus coetáneos fueran los numerosos duelos a los que se enfrentó y de los que salió siempre invicto. Podían ser desde vulgares reyertas de taberna con cuchillos o duelos concertados, ante notario. Se batió en duelo en una ocasión durante sesenta días con caballeros franceses derrotando a todos los que osaban enfrentarse a él y que generalmente terminaban muriendo. De hecho, llegó a ganar duelos por incomparecencia de sus oponentes que preferían perder la honra y conservar la vida.

Uno de los más famosos se celebró en Roma cuando desafió a un capitán italiano de los Borgia. Diego no tuvo piedad con él y le cortó la cabeza. El suceso ocasionó gran revuelo en la Santa Sede y le cesaron del mando de su Compañía encarcelándolo. Tras fugarse pasó a servir al Duque de Urbino, enemigo de los Borgia, y sirvió como condotiero a sueldo de la familia de los Colonna.

En desafíos particulares, con los más valientes de todas las naciones extrañas, mató solo por su persona en diversas veces más de trescientos hombres, sin jamás ser vencido, antes dio honra a toda la nación española.

Crónica del médico Juan Sorapán de Rieros (s. XVI)

Grecia

El «Gran Capitán» requirió de sus servicios para recuperar la ciudad griega de Cefalonia de los turcos. 700 jenízaros la defendían, una fortaleza situada sobre una roca, en el otro lado españoles y venecianos. Cuando habían transcurrido dos meses de asedio…

Durante el asedio los turcos usaron una máquina provista de garfios (conocida por los españoles como lobos) con la que engancharon a Diego García para estamparle contra la muralla. Ya elevado pudo zafarse de él y consiguió entrar en el interior de la fortificación donde resistió durante tres días el ataque de los turcos, hasta que, por fin, lo capturaron. Viendo la demostración de valor y fuerza decidieron perdonarle la vida con la intención de intercambiarlo por otros prisioneros, sin embargo, escapó por su propio pie y volvió al combate contra los turcos, hasta que, finalmente, se tomó la ciudad.

Fue a partir de entonces que comenzó a gestar su leyenda y comenzaron a conocerle como «el Sansón de Extremadura», y por aliados y enemigos como «El Hércules» y «Sansón de España».

Nápoles

Tras la campaña de Cefalonia se reincorpora a los ejércitos del Papa Alejandro VI y César Borgia le nombró coronel de los Tercios, a principios de 1501, participando en diversas conquistas, todas exitosas que no hicieron más que agrandar su leyenda. A finales de año comenzó la segunda guerra de Nápoles entre el rey Fernando «el Católico» y Luis XII de Francia por el dominio del Reino de Nápoles, abandonando Diego García Roma para incorporarse bajo las órdenes del «Gran Capitán».

Durante la batalla de Garellano en 1503 volvió a realizar otra hazaña, en esta ocasión contrariando una orden del mismísimo «Gran Capitán»:

Tras reprocharle el Gran Capitán una propuesta táctica del extremeño, desafió él solito en un arrebato de furia, a un destacamento del ejército francés que veía horrorizado como acababa con ellos. Nadie dio crédito lo que estaban presenciando, hasta que llegaron algunos refuerzos españoles. La inferioridad numérica de estos obligó a que los españoles se retiraran, no sin antes haber matado o haciendo huir a 500 enemigos él solito, saliendo ileso de la contienda.

Tras finalizar la guerra en 1504 Nápoles pasó a la Corona de España, el «Gran Capitán» gobernó el reino napolitano como virrey y nombró a Diego García marqués de Colonnetta, regresando a España como héroe y aclamado de pueblo en pueblo. Sin embargo, encontró la ingratitud real.

En 1506 cayó en desgracia al apoyar a su «Gran Capitán» delante del rey defendiéndole de las acusaciones de apropiarse fondos de guerra durante el conflicto de Nápoles. Diego García se exilió voluntariamente un año después tras retirarle el monarca el marquesado para satisfacer a los nobles.

Incursiones como pirata, lucha en África y guerras de Italia

Tras marchar de España se dedicó a la piratería durante dos años, años que causó el terror de franceses y berberiscos. En España se puso precio a su cabeza, pero no fue capturado, viviendo en rebeldía hasta que el cardenal Cisneros reclamó sus servicios para luchar en el norte de África contra el islam a finales de 1508 como simple soldado de Cristo, tras ser perdonado por su rey.

Después volvió a Italia para luchar en las Guerras Italianas libradas entre 1508 y 1516 en las que el nuevo Papa Julio II, para contener la influencia veneciana en el norte de Italia, creó una alianza antiveneciana que incluía Francia (Luis XII), el Emperador Maximiliano I y Fernando II de Aragón. Después, la fricción entre el Papa y Luis XII hizo que se aliara el pontífice con Venecia contra Francia. Tras estas contiendas siguieron sus éxitos y su leyenda se extendió aún más por todo el continente.

Cercano al rey Carlos I de España

Admirador de Diego García le nombró Caballero de la Espuela Dorada, una Orden que se piensa que se originó en tiempos del emperador Constantino el Grande, cuyo nombre viene por ser una de la principales funciones de estos caballeros el de calzarle las espuelas al emperador cuando montaba a caballo.

Se casó en 1517 con una noble de Trujillo, pero su matrimonio pronto fracasó. Sirvió a Carlos I de España en todos los conflictos acontecidos desde la Guerra de los Comuneros en 1520, hasta la conquista de Navarra ocho años después, y después le acompañó como coronel de los ejércitos Imperiales en Italia, Alemania, Flandes, Austria y Hungría.

Su muerte

Acompañó al emperador cuando se organizó la solemne ceremonia de su coronación como Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico en Bolonia, y allí, en 1533, falleció a consecuencia de una fatal caída desde su caballo mientras se divertía en un inocente juego con unos niños intentando derribar una bala de paja en una pared. Al quitarle sus ropas para preparar su funeral pudieron verse las numerosas cicatrices en su cuerpo, consecuencia de los cuarenta años de servicio militar.

Enterrado en la iglesia de San Gregorio, los restos fueron trasladados por orden de uno de sus hijos, Sancho, a España en 1545, y pueden verse en la actualidad en la Iglesia de Santa María la Mayor en Trujillo.

Sus hazañas se han documentado bien, aunque el pueblo convirtió en mito algunas de sus hazañas. Se ganó el respeto de amigos y enemigos permaneciendo en la memoria de los Tercios españoles. La figura heroica de Diego García no necesita de la exageración para ser admirado como personaje de renombre universal en nuestra historia. Por cierto, su hijo Diego participó en la conquista de América fundando la ciudad de Trujillo en Venezuela, pero eso es otra historia…

Podéis escuchar este artículo y otras curiosidades del «Sansón de Extremadura» en mi colaboración en el programa Un buen día para viajar, de Pablo Vázquez (a partir del minuto 58´26) Radiotelevisión del Principado de Asturias

Link imagen:

wikipedia.org

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