Las pichiponadas de Pich i Pon

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Joan Pich i Pon en 1925, a la salida de una recepción en el Palacio Real. Foto:EFE/Archivo Díaz Casariego/jt

¿Puedes ser político y equivocarte? Creo que todos conocemos la respuesta a esta pregunta, sin embargo, cuando hablo de equivocación me refiero más bien al malapropismo o arte de hablar a ciegas cambiando palabras, mezclando vulgarismos y expresiones, algo que en mayor o menor medida hacemos todos, pero que, cuando lo hace un político, es algo que no pasa tan inadvertido. Otro nombre con el que se ha denominado a este error lingüístico es el de pichiponada, en referencia a los que cometía el empresario y político catalán Joan Pich i Pon.

—Eso me lo sé yo a pies puntillas (juntillas)

—Me gustan los toreros que están en el candelabro (candelero)

—Nadar en la ambulancia (abundancia)

—Ponerse hecho un obelisco (basilisco)

—Quedarse en agua de borrascas (borrajas)

—Ha quedado como los chorros del loro (oro)

—Yo voy a defender la labor arbitral a capa y ultranza (defender a capa y espada)

Manga ancha (banda ancha), un nenuco (eunuco), un sobacón (socavón), estoy tomando clases de adicción (dicción)… todos son ejemplos de malapropismos dichos por personajes famosos e incluso periodistas de medios de comunicación (no voy a decir quienes) que circulan por las redes habitualmente. No son exclusivos de nuestros tiempos, sino que los encontramos en la lengua española como recurso cómico de nuestro gran Miguel de Cervantes, en sus Novelas ejemplares, cuando sus personajes hablan de «facinoroso, malino y dares y tomares».

Joan Pich i Pon

Si bien hoy pocos le recuerdan en vida se hizo muy popular y no precisamente por sus logros políticos, que fueron muchos. Nació en la Barcelona de 1878 hijo de una modesta familia, de pequeño tuvo que trabajar como electricista y no pudo ir a la escuela, pero con el tiempo se convirtió en empresario del sector eléctrico, propietario de varios periódicos e hizo fortuna, a pesar de prácticamente no saber leer ni escribir. Como curiosidad diré que el arquitecto Josep Puig i Cadafalch diseñó para él la llamada Casa Pich y Pon en el número 9 de la céntrica Plaza de Catalunya.

Miembro del Partido Republicano Radical durante la Segunda República ocupó diversos cargos: regidor del Ayuntamiento de la Ciudad Condal; diputado provincial; presidente de la Cámara de Propiedad Urbana; en 1934 fue nombrado subsecretario de Marina; alcalde de Barcelona, entre los meses de enero y octubre de 1935, y, por poco tiempo, ejerció interinamente el cargo de presidente de la Generalidad de Cataluña, convertido enseguida en el de gobernador general de Cataluña.

Joan Pich i Pon con motivo de haber recibido a los miembros de un congreso periodístico en calidad de alcalde accidental de Barcelona

Según decían sus contemporáneos, Pich i Pon era «burro», pero no «tonto». Estas son algunas de las piquiponadas que se le atribuyen:

  • En el discurso de toma de posesión de la Alcaldía de Barcelona, ​​dijo: «Lo ideal sería que tenemos que seguir la política de las tres emes: administración , administración y administración»
  • En una visita al Parque de la Ciutadella (al lado del zoo) como presidente de la comisión de parques y jardines, el responsable le sugirió comprar góndolas, a lo que respondió: «Sí, pero no una, sino dos: un macho y una hembra. ¡Que críen, que críen!»
  • Tras asistir a un entierro, explicó: «Yo y otro regidor estuvimos allí de cuerpo presente»
  • «No he sido hombre de ir con mujeres: sólo con mi esposa y mis hijas»
  • «Me siento como un radiador romano» (dicha mientras tenía una espada en la mano )
  • «Para mí, el tirano más famoso fue el Tirano de Bergerac»
  • «En la Rambla de Catalunya han abierto un restaurante con luz genital» («luz cenital» sería la que viene desde el techo) 
  • «Soy partidario del homosexualismo, es decir, que hombres y mujeres puedan amarse y dejarse cuando les parezca bien»
  • «Huevos de centurión» (quería decir esturión, claro)
  • «Majestad: he aquí la gran ubre» (durante una visita del rey Alfonso XIII a Barcelona , mientras la contemplaba desde la montaña del Tibidabo)
  • «Un huevo de la cara» (refiriéndose a la expresión Un ojo de la cara)

Seguro que más de una os arrancó una sonrisa en la cara, quizá una carcajada, pero lejos de sus piquiponadas Joan Pich i Pon tuvo su mérito para llegar donde llegó partiendo de cero. Al final cayó en desgracia tras su implicación en el escándalo del estraperlo que le obligó a dimitir de sus cargos. En 1936, al comenzar la Guerra Civil , se exilió en París , donde murió al cabo de un año. Hoy se encuentra enterrado en el cementerio de Montjuïc en Barcelona.

Panteón Joan Pich i Pon (1914), en el cementerio de Montjuïc (Barcelona)

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