La «música de huesos»

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Al día siguiente de tocar con su banda The Real Tuesday Weld en San Petersburgo, el compositor y productor musical Stephen Coats descubrió por casualidad en un mercadillo de la ciudad un objeto que le llamó poderosamente la atención: un disco grabado en una radiografía recortada en forma redonda y con un agujero en medio. Interesado en la cultura musical lo adquirió y siguiendo su instinto cuando llegó a su casa en Londres lo puso a 78 revoluciones por minuto en su tocadiscos y comenzó a escuchar Rock Around the Clock, de Bill Haley. Intrigado, comenzó a investigar la procedencia y el porqué de la existencia de este curioso disco y descubrió la historia que hay detrás de él.

Los jóvenes de Rusia no recuerdan haberlos visto, no así mucha gente mayor que los escuchó en su juventud y que guardan alguno de estos discos. Finalizada la Segunda Guerra Mundial podían escucharse en las emisoras de radio soviéticas a grupos famosos de aquella época que triunfaban en los Estados Unidos, en Europa o en cualquier otra parte del mundo. La gente disfrutaba escuchando esas canciones y ritmos, pero bruscamente llegó la Guerra Fría y se prohibieron de la noche a la mañana. En década de 1950 y 1960, el rock’n’roll, el jazz, el tango, el mambo y cualquier otro estilo musical que proviniera del mundo occidental -incluso muchas de las composiciones rusas- quedaron prohibidas al pensar las autoridades que de algún modo afectaban a la moralidad de los jóvenes. El Estado controlaba a la sociedad y la industria discográfica tampoco se libraba de ello.

Ruslan Bogoslowski, un joven ingeniero de sonido de 19 años, creó un dispositivo relativamente sencillo para piratear estos álbumes prohibidos y distribuirlos por todo el país. Dado que el vinilo escaseaba por aquél entonces, se le ocurrió utilizar placas radiográficas ya usadas y pudo comprobar que su idea funcionaba.

Buscando entre contenedores de basura de los hospitales o pagando al personal sanitario por las placas, conseguía su ansiado material y durante 20 años hizo alrededor de un millón de copias que distribuyó por Rusia. Fue así como The Beatles, los Beach Boys, The Rolling Stones y muchos otros, llegaron a ser conocidos por jóvenes del país deseosos de disfrutar de sus melodías.

Los discos se conocían como «bones ‘n’ ribs» o simplemente «Ribs» por tener imágenes de huesos y se reproducían gramófonos, aunque la calidad no era la que podíamos esperar de un disco. Lo cierto es que su osadía la pagó muy cara al ser descubierto y enviado a una prisión de Siberia durante cinco años. No fue el único joven que se atrevió a grabar de esta forma tan particular esa música prohibida, otros comenzaron a imitarle y más de uno terminó también en la cárcel.

La técnica de grabar en film plástico no era algo nuevo, sino que se remonta a las décadas de los años 20 y 30, lo que era más difícil era encontrar en la Unión Soviética una máquina para hacerlo. Los periodistas occidentales las utilizaban en las grabaciones de sus reportajes, pero no así en la Unión Soviética. Alguien descubrió en la actual San Petersburgo una de estas máquinas y fue allí donde comenzaron a hacerse estos discos, más tarde, otros copiaron la idea y utilizaron versiones invertidas de los gramófonos.

La superficie de las radiografías resultaban muy buenas para grabar al ser el plástico blando y permitir hacer surcos en un lado. Después de los años 60, las radiografías se hicieron de poliéster más duro, haciendo los registros fonográfico más duraderos, pero empeorando la calidad de la grabación.

El negocio de estos discos creció exponencialmente al venderse a precios asequibles, cada uno costaba entre 2 y 5 rublos. Pensemos que el salario promedio alcanzaba los 150 rublos mensuales y adquirir algún disco original (si es que se encontraba) podía costar 60 rublos. De San Petersburgo pasaron a venderse a Moscú y de allí a muchas otras ciudades del país. Eso sí, si te pillaban comprando uno de estos discos quedabas fichado.

Algunos sonaban mejor que otros, pero todos eran únicos. Elaborados artesanalmente, la circunferencia de entre 15 y 30 cm era irregular y el agujero de medio se hacía con la quemadura de un cigarro. Vaya, que no se gastaban mucho dinero en hacerlos.

Las restricciones musicales del Estado desaparecieron con los reproductores de cintas magnéticas de dos cabezas en los años 60 y con la introducción de los casetes, pasando estos curiosos objetos al olvido.

Un video:

Un libro:

 X-Ray Audio: The Strange Story of Soviet Music on the Bone , de Stephen Coates

Para saber más:

x-rayaudio.squarespace.com

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