La mirada de los mil metros

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El rostro de Eugen Stepanovich Kobytev tras vivir cuatro años de guerra (1941-1945)

Ambas imágenes corresponden a la misma persona con tan solo cuatro años de diferencia, se trata del rostro de Eugen Stepanovich Kobytev antes y después de participar en la Segunda Guerra Mundial. En ellas podemos apreciar el cambio físico de su cara y su mirada, tan distinta en la primera imagen, que te mira, mientras que en la segunda parece que mira a través de ti. Conocida en medicina como la mirada de los mil metros (thousand-yard stare) es característica del trastorno de estrés post-traumático.

Antes de alistarse en la guerra trabajó como profesor rural, aunque su verdadera pasión era pintar retratos y plasmar en sus pinturas la vida cotidiana de las personas. En 1936 comenzó a estudiar Arte en Kiev y se graduó con honores cinco años después, sin embargo, su país se vio amenazado por los alemanes y tuvo que alistarse en uno de los regimientos de artillería del Ejército. Participó en la sanguinaria batalla del Dniéper que se libró en la pequeña ciudad de Pripyat, y en septiembre de 1941 fue herido en la pierna, capturado y trasladado al campo de concentración alemán en Khorol, donde solo había un cuartel en el que refugiarse de la inclemencia del tiempo y donde sufrió unas durísimas condiciones de las que 90 000 prisioneros de guerra y civiles murieron. Dos años después pudo escapar y se reunió con el Ejército Rojo participando en diversas operaciones en Ucrania, Moldavia, Polonia y Alemania, en las que fue reconocido con la medalla de Héroe de la Unión Soviética. Finalizada la guerra fue elegido diputado de su Ayuntamiento y falleció en 1973.

El origen del término

Aunque no exclusiva de los soldados que la sufren, esta mirada abatida, inerte, perdida en el horizonte, manifiesta una angustia psicológica grave a consecuencia de una experiencia traumática. La frase se popularizó tras la publicación en la revista Life de la pintura «The 2000 Yard Stare», del artista y corresponsal de la Segunda Guerra Mundial Thomas C. Lea III (1907–2001). El retrato corresponde a un infante de marina sin nombre en la batalla de Peleliu en 1944, y según su autor fue un soldado al que hirieron en su primera campaña, sufrió enfermedades tropicales y no podía conciliar el sueño. Dos tercios de sus compañeros murieron o resultaron heridos y la mañana que hizo la instantánea debía volver a atacar.

  • Nordfrankreich Fecha 21 de junio de 1944

Thomas Callowey Lea III era corresponsal de guerra desde el otoño de 1941 e ilustró lo vivido por los soldados norteamericanos en sus numerosos frentes. Estuvo en África, Asia, Oriente Medio y el Pacífico Occidental, poniendo su propia vida en riesgo para dar a conocer lo sufrido por los combatientes. Pero su trabajo trascendió tras cubrir la invasión a la isla de Peleliu e ilustrar la mirada desencajada de un soldado norteamericano tras el conflicto, clara consecuencia del trastorno de estrés postraumático consecuencia de las atrocidades que vieron y fueron obligados a realizar.

Neurosis de guerra

Se conoce en inglés como «shell shock» y es un término que se acuñó en la Primera Guerra Mundial para describir el trastorno por estrés postraumático debido a las fuertes explosiones o por haber sido testigo de las horribles muertes de sus compañeros en la guerra de trincheras. Entonces los síntomas que manifestaban los soldados a consecuencia de este trastorno se interpretaban como simples heridas físicas, psicológicas o como falta de coraje.

Tras la Segunda Guerra Mundial se reemplazó el término por el de «fatiga de combate» hasta que en el año 1982 se publicó la tercera edición del DSM (Manual de diagnóstico de los trastornos mentales) y por primera vez se reconoció que las secuelas que podían quedar tras la exposición a un suceso traumático podían configurar un trastorno mental que se nombró como trastorno de estrés post-traumático.

Hay que distinguirlo del ataque de pánico, que es una reacción por anticipación a un hecho futuro real o imaginado, mientras que el estrés postraumático es en relación a un hecho ya pasado. Tampoco afecta a todas las personas por igual, ya que la sensibilidad de cada uno de nosotros es distinta y no reaccionamos de la misma manera ante una experiencia traumática.

La persona que lo padece se torna más pasiva, apática, evita la compañía de otras personas y las situaciones que pudieran provocar recuerdos del trauma. En la actualidad diagnosticamos y tratamos mejor este trastorno que, por desgracia, reconocemos con mayor frecuencia.

Os dejo un video que ilustra a la perfección las consecuencias del «shell shock» en soldados de la Primera Guerra Mundial (abstenerse sensibles)

Links imágenes:

twitter.com; clarin.com; guioteca.com; anfrix.com; Ruffneck88

7 comentarios

  1. El més terrible del món per un humà,la maleïda guerra!!!!el video et deixa amb un regust d’amargor del que deurien veure,viure i soportar tots els soldats.Tristor infinita per ells i les repercusions a les seves vides,sempre he pensat que en una guerra et coneixes realment,ja que es el lloc de patiment constant.

    1. Hola Alou,
      pienso que el horror de las guerras es de esas cosas que nunca podemos llegar a imaginarnos hasta que no nos encontramos inmersas en ellas.Es nuestro deber evitarlas siempre, porque en ellas todos perdemos.
      Saludos

  2. Por su importancia, creo que es difícil que publique un artículo más relevante para todo momento que éste. ¿Cómo olvidamos o no queremos recordar a qué nos lleva nuestra forma de vivir? ¿Cómo la humanidad repite estos horrores? Tengo en mi escritorio del portátil un sólo documento, que permanece siempre, no quiero quitarlo. Por ese escritorio pasan todo tipo de libros, documentos pdf, de todas clases y temáticas. El único que he decidido conservar de forma permanente es uno sobre las llamadas antiguamente «Neurosis de guerra», a comienzos del XX. Este artículo me impresiona tanto como este suyo. Con el dramático agravante de que en mi documento sobre la neurosis de guerra se ve cómo los médicos no ven que el neurótico o loco no es el soldado solo, sino todos los que colaboramos para que las guerras existan, entre otros, los médicos que creen que se puede conservar la cordura en medio de toda esta locura.
    Gracias por su artículo, tan bien documentado visualmente como requiere el propio contenido. Excelente.

  3. Hola Jose Luis,
    sin duda, las guerras, todas, las hacen los gobiernos no las personas. Con tiempo, paciencia y voluntad sincera de solucionar los problemas no existirían las guerras. Sin duda, un desastre para la humanidad del que parece que no aprendamos nunca.
    Un saludo y agradecido por tu comentario

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