¿Y qué hago con mi menstruación?

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La menstruación es el sangrado vaginal normal que ocurre como parte del ciclo mensual de la mujer si no se produce un embarazo. Sabemos que es un hecho natural, pero algunas sociedades a lo largo de los tiempos la asociaron con un castigo, además, ¿cómo podía un ser vivo sangrar cada mes sin afectar a su salud?

La respuesta a esta pregunta empezamos a encontrarla a partir del siglo XVIII, desde el momento que comenzamos a plantearnos que entre los hombres y las mujeres existían diferencias apreciables en sus organismos. A partir de entonces la ciencia nos ha dado muchas otras respuestas y es mucho lo que sabemos.

Hoy disponemos de medios para retrasar e incluso hacer desaparecer la menstruación, algo que puede ayudar a controlar los síntomas menstruales (hinchazón y sensibilidad de las mamas, dolores de cabeza…), mejorar los síntomas de endometriosis o anemias, o en el caso de tener una discapacidad física o mental que dificulte el uso de tampones u otros métodos de contención menstrual. El hecho de tener un sangrado menstrual es algo incómodo y es posible que una mujer quiera retrasarla puntualmente ante un examen, una actividad física o … la luna de miel.

Con el paso de los años se ha intentado encontrar algún tipo de solución a este problema colocándose en la vagina algún material que evitara la salida de la sangre: desde las fibras flexibles del papiro en el antiguo Egipto, hasta un trozo de caña envuelto en lino en la antigua Grecia; desde rollos de lana en el Imperio romano, hasta rollos de hierba en el continente africano. Eso sí, la mayoría de las antiguas japonesas no llevaban ningún tipo de protección y sangraban directamente al suelo, cosas de su cultura.

Si comparamos con nuestro tiempo antes del siglo XX las mujeres menstruaban con menor frecuencia a lo largo de su vida al casarse antes y tener más hijos y más pronto que ahora, al amamantarlos en períodos de tiempo más largos y al morir antes, pues la esperanza de vida era menor. Dicho esto, os mostraré la evolución de los distintos métodos que se utilizaban para contener el flujo menstrual en estos últimos cien años.

Inventiva en acción

Las primeras compresas que salieron al mercado se vendieron en 1896 y las fabricaba Johnson & Johnson.

Un paquete de compresas del siglo pasado del Museo de la Menstruación (MUM) en Washington

En los años 20 se puso de moda una especie de bikini que se ajustaba a modo de liguero alrededor de la cintura para sujetar las toallas higiénicas, ajustadas con cintas a la cintura y la entrepierna o con ganchos y alfileres. Como podéis imaginaros este cinturón menstrual no resultaba ser nada cómodo.

Toallas íntimas con cinturón – MUM

Las primeras toallas higiénicas datan también de esa época tras la invención de un sustituto del algodón que había sido utilizado por el ejército norteamericano durante la Primera Guerra Mundial, y durante la siguiente Gran Guerra, las enfermeras se fabricaron sus propias toallas desechables con gasas y algodón quirúrgico. Algunas disponían de una cinta adhesiva que se podía pegar a la ropa interior.

Métodos tradicionales como las esponjas marinas siguen utilizándose hoy en día. Se venden de tamaños distintos, son reutilizables y tienen una duración de entre tres y ocho horas.

Granja de esponjas marinas. Foto: marinecultures.org

La escritora y actriz estadounidense Leona W. Chalmers patentó y distribuyó en 1937 Tass-ette, una de las primeras copas menstruales, sin demasiado éxito por la dureza del caucho vulcanizado utilizado.

Copa menstrual comparada con distintos tipos de tampones vaginales Imagen גביע האלופות

Los tampones modernos

Uno de los primeros modelos de tampones. Museo de la Menstruación en la casa del fundador de la colección Harry Finley en New Carrollton, Maryland el 10 de marzo de 2016 (Foto de Joshua Yospyn / Para The Washington Post)

No penséis que el invento del tampón es algo relativamente reciente, Hipócrates ya describió y fomentó el uso de uno hecho de gasa de hilo enrollado a un trozo de madera ligera. Antes comentaba que ya en el antiguo Egipto se utilizaron hechos con distintos materiales, sin embargo, el tampón moderno se lo debemos al médico, osteópata e inventor estadounidense Dr. Earle Hass, que el 12 de septiembre de 1933 patentó el tampón higiénico con aplicador que llamó ‘aparato catamenial’ y se comercializó con el nombre «Tampax» desde que Gertrude Tenderich, una pequeña empresaria conciudadana de Haas en Denver (Colorado), le compró la patente. En 1936 Ellery Mann compró nuevamente la patente y lanzó una campaña de publicidad por todo Estados Unidos. Tras las reticencias iniciales a la hora de promocionar un producto considerado tabú hasta entonces, se normalizó su uso y cuatro años después ya se vendían tampones en más de 100 países de todo el mundo.

Imagen extraida de la web mum.org , Harry Finley ©

Este tampón consistía en un cilindro de rayón y algodón con un hilo cosido para recuperarlo y resultó todo un éxito en un momento en el que las mujeres debían incorporarse al trabajo por la falta de mano de obra ocasionada por los conflictos bélicos y este primer tampón les permitió mayor libertad de movimiento.

El problema surgió en los años 80 tras relacionar el uso de tampones con el Síndrome de Shock Tóxico, una infección grave y mortal en ocasiones, producida por la bacteria staphylococcus aureus. Estudios posteriores determinaron que este síndrome no solo se asocia al uso de tampones, sino a cualquier producto de higiene femenina que se introduzca en la vagina. También puede ocurrir con infecciones de la piel, quemaduras o tras intervenciones quirúrgicas pudiendo afectar a hombres, niños o mujeres postmenopáusicas al estar presente esta bacteria en la piel hasta un tercio de la población sana. Lo normal es que estas personas portadoras hayan desarrollado inmunidad, así, nunca desarrollarán este síndrome.

En la actualidad la prevalencia de este síndrome es muy baja, inferior a 1/100 000, y para prevenirlo hay que adecuar el flujo de sangre menstrual al tamaño del tampón, siendo el desencadenante del síndrome no tanto el material del tampón, sino que parece depender más de la absorción.

El cinturón sanitario ajustable

Otra mujer, Mary Beatrice Davidson Kenner, inventó un cinturón capaz de eliminar las rozaduras e irritaciones que normalmente causaban otros dispositivos similares y su patente fue aprobada en 1956. Por desgracia para ella ninguna empresa se interesó en su producto al ser afroamericana y seguir muy vivos los prejuicios raciales. Durante treinta años se frenó su patente y nunca se benefició económicamente de su comercialización. Mary Beatrice patentó un portarrollos de papel higiénico y tras padecer su hermana esclerosis múltiple, desarrolló un andador para personas inválidas.

Toalla sanitaria ajustable, invención de Mary Beatrice Kenner Imagen Helen LaRuse

La menstruación no es más que un reflejo de que el eje hipotálamo-hipófiso-ovárico funciona y al suspender el tratamiento anticonceptivo revertimos el ciclo volviendo a recuperar los ciclos menstruales. Si dejamos a un lado el hecho del deseo de gestación el debate de la necesidad de mantener la menstruación sigue abierto en pleno siglo XXI. Para algunas mujeres (cada vez menos) la menstruación es algo necesario que no debe suprimirse, para otras, el sangrado menstrual resulta una fatalidad. Todavía el 60 % de las mujeres no haría nada para dejar de tener la menstruación a pesar de padecer síndromes premenstruales severos, reglas abundantes e irregulares o endometriosis, incluso consideran que es peligroso tomar algún anticonceptivo para no tenerla. Pero se puede vivir sin la regla sin tener consecuencias y con algunos de los nuevos anticonceptivos (diu hormonal, implante subcutáneo, anticoncepción hormonal oral) se puede vivir en edad fértil disminuyendo las reglas (y tener solo cuatro al año) o incluso eliminándolas.

Si queréis saber más cosas curiosas sobre la historia de la menstruación os invito a leer mis otros posts.

Para saber más:

¿DE VERDAD ES NECESARIO SEGUIR TENIENDO LA REGLA, AL MENOS CADA MES? del Prof. José Luis Neyro Bilbao

Museo de la Menstruación y la Salud de la Mujer

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