El «Malleus maleficarum», manual maldito de la Inquisición

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J. Sprenger y H. Institutoris. Malleus maleficarum.

El más famoso libro de brujería de todos los tiempos, el «Malleus maleficarum»: El Martillo de las brujas, fue escrito por inquisidores para inquisidores, pero su contenido trascendió a toda la sociedad vendiéndose más copias que cualquier otro, sin contar la Biblia. Un manual maldito que tuvo un gran impacto en los juicios contra las brujas durante dos siglos y que fue responsable de la muerte en la hoguera de 60 000 de ellas.

La brujería, un problema colectivo

La creencia en la brujería es anterior al cristianismo. En 1184 se funda la Inquisición en el sur de Francia para luchar contra la herejía albigense y en sus orígenes dependía del obispo de cada diócesis para depender directamente del papa en 1231. No fue hasta 1484 cuando el papa Inocencio VIII promulga la bula Summis desiderantes affectibus por la que hace constar de manera oficial la creencia oficial de la Iglesia católica en la brujería, y encargó a dos frailes inquisidores dominicos, Heinrich Kramer y Jacobus Sprenger, escribir un manual que sirviera para juzgar los delitos de brujería y los crímenes de herejía.

Escrito probablemente en 1486 y publicado en 1487, en sus casi doscientas páginas se recopilan todos los conocimientos existentes hasta entonces sobre las hechiceras y aúna el conocimiento de libros como la Suma Teológica de Santo Tomás, el Directorium Inquisitorium de N. Aymerich, el Formicarius de J. Nider y de la misma Biblia. El objetivo final: detectar, capturar, juzgar y aniquilar a las brujas que mantuvieran relaciones sexuales con demonios para engendrar criaturas infernales o que embrujaran a un hombre para que perdiera su miembro viril. Tuvo tanto éxito que se convirtió en un auténtico «bestseller», la obra más vendida de su época, reeditada catorce veces hasta el año 1520, dando lugar a uno de los acontecimientos más terribles de la historia de nuestro continente: la caza de brujas entre 1450 y 1750.

Su contenido

El libro comienza con la afirmación del Papa sobre la existencia real de las brujas y que todo aquél que la negara se consideraría automáticamente un hereje. Esto hizo plantear que la brujería era un problema social general que implicaba a todos, desatándose en el siglo XVI una verdadera obsesión por la caza de brujas al pensar que el demonio y las brujas estaban por todas partes.

Se diferencian tres partes en el libro. En la primera deja claro la premisa papal. En la segunda se explican las distintas formas de brujería y cómo evitarlas. La tercera dedica a la forma de encontrar y destruir a estos seres diabólicos.

El sábado de las brujas, de Francisco de Goya (1821-1823)

El 80 % de los procesados por brujería fueron mujeres y a ellas se refiere el manual. En él dicen que estas hechiceras podían volar y que usaban hierbas alucinógenas para sus oscuros rituales, incidiendo en su verdadera obsesión: los «aquelarres», en los que celebraban el culto al demonio y practicaban el sexo grupal para conseguir «orgasmos colectivos».

Durante estas celebraciones se llevaban a cabo una serie de ritos aberrantes que pretendían ser una inversión de la liturgia cristiana, donde las oraciones comunes eran pronunciadas al revés y donde la consagración se realizaba con una hostia de color negro. Se celebraban durante la noche, en un lugar apartado, siendo la madrugada del uno de mayo, cumpleaños de Satanás, la fecha más deseada.

El Diablo pasaba lista a sus seguidoras y se les acercaba caminando hacia atrás para que besaran su trasero, dando inicio al aquelarre, en el que se celebraba un gran banquete donde no faltaba la carne humana como manjar.

El mismo maligno ofrecía ungüentos alucinógenos en forma de brebajes aplicados por las brujas en la vagina y el ano, con palos o bastones, probable origen de su capacidad voladora con escobas.

En el manual se dedica numerosas páginas a los temas referentes con las relaciones sexuales de las brujas y a su obsesión por el sexo, así como conjuros para arrancar el «miembro viril» a los hombres, incluso ponen ejemplos presuntamente reales. Para contrarrestarlo se explica en el libro la manera de volver a recuperar el pene: reconciliarse con Dios mediante confesión, llegar a un entendimiento con la bruja y arrodillarse frente a la elevación del santo Sacramento.

Así, hasta el siglo XVIII, los inquisidores tenían al Malleus Maleficarum como su libro de bolsillo. Todo valía para luchar contra el Maligno, y si se cometían excesos por parte del inquisidor estos serán perdonados, ya que, el objetivo por encima de todo era salvar a la humanidad.

Para saber más:

Libro «Malleus maleficarum»: El martillo de las brujas

Link imagen:

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