La importancia del cardenal Cisneros en la Historia

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El Cardenal Cisneros dirigiendo la construcción del Hospital de la Caridad. 
Santuario de Nuestra Señora de la Caridad de Illescas (Toledo). Cuadro de Alejandro Ferrant (1892).

Un solo fraile ha hecho en España lo que en Francia hubieron de hacer muchos reyes

Francisco I

Con estas palabras el monarca francés hacía referencia a la magna obra del cardenal Cisneros y eso que solo se refería a la fundación de la Universidad de Alcalá de Henares. La importancia del cardenal Cisneros en la Historia no se limita a esto y a que su apellido diera nombre a un estilo arquitectónico, el estilo «Cisneros», sino a mucho más…

Murió con 81 años en 1517 sin conseguir hacer realidad su último sueño, conocer al futuro monarca Carlos I, pero su dilatada vida está llena de éxitos y sacrificios. Franciscano confesor y consejero de la reina Isabel I de Castilla «la Católic, arzobispo de Toledo, tercer Inquisidor general de Castilla, regente de las Españas a la muerte de los reyes Felipe I de Castilla «el Hermoso» y Fernando II de Aragón «el Católico» y promotor de la impresión de la Biblia Políglota Complutense, un curriculum impresionante con el que escribió una página determinante en la historia de España.

En realidad se llamaba Gonzalo Jiménez de Cisneros cambiándose el nombre por Francisco tras su ingreso en la Orden Franciscana. Nació en el seno de una familia pobre de un pueblo de Castilla. Su carrera eclesiástica comenzó de niño, al lado de su tío clérigo, trasladándose después a Alcalá de Henares en el Estudio Viejo junto al convento de los Franciscanos. De allí marchó a Salamanca para estudiar Teología y Derecho donde destacó y posteriomente se trasladó a Roma para finalizar su carrera. Regresó a España tras la muerte de su padre y es nombrado arcipreste de Uceda, lo que le enfrentó al arzobispo de Toledo, don Alonso Carrillo, que reservaba ese puesto a un familiar, y terminó por encarcelarle durante seis años. Al salir de la cárcel fue trasferido a la diócesis de Sigüenza.

Tras una profunda crisis espiritual decide entrar en la Orden de los Franciscanos donde llevó una dura vida monacal durante siete años, hasta que la reina Isabel lo convierte en su confesor al quedar vacante ese cargo por ser designado fray Hernando de Talavera arzobispo de Granada y por recomendación del nuevo arzobispo de Toledo, el cardenal González de Mendoza. La Reina siempre apreció sus consejos y se convirtió no solo en su confesor espiritual, sino en su consejero y amigo.

Es elegido Provincial de la Orden Franciscana en Castilla y tras el fallecimiento del cardenal González de Mendoza accede al arzobispado de Toledo, cargo que le permitirá reformar las comunidades religiosas y reestablecer (al menos lo intentó) la observancia estricta de la regla franciscana. Sus cargos le convirtieron en uno de los clérigos más ricos de Castilla, aunque nunca dejo de llevar una vida de pobreza, austeridad y espiritualidad. Comía poco y lo imprescindible, y a la hora de dormir no utilizaba la cama de su cuarto, sino que se tumbaba en el suelo, y bajo sus lujosas vestiduras siempre portaba el hábito franciscano. Su templanza y sobriedad le valieron numerosas críticas de la Iglesia, aludiendo que alguien que sostentaba un cargo tan importante debía vivir acorde a la dignidad del mismo.

Sus dos regencias

Tras la muerte de la reina Isabel fueron nombrados reyes de Castilla su hija Juana I de Castilla y su esposo Felipe de Habsburgo, quien murió súbitamente. El rey Fernando II «el Católico» se encontraba en Nápoles y la incapacidad para gobernar de Juana hizo que Cisneros se hiciera cargo de la regencia de Castilla en un momento muy delicado. La peste se cobraba la vida de muchas personas por todo el territorio y la nobleza conspiraba contra el rey Fernando que prefiría antes a un rey extranjero que a un aragonés de la dinastía castellana de los Trastámara. Pero Cisneros supo poner orden y cuando Fernando regresó ordenó recluir a su hija en Tordesillas. En agradecimiento a los servicios prestados durante su ausencia le consiguió el título de cardenal por parte del papa Julio II.

Con Fernando al frente de la corona se anexionó el Reino de Navarra, volvió la estabilidad económica y en su testamento dejó escrito que le sucediera su nieto Carlos ante la incapacidad de su hija Juana. Tras su muerte, Cisneros tuvo que volver a asumir la regencia de Castilla hasta que llegara el príncipe Carlos desde Flandes para ser rey de Aragón y Castilla. Ya contaba con 80 años cumplidos, pero demostró una vez más su valía como gobernante y su fidelidad hacia los monarcas, como cuando frenó un intento de invasión de Navarra desde Francia y cuando abortó los intentos franceses de desestabilizar Sicilia y Nápoles. Tuvo que hacer frente a la sublevación de las ciudades castellanas y a los intentos de los flamencos por intervenir en la política de Castilla. Reorganizó el ejército y se ocupó de los territorios americanos donde envió misioneros para evangelizar el Nuevo Mundo dando instrucciones para proteger a los nativos y convertirlos al cristianismo.

La indiferencia del futuro emperador

Desde que arribó a las costas del Cantábrico, en septiembre de 1517, la realidad percibida por los ojos de Carlos de Austria era la conformada por los criterios, consideraciones y creencias que había asimilado en la Corte de los Países Bajos. El adolescente Carlos tenía complicado ser aceptado por el pueblo al llegar a España y Cisneros trabajó en la sombra para que su llegada fuera lo más feliz posible. Justo es poner de manifiesto el injusto trato que recibió en sus últimos meses de vida por parte del futuro Carlos I, pero en realidad la culpa fue de su consejero y primer chambelán, el noble borgoñón Guillermo de Croÿ, que dilató su encuentro con Cisneros consciente de que le quedaba poco tiempo de vida. Debían conocerse en Valladolid y el cardenal partió ilusionado hacia allí. A medio camino enfermó y tuvo que esperar un encuentro que nunca llegaría por el retraso de la comitiva real.

Guillermo de Croy hizo de interlocutor entre el rey y los nobles castellanos y aragoneses, repartió cargos entre los nobles flamencos que le acompañaban, y sucedió una revuelta de la que sin lugar a dudas Carlos aprendería para el resto de su reinado. Estoy convencido de que echaría de menos los buenos consejos de Cisneros, a quien despreció antes de poder conocerle.

La mayor satisfacción de Cisneros

A partir del antiguo Studium Generale de Alcalá de Henares, donde él mismo estudió, fundó la Universidad Complutense que con el tiempo creció como si de una ciudad se tratara, ampliándose con 18 colegios mayores y menores, bibliotecas, doce iglesias, ocho monasterios, cuatro hospitales y gran número de obras de beneficencia.

Si hubo algo que le llenó de satisfacción en su vida fue la edición de la Sacra Biblia Políglota Complutense, considerada como la obra más representativa del renacimiento español. Impresa entre 1514 y 1517 costó la cifra de 50 000 escudos de oro y participaron en su elaboración muchos ilustres de aquél tiempo. Consta de seis tomos en los que encontramos el Antiguo Testamento, el Nuevo Testamento y la Vulgata, escritos en hebreo, griego, arameo y latín. La Universidad Complutense no la creó tanto para formar eruditos, sino clérigos capaces de entender la Biblia y el instrumento más importante para conseguirlo era la Biblia Políglota.

Pero en su vida también encontramos actuaciones reprochables como cuando adoptó una conducta intransigente y trató con mano dura a los musulmanes granadinos, hecho que provocó la sangrienta guerra de guerrillas en las Alpujarras de Granada, y posteriormente el permiso de los Reyes Católicos para que los mudéjares de Castilla que no se convirtieran tuvieran que emigrar.

Tras su muerte fue enterrado con honores en Alcalá dejándole la mayor parte de su fortuna personal.

Tumba del Cardenal Cisneros, obra de Domenico Fancelli y Bartolomé Ordóñez, en la capilla de San Ildefonso aunque se encuentra vacía, ya que el cardenal se halla enterrado en la Catedral Magistral, en Alcalá de Henares.

Un libro:

El tercer rey: cardenal Cisneros, Novela histórica, Pedro Miguel Lamet, 2017

Para saber más:

La Biblia Políglota Complutense

Link imagen:

Tiberioclaudio99

2 comentarios

  1. Estimado Doctor:
    Gracias por este precioso artículo. Cuanta grandeza la del Cardenal y cuanto poder en unas solas manos. Y Cisneros, creo recordar, forma parte (desgraciadamente) de la historia de la intolerancia a la que se sumó el fraile franciscano vestido de rojo.

    El ejemplo de esa intolerante actitud está en la orden de la quema de decenas de miles de libros (250.000/300.000 libros) en la Plaza de Bibarrambla en Granada el 23/2/1502 por orden de los Reyes Católicos, cuyo confesor cumplió a rajatabla.

    Libros religiosos, sí, pero entre ellos también había poesía, filosofía, literatura, tratados musicales, traducciones de los clásicos… Sin contar los libros heredados de otras bibliotecas de toda la península y otros territorios que habían ido a parar a Granada como reducto de los “enemigos de la fe” que hoy serían únicos en el mundo. Arrebató también para su Universidad la lámpara de la mezquita de la Alhambra o el bastón de mando de Boabdil, entre otros botínes de guerra confiscados y sólo salvó 30 libros de medicina, una miseria en comparación con todo lo quemado.

    ¿Pudo la imposición del cardenal inflexible Cisneros frente al comprensivo Fray Hernando de Talavera como confesor de Isabel de Castilla ser el desencadenante de esa persecución a fuego de la memoria?…

    No sé si será respuesta a su quema la descripción literaria “Allí donde se queman libros se acaban quemando personas” de Heinrich Heine extraida de su obra Almanzor de 1821 y que hoy adorna una plaza alemana en Bebelplatz en Berlín. Esa alusión directa también sufrió la quema por sus propios compatriotas de sus libros junto a todo lo que hiciera pensar a los alemanes frente al fundamentalismo nazi.… Y está visto que los seres humanos no aprendemos. Que lástima.
    Muchas gracias, un saludo.

    1. Hola Juan Carlos,
      magnífico comentario que ilustra otros «hechos» del Cardenal Cisneros. Fue en la plaza de Bib-Rambla, apodada Puerta del Arenal, en el corazón de Granada y principal punto de acceso a la Ciudad y la descripción más antigua que se tiene de este suceso se atribuye a su íntimo amigo (y notario) Juan de Vallejo, descubiertas en 1913. Lo único que me queda la duda es la cifra que aportas y que quizá sea excesiva, al estimarse que ardieron al menos 4000 escritos, pero no hay lugar a duda de la importancia de estos esritos, conservándose solo los referidos a medicina y que fueron trasladados a la Universidad de Alcalá de Henares.
      Por otra parte, también coincido contigo en el hecho de que si Talavera hubiera sido el arzobispo de Granada después del destierro de los judíos en 1492, probablemente los sucesos hubieran sido otros al ser un hombre mucho más tolerante.
      Un saludo y repito, muchísimas gracias por tu comentario que enriquece el artículo.

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