… y va el «listillo» e inventa el reloj con alarma

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Dicen que ir temprano a la cama y levantarse pronto, hace a un hombre rico, sabio y saludable, pero no me negaréis que, cuando se está durmiendo plácidamente y te despierta ese maldito invento llamado despertador, te acuerdas de toda la familia del que lo inventó, y muchos serían los que preferirían seguir siendo pobres, tontos y enfermos. Por cierto, ¿sabéis quiénes fueron esos malditos genios?

Einstein lo tenía claro cuando hablaba de la relatividad del tiempo al decir que «Cuando cortejas a una bella muchacha una hora parece un segundo, pero cuando te sientas sobre carbón al rojo vivo un segundo parecerá una hora. Eso es la relatividad». Y es que en las distintas sociedades se mira el tiempo con ojos muy diferentes. Así, tiempo atrás, y puede que también más de uno hoy en día, los intervalos de tiempo en Madagascar se medían en función de la «fritura de una langosta», la duración de un terremoto en Chile durante la Edad Moderna se medía en «credos», y los hay que consideran a la prisa una falta de decoro y cuando quedan con alguien dicen… «nos encontramos en la plaza», eso sí, puede que sea hoy o tal vez mañana.

Ya desde la Antigüedad se buscó medir el tiempo por un motivo u otro. Los primeros relojes fueron los solares utilizados por los egipcios, que dividían el día en 12 horas y en 12 horas más para la noche, de esta forma se marcaban las horas a los sacerdotes «vigilantes de las estrellas». Los griegos en el siglo V a. C. sabían que si clavabas una estaca en el suelo, cada 24 horas proyecta su sombra en el mismo lugar, así, dividieron el día en 12 partes, algo que ya hacían los babilónicos.

Ahora había que inventar un sistema que delimitara las fracciones de tiempo y apareció la clepsidra, que medía lo que tarda una cantidad de agua en pasar de un recipiente a otro de iguales dimensiones. Se tiene constancia de ella por el año 1400 a. C. y su aplicación práctica se extendió para medir desde el tiempo disponible para cada cliente en los lupanares atenienses, como para calcular el tiempo de los discursos en juicios o asuntos oficiales. Incluso el médico Herófilo de Calcedonia los utilizó para medir el pulso de sus pacientes.

La clepsidra fue la predecesora del reloj de arena en la Europa medieval. No se conoce a ciencia cierta su origen, aunque pudo haber sido introducido en el siglo VIII por un monje en la catedral de Chartres, Francia. La evidencia más antigua que encontramos del reloj de arena es la que os muestro en esta imagen y se usó para establecer la duración de las misas.

Templanza lleva un reloj de arena; Alegoría del Buen Gobierno, detalle de Lorenzetti, 1338

Dejando a un lado los tradicionales gallos y su inconfundible quiquiriquí, mencionaré los campanarios de las iglesias que marcaban el día a día de los artesanos y los comerciantes. El primer reloj de torre instalado en España fue para el antiguo campanario de la catedral de Valencia por el maestro relojero venido de Alemania, Juan Alemany, en 1378, con las condiciones impuestas por el obispo y el cabildo de la Catedral que «se obligaba a construirlo con una esfera grande, en la que figurasen las 24 horas del día y con una campana que se hiciese oír en toda la contornada»; para despertar a los trabajadores de los talleres industriales ingleses aparecieron mujeres y hombres conocidos como Knocker-Uppers que recorrían las calles con largos palos o cerbatanas con las que disparaban piedrecitas en las ventanas de los somnolientos vecinos; y los primeros relojes de bolsillo aparecieron en Núremberg a mediados del siglo XV.

Debemos al relojero Levi Hutchins de Nuevo Hampshire el despertador tal como lo conocemos en la actualidad. Este se ocupaba de despertar a los ciudadanos de su localidad, pero… ¿quién lo despertaba a él? En 1787 se le ocurrió colocar una palanca en el número cuatro, así, cuando la manecilla marcase esa hora, sonaba una campanilla. Nunca patentó su invento y murió a los 94 años sin haber recibido un centavo por él.

Y del reloj con alarma, ¿qué?

No, no me olvido de él. Dicen, por otra parte sin fundamento alguno que lo sustente, que Platón en el siglo IV a. C. para asegurarse que sus alumnos no llegaran tarde a sus charlas en la Academia en los jardines de Academo en Atenas, adaptó una clepsidra añadiéndole una segunda vasija en un nivel inferior herméticamente sellada y comunicadas a través de un tubo. En el interior de la primera insertó un sifón que, al legar el momento previsto, hacía salir el agua con la fuerza necesaria para que al llenar la segunda, el aire desplazado escapaba por un orificio situado en la parte superior produciendo un ruido similar al del vapor de agua en las teteras.

Réplica de la clepsidra de Platón del taller Tempore Capto

Hacia el año 250 a. C. los griegos idearon un pájaro mecánico que sonaba cuando la marea subía de nivel, y podéis ver otra versión más posterior de estos protorelojes con alarma en el dibujo de abajo. En este caso se colocaban unas bolas metálicas que caían en un tercer recipiente metálico ocasionando un buen alboroto.

Así pues, podéis ver que una vez más los «listillos» de la clase fueron los griegos. Y si no queréis que os despierte un molesto despertador con alarma, siempre podéis contratar a alguien que lo haga desde la calle, aunque no sé que es peor…

Knocker-Uppers despertando a un respetable vecino

Links imágenes:

Historiasdelahistoria.com; Facebook.com

8 comentarios

    1. FJT te olvidas de un sistema de lo más efectivo: el que emite una pequeña descarga eléctrica que te despierta sí o sí aunque no debe ser muy agradable, creo que hay un hindú que lo inventó ya en 1931, anda compruébalo tú, porfa!

      1. Hola Astolgus,
        quita, quita, aunque pueden haber métodos incluso peores como el de no poder dormir en toda la noche. Desgraciadamente esta noche pasada lo experimenté por los ruidos y juergas que se montaron algunos en el centro de Barcelona.
        Saludos ;-(

  1. I’m retired, so my alarm clock is the very efficient Andy the Persian kitty’s stomach! If I sleep too long, he pat-pat-pat’s my arm, head, or whatever else he can reach. That noted, there is an alarm clock from hell where at the designated time, a little flying object shoots off the top of the clock and a loud, obnoxious noise commences. The alarmed sleeper then has to get out of bed, locate the flying object, and replace it on the clock before the loud, obnoxious noise can be ended. I think the first time I experienced this, I’d destroy the clock with brutal force and roll back over to sleep.

    1. Hello Doug,
      legend has it that when you can’t sleep at night it’s because you’re awake in someone else’s dreams, which says nothing about why it’s so hard for us to wake up. Hahaha!
      A hug

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