Eduardo VII «El rey playboy»

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Es bien conocido que muchos monarcas a lo largo de la historia se daban a las relaciones extramatrimoniales, pero algunos fueron más allá como en el caso del Príncipe de Gales Alberto Eduardo «Bertie», futuro rey Eduardo VII del Reino Unido, que se hizo construir una silla para facilitarle sus encuentros amorosos. El pueblo sabía de sus affaires y por eso le dieron el sobrenombre de «El rey playboy».

El burdel más famoso de París

Antes de suceder en el trono a su madre, la reina Victoria, entre los años 1880 y 1890 frecuentaba Le Chabanais, el burdel más famoso de París. Fundado en 1878 por la supuestamente irlandesa Madame Kelly, quién estaba estrechamente familiarizada con varios miembros del Jockey Club de París, se encontraba cerca del Louvre, en el 12 rue Chabanais. Era un prostíbulo de lujo frecuentado por personalidades como Humphrey Bogart, Cary Grant, Toulouse-Lautrec y nuestro futuro rey Eduardo VII, hasta que se prohibieron en Francia en 1946.

Su vestíbulo de entrada se diseñó como una cueva de piedra desnuda y los dormitorios tenían su propio estilo: Luis XVI, hindú, morisco…, de hecho, la habitación japonesa ganó un premio de diseño en la Exposición Universal de París de 1900. Eduardo VII tenía una habitación reservada siempre para él con su escudo de armas sobre la cama; una bañera de cobre con forma de mujer medio cisne, que llenaba con champán -por cierto, tras el cierre del burdel Salvador Dalí la adquirió por 112 000 francos-; y un silla muy, muy especial.

«La silla del amor»

Desde su boda en la capilla de St. George en el Castillo de Windsor con Alejandra de Dinamarca en 1863, Eduardo VII la engañó con no menos de 55 mujeres, algunas conocidas, como lady Randolph Churchill, madre de Winston, la condesa Daisy Greville, la sufragista Lillie Langtry, la cantante Hortense Schneider, la prostituta Giulia Barucci y la filántropa Alice Keppel.

La obesidad que presentaba Eduardo VII dificultaba sus relaciones sexuales y para facilitárselas ordenó al ebanista del Faubourg Saint-Antoine, Louis Soubrier, la construcción de una silla especialmente diseñada para sus lujuriosos encuentros en el famoso prostíbulo. Esta permitía desatar sus deseos sin cansarse, incluso yacer con dos mujeres a la vez.

Hoy, la famosa silla es propiedad del bisnieto de Soubrier y se hicieron réplicas que fueron subastándose como la que se expone en el Museo del Sexo en Praga.

La reina Victoria le tenía como frívolo e irresponsable, pero tras su muerte en 1901 le sucedió en el trono. Reinó solo nueve años en una época complicada que desembocó en el inicio de la Primera Guerra Mundial, pero Eduardo VII se ganó el reconocimiento del pueblo inglés a pesar de sus debilidades carnales. Siempre intentó ser discreto, aunque, claro está, no lo consiguió. Por cierto, tuvo seis hijos legítimos con su mujer y nunca reconoció a sus otros hijos ilegítimos.

Link imagen:

Museo del Sexo en Praga

4 comentarios

  1. Me encanta. Estos monarcas siempre con sus costumbres lujuriosas… Hoy tenemos a Andrew, ¡pobres madres! Siempre interesante, Francisco Javier. Un abrazo desde mi Boriken.

    1. Hola Melbag,
      aunque si lo pensamos estas costumbres están en nuestro alrededor, en la sociedad, en cualquier estrato social, aunque es en estos personajes públicos que se amplifican sus actos 😉
      Abrazos

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