Un aire, pero que muy fresco

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Imagen de Ryan McGuire

Después de inaugurar el Madison Square en Nueva York, durante el verano de 1880, la audiencia que llenaba el pabellón alivió la sensación de calor gracias al ventilador que soplaba aire sobre hielo… ¡unas cuatro toneladas al día! Tiempo después, las primeras salas de cine de los años 20, el público que miraba asombrado esos primeros films se maravillaba también con otra nueva invención: el aire acondicionado.

El aire acondicionado de la Antigüedad

Calor siempre ha hecho y en algunos sitios más que en otros. En el antiguo Egipto intentaban sobrellevar el rigor de la canícula colocando en las ventanas unas esferas de juncos o palma empapadas en agua sobre las que goteaba agua que caía de un recipiente agujereado colocado encima. Al caer el sol se evaporaba el agua refrescando el interior de las casas.

En zonas de Irán encontramos torres de viento. Estas eran estructuras altas, como chimeneas que sobresalen de los tejados de los edificios, hechos con paredes gruesas de adobe. Aunque podían tener distintas formas, la mayoría eran rectangulares, con entradas en cada uno de los lados para atrapar el viento fresco en lo alto de la torre. Este se dirige hacia abajo a través de ranuras verticales estrechas, y empuja por gradientes de presión el aire caliente del interior de los edificios hacia arriba y afuera a través de otra abertura dispuesta en el lado opuesto.

Santuario Shah Nematollah Vali, Mahan, Irán

El qanat surgió hacia el 1000 a. C., probablemente en la antigua Persia y son túneles subterráneos que llevan el agua del subsuelo de las montañas a los pueblos, excavándose pozos a cierta distancia entre sí que permiten tener acceso al agua y garantizar la ventilación. También de Persia encontramos el Yackhchal, una especie de nevera gigante construida de adobe en forma de cúpula con gruesas paredes y una altura de más de diez metros. La cúpula se construía sobre una fosa en la que se ha excavado un pozo, donde se coloca el hielo forrado para aislarlo con un mortero hecho de arena, arcilla, limón, claras de huevo, pelo de cabra y ceniza. Construcciones similares se han encontrado en Egipto, China, India y otros pueblos.

Yakhchal en Yazd, Irán

Pozos de nieve, un negocio rentable

Mucho antes de los tiempos de la antigua Roma se usó el hielo y la nieve para combatir el calor. Las familias romanas adineradas tenían un pozo de nieve en los patios traseros de sus casas, algunas cubiertas por serrín y con desagües que ayudaban a refrigerar la casa. Se cuenta, sin ningún fundamento, que el excéntrico emperador Heliogábalo dispuso en el jardín de su palacio durante el verano una montaña de nieve que era traída por burros y esclavos de zonas de alta montaña.

Durante la Pequeña Edad de Hielo acontecida desde el siglo XIV hasta mediados del XIX, abundaron las nevadas y se construyeron miles de pozos de nieve en zonas de alta montaña. El hielo servía no solo para conservar alimentos frescos, sino que se usó para disminuir la hinchazón, calmar el dolor y tratar la fiebre. Bajar el hielo de las montañas se convirtió en un lucrativo negocio, aunque también complejo. Surgió la figura del «nevero u obligado de la nieve» que contaba con un numeroso grupo de personas trabajando para él, eso sí, en durísimas condiciones pasando frío y cobrando muy poco, debiendo mantener limpios los pozos y llenarlos con la nieve compactándola en hielo. La cuadrilla de trabajadores se especializaba en una tarea en concreta: desde los paleros, que echaban la nieve al pozo con palas, hasta los pisoneros, que debían esparcer paja cada medio metro de hielo, para separar las distintas capas de hielo. Llegada la primavera se destapaban los pozos y se extraía el hielo en bloques, que transportaban envuelta en paja picada y en mantas, mozos y peones cargándola sobre los mulos hasta la villa.

Lo cierto es que estos empresarios también corrían sus riesgos al tener que adelantar el dinero de su propio bolsillo a los concejos de los pueblos y ciudades, propietarios de la nieve, y cuanto más lejos se encontraba el hielo, más se derretía y más cara la vendían. Allí se almacenaba en lonjas de hielo y se distribuía a pie de calle.

Durante siglos el negocio de la nieve proporcionó suculentos ingresos y algunos países llegaron a gravar impuestos a la misma.

El aire acondicionado de nuestros tiempos

Si echamos la vista atrás en el tiempo descubrimos que Jerónimo de Ayanz y Beaumont, un navarro del siglo XVI, desarrolló una máquina de vapor para extraer el agua contaminada de las galerías de las minas y reutilizó las tuberías para llevar nieve a su interior reduciendo la temperatura, un aire acondicionado primitivo. En cierto modo se adelantó a la Revolución Industrial, pero cayó en el injusto olvido de la Historia ya sea por considerarle más un gran militar que inventor, por envidia o por rechazo de los nobles de la época.

Con el paso del tiempo se idearon distintos mecanismos para proporcionar aire más o menos frío como los ábanos (punkahs, palabra tomada de la india por los ingleses).

Punkahs
Mecedora-ventilador. Su mecanismo era muy simple y con los pies se accionaba el mecanismo que había en al parte superior esparciendo el aire. Benjamín Franklin dispuso de una.
Foto: Archivos Nacionales de Estados Unidos. (Flickr)

A finales del siglo XIX, Nikola Tesla desarrolló los motores de corriente alterna haciendo posible el desarrollo de los ventiladores. A principios del siglo XX las altas temperaturas y la humedad dificultaban las impresiones en color en la imprenta Sackett & Wilhelms Lithographing & Publishing Company, y en 1902 la Buffalo Forge Company de Nueva York encargó la tarea de solucionar el problema a un ingeniero de tan solo 25 años, Willis H. Carrier, que ese mismo año registró la patente U. S. nº 808.897 correspondiente al «aparato para tratar aire». Sin saberlo había inventado el aire acondicionado que se popularizó en todo mundo tiempo después. Hoy, muchos hogares disponen de este preciado aparato, y para quien no lo tenga siempre quedará el abanico, ¡gran invento también!

Links imágenes:

Diego Dielson; vallisoletvm; Pastaitaken

4 comentarios

  1. ¡Muy interesante y preciosas las construcciones! Desde luego, ¡qué suerte la nuestra tener aire acondicionado presionando un botón!

    1. Hola Silvia,
      pienso como tú. No somos conscientes de las comodidades que disponemos en la actualidad hasta que nos faltan. Es como la salud, que no la valoramos hasta que llega la enfermedad.
      Un saludo

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