Entre terremotos, columnas y plomo en el Real Alcázar de Sevilla

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Patio de las Doncellas. Imagen Flickr.com

Dice la canción de Los del Río que «Sevilla tiene un color especial», por cierto, la letra no es de ellos sino de César Cadaval, de Los Morancos. Todo aquél que se acerque a la ciudad hispalense en primavera puede comprobar que así es: el perfume de azahar invade cada calle y rincón, los naranjos crecen como herencia de los árabes que vivieron en Al-Ándalus, su increíble patrimonio histórico, su música, su arte, su gente, su gastronomía, su rebujito, en fin, qué más os podría contar para que os animéis a ir. Recientemente volví a ella y descubrí por casualidad una curiosidad en uno de esos lugares que son visita obligada, el Real Alcázar de Sevilla, concretamente en el Patio de las Doncellas.

Real Alcázar de Sevilla 

Junto a la catedral y en pleno centro histórico de la ciudad se construyó un palacio en la Alta Edad Media, cuando la antigua Hispalis romana pasó a denominarse Ixbilia en tiempos del Califa de Córdoba Abderrhamán III an-Násir, que ordenó construir la Dar al-Imara, un nuevo recinto de gobierno en la ciudad que desplazó el que se encontraba cerca del puerto de la ciudad. Posteriormente, se añadió el Alcázar Nuevo de los abbadíes, que gobernaron Sevilla durante el siglo X, convirtiendo el lugar en centro de la vida oficial y literaria. Más tarde, almohades en el siglo XII ampliaron el lugar, y tras la conquista castellana a mediados del siglo XIII se convirtió en sede de la Corona y del poder municipal, construyéndose el Palacio Gótico por Alfonso X y el Palacio Mudéjar de Pedro I, a mediados del siglo XIV, así hasta nuestros días, que sigue siendo la residencia de los miembros de la familiar real española cuando acuden a Sevilla, convirtiéndose en el palacio real más antiguo de Europa.

A partir del siglo XV el Alcázar sevillano sufre continuas transformaciones para acomodar a los regios inquilinos que allí se hospedaban o para ser protagonista de importantes acontecimientos de nuestra Historia, como cuando se celebró la boda entre el rey Carlos I de España con su prima Isabel de Portugal.

Es de entonces la reforma del piso superior del Patio de las Doncellas, en estilo renacentista, renovándose sus yeserías y modificando los arcos de la galería inferior. Se construyeron los artesonados que hoy apreciamos en estilo mudéjar y en los siglos sucesivos los salones interiores se cubrieron con tapices flamencos, muebles y pinturas excepcionales que, junto a los jardines, hacen de este lugar uno de los espacios más bellos de nuestro patrimonio arquitectónico.

Patio de las Doncellas

El rey don Pedro I, conocido como «El Cruel», por sus enemigos, o «El Justiciero» por sus amigos, construyó su palacio a mediados del siglo XIV dentro las murallas del Alcázar un siglo después de la reconquista de la ciudad por el monarca Fernando III, donde residió con su familia junto a guerreros y su corte. Siendo Sevilla todavía reino islámico, el rey nazarita Muhammad V envió artesanos granadinos a la ciudad y contrató a profesionales y artesanos de Toledo y de la misma Sevilla. Sin duda, es uno de los edificios más representativos de la arquitectura mudéjar, desarrollado en los reinos cristianos de la península ibérica y que incorporaba influencias, elementos y materiales de estilo hispano-musulmán. Una muestra de ello son los azulejos blancos y azules del patio.

En el Patio de las Doncellas, centro del espacio público del palacio, se combinan armónicamente los conceptos de un palacio castellano y de la estética islámica. Rectangular, con unas medidas de 21 x 15 metros, originalmente se cubrió con una solería de mármol y está rodeado por cuatro galerías y 24 arcos decorados con relieves en yeso. La parte inferior presenta un zócalo de cerámica alicatada con abundante epigrafía árabe y una galería de arcos apuntados y rematado por picos al modo almohade, con el típico paño de sebka con yeserías caladas tomadas de la Alhambra. En la planta baja encontramos estancias para los invitados y en la planta superior las habitaciones privadas al estilo renacentista.

Entre tantas maravillas de este patio quería mostraros una curiosidad que me llamó la atención. Puede que no sea algo espectacular, ni bello, ni que tenga la importancia histórica de otras estancias, pero qué queréis que os diga, fue una de esas cosas que me dejaron pensando…

¿Un antiguo sistema antiterremoto?

Si hablamos de terremotos, la imposibilidad de predecirlos y de controlarlos provoca un cierto desasosiego entre la población, especialmente en los lugares donde hay más actividad sísmica. En Japón ya se han acostumbrado a ellos y cuando hablamos de construcciones para prevenir los efectos de un seísmo los japoneses son los maestros y consiguen que el edificio se balancee pero no se derrumbe, al utilizar estructuras flexibles, que admiten cierto grado de deformación, permitiendo que incluso se desplacen ligeramente.

En el sur de España, Andalucía es una tierra de importante actividad sísmica, aunque la mayoría pasa inadvertida aún se recuerda el que asoló el 5 de abril de 1504 la ciudad de Carmona, en Sevilla, y el seísmo ocurrido por el terremoto de Lisboa, que tuvo lugar el 1 de noviembre de 1755, con una magnitud de 9 en la escala de Richter con su epicentro estuvo situado en el Océano Atlántico, que provocó un tsumani que afectó gravemente a la costa del golfo de Cádiz.

Construcciones históricas emblemáticas como la Alhambra de Granada y el Real Alcázar de Sevilla, entre muchas otras, han estado y siguen estando expuestos a los seísmos que continuamente se producen. Concretamente, la Alhambra se encuentra en el Cerro de la Sabika, con una formación geológica muy especial, tanto que los romanos explotaron una mina a cielo abierto cerca y podían encontrarse bateadores de oro en el río Darro, que pasa por el pie de dicha colina. Para fortuna de todos, en el caso de la Alhambra es el propio suelo donde fue construida que la protege de terremotos, junto con la respuesta homogénea del conjunto estructural ante las ondas sísmicas, que es relativamente homogénea, y en todos estos siglos no ha sufrido grandes desperfectos con ninguno de los sismos ocurridos desde su construcción en el siglo XIII.

Podríamos pensar que la idea de construir un edificio de forma que evite los efectos de un seísmo surgió con la Sismología Moderna, pero encontramos citas de muchos siglos atrás que muestran esta preocupación e intentan aplicar su ingenio para evitar el desastre tras un seísmo. Pues bien, la curiosidad a la que me refería al principio la encontramos en las columnas de mármol construidas en el siglo XVI de la planta baja del Patio de las Doncellas en el Real Alcázar de Sevilla, también en las columnas en el Patio del Palacio de Carlos V y del Patio de los Leones de la Alhambra, en las que los ingeniosos constructores añadieron unas «galletas» de plomo entre basa y fuste o entre fuste y capitel que en teoría evitan las ondas sísmicas, o al menos eso dicen los más instruidos guías turísticas.

Ciertamente, en la actualidad para proteger de los seísmos a las estructuras se utilizan apoyos elastoméricos con núcleos de plomo, por su elasticidad molecular. Según Alfonso Herrera, ingeniero de Caminos, geólogo y antropólogo formado en la Universidad de Granada, el plomo absorbe cierta energía procedente del sismo, pero es inelástico, por tanto, cuando se deforma no vuelve a su forma original. Ante sismos se busca un comportamiento elástico, no plástico, y lo cierto es que los antiguos constructores ponían estas «galletas» de plomo para obtener un mejor apoyo en la estructura y asentar las columnas manteniendo su verticalidad, y no tanto como elemento antiterremotos, porque sin material elástico que envuelva al plomo y que recupere su forma original tras su deformación, estos apoyos plúmbicos no son efectivos. En estas imágenes podréis apreciar mejor lo que os acabo de explicar…

Para saber más:

Real Alcázar de Sevilla

Apuntes del Alcázar de Sevilla

4 comentarios

  1. Otra lección de historia, FJT, esta vez dentro de mi campo profesional (en parte) y debo reconocer que todo el contenido supera cualquier crítica que algún técnico en la materia pudiera realizar. Perfecto, muchas de las cosas que nos cuentas hoy no las sabía y me maravillo por ello, pues a mi edad uno se cree que lo sabe casi todo y como dice Serrat, aquellas pequeñas cosas, que uno se cree que las mató mel tiempo y la ausencia, siguen allí y ahí.
    Me hizo gracia y no recordaba la segunda adjetivación … «El rey don Pedro I, conocido como «El Cruel», por sus enemigos, o «El Justiciero» por sus amigos». Ya ves, ya no existen las vallas en las obras con huecos para disfrute de los jubilados y …
    Un abrazo, FJT, me encanta leerte

    1. Hola Enrique,
      hay que decir que en patrimonio histórico no hay quien nos gane. ¡Cuántas maravillas tenemos!
      En cuanto a lo del rey…sí, ¡ja, ja, ja! para unos buenos y para otros malos. Todo es relativo en esta vida.
      Un abrazo

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