«Las mujeres y los niños primero» o ¿quizá no?

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Naufragio del Birkenhead, de Tomas M Hemy

En realidad no existe ninguna normativa náutica que establezca que los niños y las mujeres deben ser los primeros en abandonar un barco en un naufragio, pero para el capitán sí. Algunos pueden pensar que en nuestros días salvar primero a las mujeres (dejaremos a los niños aparte) puede ser una forma de subrayar las diferencias de los sexos, y es que la realidad nos demuestra que el comportamiento humano ante una situación de vida o muerte es el de «sálvese quien pueda».

Todos recordamos el naufragio del Titanic en el que fallecieron unas 1500 personas (las cifras varían según las fuentes que consultemos), el 75 % de los miembros de la tripulación y el 75 % de los pasajeros de la tercera clase, pero en este desastre las mujeres sobrevivieron en mucha mayor proporción que los hombres, algo que resulta una excepción cuando se estudian otros naufragios.

El concepto de «Las mujeres y los niños primero» apareció publicado por primera vez en 1860 en la novela Harrington: A Story of True Love del autor estadounidense William Douglas O’Connor, pero los expertos apuntan que el suceso donde apareció la idea de esta máxima es del 26 de febrero de 1852, fecha del naufragio del barco militar HMS Birkenhead en Sudáfrica.

El naufragio

HMS Birkenhead

El HMS Birkenhead era un barco de vapor de 64 metros de eslora con casco de hierro diseñado como fragata y adaptado para transportar tropas. Contaba con dos máquinas de vapor que movían dos ruedas de paletas situadas una a cada lado. Botado en 1845, navegó por las costas británicas y en cierta ocasión participó en el rescate de un navío encallado. Su última aventura se inició en el invierno de 1852:

Zarpó de Portsmouth para trasladar a África del Sur soldados (fusileros, casacas verdes, lanceros…) que reforzaran a las tropas coloniales que luchaban contra el grupo étnico sudafricano de los xhosa. El capitán del barco era el experimentado marino Robert Salmond y muchos de los oficiales viajaban con sus familias al prever que la estancia sería larga. En total iban a bordo 643 personas aproximadamente.

Tras una pausa para aprovisionarse cerca de Ciudad del Cabo reemprendieron su marcha hacia su destino final, Bahía de Algoa, al este del Cabo de Buena Esperanza. El capitán recibió la orden de apresurarse y las condiciones climatológicas ayudaron en su propósito, sin embargo, a pesar de tener un mar en calma, el barco chocó con un arrecife que no era visible, mientras rodeaba el Cabo, frente a Danger Point. Tras unas primeras maniobras el buque se desestabilizó y terminó partiéndose…

Cientos de soldados murieron ahogados en sus literas sin tiempo para reaccionar. La parte delantera quedó semisumergida en pocos minutos y el capitán ordenó que 60 hombres abombaran el agua, otros que soltaran los botes salvavidas y el resto que se reunieran en la cubierta de popa para hacer contrapeso e intentar elevar la proa.

El esfuerzo resultó inútil y solo pudieron bajarse tres barcas. El capitán pensó que una vez en el agua los soldados intentarían subir a los botes con el riesgo de volcarlos y ordenó a la tropa que permaneciera alineada y firme en todo momento. Todos, excepto tres soldados, se mantuvieron agrupados, en silencio. Solo se escuchaba al capitán dando la orden que todas las mujeres y los niños se salvaran primero.

Transcurridos 25 minutos del impacto el HMS Birkenhead se hundió con los soldados en cubierta para dar tiempo a que las lanchas se alejaran lo suficiente. Mientras se sumergía en el fondo del mar, unos 50 hombres consiguieron agarrarse a uno de los mástiles y otros trataron de sujetarse a alguno de los restos que flotaban en el agua. El resto murió ahogado o devorado por los tiburones.

Al día siguiente llegó la goleta Lioness al lugar del naufragio y encontró a 193 personas con vida, entre ellos a todas las mujeres (siete) y niños (trece) que iban en el barco. Todos los oficiales navales, incluyendo al capitán, murieron en el naufragio.

El orden y la regularidad que prevaleció a bordo, desde el momento en que el barco chocó hasta que desapareció por completo, superó con creces todo lo que yo había pensado que podría lograrse con la mejor disciplina… Todos hicieron lo que se les indicó y no hubo ni un murmullo. o llorar entre ellos hasta que el barco hizo su última zambullida – todos recibieron sus órdenes y las llevaron a cabo como si estuvieran embarcando en lugar de ir al fondo

Capitán Edward Wright, 91.º Regimiento (montañeses de Argyllshire), 1852
‘El hundimiento del «Birkenhead», Fotocromolitografía de la pintura de Lance Calkin, 1899. Museo del Ejército Nacional

Tiempo después los supervivientes coincidieron en relatar lo sucedido: las órdenes del capitán y la ejemplar actitud y valentía demostrada por los soldados para cumplirlas. Un ejemplo para el mundo entero que el rey Federico Guillermo de Prusia hizo que se leyera la historia a todos los regimientos de su ejército como ejemplo de disciplina, coraje y abnegación, un suceso que hizo plantearse que en situaciones de vida o muerte «Las mujeres y los niños primero».

En la actualidad podemos ver una placa conmemorativa del ‘Birkenhead’ en el faro de Danger Point.

Información basada en historic-uk.com

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